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03jul12


Sinopsis de la audiencia del 03jul12 en el juicio "Ejército" Bahía Blanca


Audiencia del martes 3 de julio de 2012

La audiencia contó con la presencia de los jueces del Tribunal Oral en lo Criminal Federal de Bahía Blanca Jorge Ferro (de la Cámara Federal de Apelaciones de Mar del Plata); José Mario Triputti (del Tribunal Oral Federal de La Pampa), Martín Bava (juez federal de Azul) y el juez sustituto Oscar Hergott (del Tribunal Oral Federal Nº5 de Capital Federal).

Además, participaron los fiscales Abel Córdoba y Horacio Azzolin; Diego Czerniecki por la querella de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, sobrevivientes y familiares y la abogada Mónica Fernández Avello por la Subsecretaría de Derechos Humanos de la Nación. Por la defensa pública los doctores Alejandro Castelli, Leonardo Brond y Gustavo Rodríguez y los particulares Mauricio Gutiérrez, Luis De Mira y Eduardo San Emeterio.

Abogado defensor particular Eduardo San Emeterio: Asumo la representación del dr. Tejada.

Juez Jorge Ferro: Muy bien, se tiene presente. Señor fiscal puede continuar con el uso de la palabra.

Fiscal Horacio Azzolin: Vamos a continuar con el orden y disposición de los casos, vamos a tratar ahora el de Estrella Marina Menna de Turata. Según quedó acreditado en el debate, ella fue secuestrada el 20 de julio de 1976 a las 17 horas en un operativo realizado por personal del Ejército que requisó su vivienda. La introdujeron en la parte delantera de un vehículo que continuó en un convoy donde iban secuestrando a más personas. Cada vez que paraban en algún domicilio era mantenida en el interior de un vehículo apuntada con armas. Había varios oficiales y un total de catorce conscriptos en el operativo. Se manejaban en dos camiones.

Después de terminar con esta seguidilla de secuestros arribaron al Batallón de Comunicaciones 181. Ella fue conducida a una sala que identificó como la del capellán. Esa misma noche, encapuchada y con las manos atadas a la espalda fue trasladada a La Escuelita. Allí fue torturada, sufrió simulacros de fusilamiento, fue abandonada a la intemperie en las inmediaciones del predio, recordemos que era pleno invierno. Fue interrogada y amenazada por dos personas. A partir de allí fueron más duros en el trato, terminó atada en un palo a la intemperie, lloviznaba y hacía mucho frío.

Recobró el conocimiento en una sala con un médico que la auscultaba porque ella estaba embarazada y estaban buscando signos de vida de su bebe. Recordó en su relato los gritos que se escuchaban de La Escuelita. Dijo que fue careada con Zulma Matzkin a quien conocía de la universidad y a quien percibió como que estaba sin vendas, también cómo ella era golpeada en un momento del careo.

Luego fue llevada al Batallón de Comunicaciones 181, continuó en la sala del capellán y en algunas ocasiones fue llevada ante el jefe del Batallón Argentino Tauber, cuya oficina quedaba en el primer piso. En una oportunidad un mayor a quien recordaba porque tenía un problema en una mano, le exhibió una foto de una chica a quien le decían la Cortita.

Manifestó haber compartido cautiverio con Felicitas Baliña y Cristina Jessene. En la inspección ocular realizada en este juicio identificó los lugares donde estuvo cautiva, incluso la oficina de Tauber que se mantenía en las mismas condiciones, no así las salas de la planta baja que habían sido modificadas.

Luego de su paso por el Batallón fue conducida a la unidad 4 donde compartió celda con Graciela Juliá a quien en oportunidades llevaban para interrogarla bajo tortura. Juliá declaró en este juicio, dijo que Menna estaba muy preocupada por su embaraza, que la había pasado muy mal, no quería hablar, tenía mucha presión y mucha incertidumbre. También estaban en la celda Elida Sifuentes, Gladys Sepúlveda y Raquel Israel, también embarazada.

Recibía visitas semanales, hizo una mención que fue mencionada por la querella, acerca del trato que recibía su madre en la visita a quien le hacían sacar la prótesis, estaba operada de cáncer de mama. También refirió que al padre no lo requisaban porque era retirado de las fuerzas armadas.

El embarazo avanzó mientras estaba en la cárcel, en noviembre del 76 una ginecóloga del Hospital Militar la revisó y debido a complicaciones en su primer parto y por estar a término en este embarazo aconsejó que de ser necesario el traslado se realice de inmediato. Se realizó con posterioridad a ese informe médico, fue llevada a la cárcel de Olmos, también en malas condiciones porque estaba atada con las manos adelante y con una cadena que le unía los pies, por lo cual tuvo que viajar agachada. El traslado lo describió como penosísimo.

Tuvo a su hija en Olmos y por el temor a que le roben el bebé, su esposo hizo certificar el nacimiento por escribano público. Ella fue liberada luego en junio del 77. Relató las consecuencias que le trajo desde el aspecto social y laboral su detención, nunca pudo integrarse a la sociedad bahiense, le costó mucho ejercer una profesión, tiene una secuela física, etcétera.

Las constancias documentales que integran los elementos probatorios son el decreto del PEN 1899 de fecha 27 de agosto del 76 y el 2004 del 13 de julio de 1977; su ficha individual de la UP4 y también la documentación de inteligencia del archivo de la ex Dirección de Inteligencia de la policía de la provincia de Buenos Aires. Vamos a mencionar algunas de ellas nada más.

La primera que tenemos para mencionar es un memorando de la Prefectura Naval Zona Norte donde se indica la cantidad de detenidos liberados, entre ellos está mencionada Menna de Turata. También están los liberados bajo el régimen de libertad vigilada. Lo interesante de esto es que los listados que se compartían entre los circuitos de inteligencia no incluían solamente a Bahía Blanca. En este extracto que tenemos del documento tenemos por ejemplo, solamente de la provincia de Buenos Aires y entre esas localidad a Bahía Blanca. Hay otras personas mencionadas en este informe, por ejemplo, Eduardo Hidalgo.

También, y esto es interesante, tenemos otro informe de la Prefectura del año 87 en el cual también se mencionan los antecedentes de Menna de Turata, en especial lo relativo a sus visitas. Después vamos a ver también que en un extracto de este documento, se mencionan los cónclaves que se hacían para establecer qué personas iban a ser, de las que estaban detenidas a disposición del PEN, iban a ser liberadas o no. Sobre estos conclaves vamos a hablar en algunos casos más adelante.

Con esos elementos tenemos por acreditada la privación de libertad que sufrió la señora Menna de Turata y los tormentos a los que fue sometida y el tiempo en el que permaneció privada de su libertad.

Vamos a pasar al caso de Héctor Osvaldo González, secuestrado el 19 de abril del 77 por la noche en su domicilio de Yrigoyen 523 de Punta Alta. El grupo de secuestradores vestía ropa de fajina, actuaba a cara descubierta y estaba fuertemente armado. Entraron en su departamento, encapucharon al matrimonio y fueron ingresados a un centro clandestino de las dependencias de la Base Baterías de la Armada donde fueron torturados. Tras dos o tres días de cautiverio fueron trasladados a La Escuelita y alojados allí en una casa rodante que también fue mencionada en el debate por los testigos Partnoy y Principi.

González fue luego ingresado a la edificación en si misma de La Escuelita y allí perdió contacto con su esposa. Estuvo cautivo cien días en los que transcurrió esposado a una cama y sometido a todo tipo de torturas, simulacro de fusilamientos, picana eléctrica, golpes y submarino.

Durante los interrogatorios que estaba a cargo de el Tío le preguntaba por su vinculación con Andrés Lofvall y Carlos Ilacqua con quienes González había compartido militancia en la Juventud Peronista y equipos de rugby. Lo interrogaban también por otras personas, algunas de las cuales sabía que estaban secuestradas desde hace un tiempo y también por otras que no conocía. Le atribuían siempre ser subversivo. Dijo que los interrogadores serían del área de inteligencia.

González dijo en el juicio que estuvo solo en una habitación y que escuchaba los gritos de otras personas cautivas sin haber podido hablar con nadie. Dio descripciones precisas acerca de la disposición física de La Escuelita en sí, la edificación vieja, grande, con habitaciones, el piso de madera y de cemento, etcétera tal como fue mencionado por otros testimonios durante el debate.

Dijo también que a través de las conversaciones que mantenían los guardias pudo observar que se referían a situaciones vividas dentro del centro clandestino antes de su ingreso y, en particular, escuchó que se hablaba de Teodoro Bonfiglio a quien comentaba como lo habían torturado, Dora Mercero a quien habían secuestrado con su esposo Sotuyo, Carlos Principi compañero de Patricia Acevedo.

El 26 de julio del 77 fue trasladado a la U4, fecha que obra en su ficha individual de la unidad en la cual se dejó constancia que ingresó a disposición de la autoridad militar en el casillerito que estaba destinado a la autoridad judicial a la que deberían estar alejados todos los detenidos. De La Escuelita hasta la cárcel fue llevado en la caja de dos vehículos y luego pasado a un tercer auto en el que lo ingresaron a Villa Floresta.

Una vez adentro del penal lo recibió una gran cantidad de agentes. Le quitaron las esposas y las vendas y quien estaba a cargo, Leonardo el Mono Nuñez, le advirtió que estaba a disposición del PEN y que hiciera las cosas bien porque ya sabía lo que le esperaba. Esta alusión es evidente que tiene que ver con el cautiverio en La Escuelita y muestra nuevamente como estaban conectados los agentes de la unidad 4 con las personas que trabajaban en La Escuelita. González dijo que estar a disposición del PEN significaba quedar privado de la libertad sin plazo de duración definida. La familia González había desconocido lo que había sucedido con él y recién tuvieron noticias sobre su destino cuando desde la cárcel pudo enviar una carta a su madre avisando que estaba detenido allí. Durante todo ese tiempo también González no supo cual era el destino de su esposa. Al llegar a la cárcel preguntó por las mujeres y ninguna de ellas era su mujer y pensó que la habían matado. Sin embargo, al tiempo pudo saber que estaba viva al recibir la primera visita en la que estaba ella.

El 22 de agosto del 77 fue trasladado junto a otros presos a Rawson, traslado a cargo también del Mono Nuñez. La liberación fue recién en agosto del 82 luego de un año del régimen de libertad vigilada, mientras estuvo desde septiembre del 79 hasta esa época en la unidad 9 de La Plata.

El secuestro cautiverio y torturas de González se acreditó en el debate con su testimonio, el de su esposa, el de su padre Osvaldo González y con el de Jorge Antonio Abel incorporado por lectura. El padre de González hizo gestiones en la comisaría primera de Bahía Blanca para intentar establecer donde estaba su hijo, se inició un expediente en el juzgado penal 1 en el que su esposa declaró luego de la liberación. Ella dio detalles del secuestro aunque dijo, y hay que entender en el contexto de la época en que lo hizo, que había sido bien tratada. Esto también se replica en otros lugares del país, que en ese momento se hacía la denuncia y no había otra opción que mencionar el buen trato que recibían. Un ejemplo de eso eran las denuncias que tomaba el comisario Bicarelli en la primera de Necochea a las personas que él mismo había secuestrado. Presentaron un habeas corpus que fue rechazado con costas. También hicieron gestiones a través de monseñor Ogñenovich porque González era militante católico. Él se comprometió a averiguar qué había pasado con él, luego les dijo que estaba con vida. Ogñenovich lo visitó a González en La Plata y le dijo que ahora estaba bien, que antes lo había visto con una capucha.

La prueba documental de este caso se integra con el expediente 228 de la Cámara Federal bahiense; el expediente 219 de la Cámara; el 246 del Juzgado Federal 1 de Bahía Blanca; el expediente 95 de la Cámara; el decreto PEN 2226 del 77 mediante el cual se dispuso el arresto a disposición del Poder Ejecutivo de González; y el decreto 385/82 por el cual se deja sin efecto el mismo. Y la ficha individual de la unidad penitenciaria 4 correspondiente al nombrado.

De este modo se ha probado el secuestro de Héctor González, ocurrió el 19 de abril del 77, su cautiverio y torturas a La Escuelita, su traslado a la unidad penal 4, desde allí su traslado a Rawson, desde allí su traslado a La Plata y su puesta en libertad definitiva en agosto del 82.

Entre la documentación de inteligencia que contamos respecto de este caso tenemos la notificación del cese de su arresto a disposición del PEN que fue hecha saber a González por el jefe de la delegación de inteligencia de la Policía de la provincia de Buenos Aires Héctor Manuel Nuñez. También contamos con la planilla de antecedentes de González que es bastante extensa. En ellos se menciona a otras personas mencionadas en este juicio en otros conexos. María Emilia Salto, Roberto Lorenzo, Silvia Laura Castilla, Ricardo Cuesta, Nancy Cereijo, Rodolfo Maisonave, Patricia Acevedo, Teodoro Bonfiglio, Ricardo Osvaldo Cuesta. Todas estas personas son mencionadas en actividades que estaban relacionadas con González. Ahí se menciona también que en julio del 77 es puesto a disposición del PEN y que en octubre del 81 el causante es dejado en libertad. Es interesante también destacar que el seguimiento empieza en el 73 y hay informes periódicos en el 74, febrero y octubre, enero del 75, abril y junio del 75, enero del 76, mayo del 76. Todas actividades que tenían que ver con actividades sociales, políticas, etcétera. Pero hay una brecha bastante importante en cuanto a los informes de inteligencia que tienen que ver justo en el momento en el cual estaba cautivo en La Escuelita. Aparece nuevamente su información cuando es puesto a disposición del PEN porque deben haber levantado en la comunidad de inteligencia el decreto respectivo.

Pasamos ahora al caso de Susana Margarita Martínez. Ella fue secuestrada el 10 u 11 de octubre del 77 juntamente con su esposo Ricardo Horacio Gaitán y sus dos hijos de una año y medio y tres años en su domicilio de San Martín entre Las Heras y Alvear de la localidad de Viedma. Días antes había sido cesanteada en su trabajo en el Instituto Provincial de la Vivienda por aplicación de la ley de Prescindibilidad. El secuestro lo concretó la Policía de Río Negro, aunque después de gestiones determinaron que en realidad era un operativo conjunto entre esa policía, la Policía Federal y el Distrito Militar Viedma.

Los cuatro estuvieron cautivos en la comisaria primera de la policía provincial hasta que un amigo del matrimonio retiró los niños. Desde allí Martínez y Gaitán fueron trasladados en vehículos separados a Bahía Blanca, al V Cuerpo que pedía su captura según les informaron. En la intersección de las rutas 3 y 22 fueron entregados a personal militar. En ese momento fueron vendados y el Tío Cruciani los llevaba en un vehículo, ambos vendados y atados., los llevaron a La Escuelita donde permanecieron separados y solo en una oportunidad tuvieron ocasión de conversar unos minutos. Estaban ambos tirados en una cama atados.

Martínez fue interrogada bajo el paso de corriente eléctrica por su cuerpo, le preguntaban sobre nombres de personas para que diga si las conocía y sobre libros de su propiedad que habían sido requisados de su casa. En el interrogatorio participó Cruciani que es la misma persona que los había traído desde la ruta.

Durante sus diez días de cautiverio en La Escuelita escuchó que los guardias se referían a meses anteriores diciendo que ahora no quedaba nadie en La Escuelita y que meses antes había tanta gente que no se podía caminar. También se burlaban recordando situaciones de otras personas que habían sido torturadas en el lugar. En la misma habitación con Martínez había un detenido al que le decían Carlitos, que era Carlos Principi, quien había sido muy torturado y recibía a veces atención médica.

Martínez y Gaitán en sus declaraciones en este debate recordaron que alrededor del 18 de octubre ingresaron a un muchacho a quien habían torturado mucho. En una oportunidad antes de ser trasladados a Villa Floresta a Martínez la hicieron bañarse y luego tanto ella como su esposo fueron fotografiados. Al estar a cara descubierta pudieron reconocer al fotógrafo que era Horacio Calzetta, que era personal civil de inteligencia que prestaba funciones en el Destacamento de Inteligencia 181. Calzetta está detenido.

El 21 de octubre del 77 fueron sacados ambos de La Escuelita atados y vendados y abandonados en un descampado con orden de no quitarse las vendas hasta que el auto se alejara. Al sacarse las vendas vieron un auto con oficiales del Ejército que los llevaron a la cárcel de Villa Floresta donde los recibió el Mono Nuñez. Martínez fue alojada en el pabellón de mujeres en una celda individual. Nunca se le comunicó de acusación alguna. En dos oportunidades Nuñez la buscó en su celda y fue interrogada por dos oficiales del Ejército que le preguntaban lo mismo que en La Escuelita, acerca de personas si las conocía o no y sobre libros que habían encontrado en su casa. Al mismo tiempo la amenazaban diciéndole que la iban a pasar a disposición del PEN y que no iba a salir más. Permaneció secuestrada en la unidad penitenciaria 4 hasta el 30 de noviembre del 77.

La familia Martínez realizó gestiones para saber el destino del matrimonio secuestrado, se les informó que estaban a disposición del V cuerpo de Ejército por parte de la policía provincial y así lo consignó, esto está documentado, el comisario Vandersan al entregarle al padre de Susana Martínez el vehículo en el que se desplazaba el matrimonio que había quedado depositado en dependencias de la policía. Su familia también fue al V Cuerpo donde les informaron que estaban en la unidad 4.

Gaitán a su vez fue liberado el 28 de octubre del 77 sin haber estado nunca a disposición del Poder Ejecutivo Nacional. Junto a su suegro realizaron gestiones para lograr la libertad a su esposa y así llegaron a una entrevista con el obispo de Bahía Blanca que primero lo interrogó sobre sus actividades subversivas y luego extendió una nota dirigida al mayor Sierra del V cuerpo para que lo recibiera.

Con la declaración de la víctima y de Ricardo Horacio Gaitán tenemos por documentado el hecho y también tenemos en la documental el expediente 207 del juzgado federal de Bahía Blanca, la ficha individual de la unidad penal 4 correspondiente a Susana Martínez, el legajo Conadep 2233 y con la documentación de inteligencia allegada al debate.

De la documentación surge que ella fue perseguida desde el año 73 por su militancia socialista en el Frente Antiimperialista y por el Socialismo, FAS, y hay una mención acerca de integrantes y simpatizantes de las agrupaciones extremistas Montoneros y ERP en el ámbito de Bahía Blanca, Pehuajó y Trenque Lauquen, en ella aparece Susana Margarita Martínez.

También tenemos mencionada entre la documentación de inteligencia, sobre la documentación esta, relativa a la militancia de Susana Margarita Martínez hay todo un detalle acerca de los realizado en el 73 cuando participó en la organización del congreso del FAS, da cuenta esta documentación de la existencia de una persona infiltrada porque detallan hasta el costo del viaje que había realizado, etcétera, y los contactos con otras personas que se encuentra documentado que fueron secuestradas y desaparecidas en otras jurisdicciones. Se menciona por ejemplo la existencia de un encuentro en Bahía Blanca con María Mercedes de Fresneda que provenía de Mar del Plata, es Mercedes Argañaráz de Fresneda, fue secuestrada, torturada y desaparecida del centro clandestino de detención La Cueva, por ese hecho hay sentencia firme contra Gregorio Rafael Molina en Mar del Plata.

También entre la documentación de inteligencia contamos aquí con la orden de libertad de Susana Margarita Martínez de Gaitán del 30 de diciembre del 77 firmada por el mayor Hugo Jorge Delme, jefe de la división Enlace y Registro del Comando del V Cuerpo de Ejército. Y también, esa es la orden firmada por Delme, y la puesta… la efectivización de esa orden de libertad que fue realizada el mismo día y la constancia esta firmada por Andrés Reynaldo Miraglia, prefecto, jefe de la unidad 4 de Villa Floresta. Tenemos iguales constancias respecto de Horacio Ricardo Gaitán y Susana Margarita Martínez, es la internación en al unidad carcelaria 4 firmada por Delme. Y en la puesta en libertad al detenido Ricardo Horacio Gaitán, que está también firmada por Delme, Miraglia hace asentar la orden en el registro de internos especiales. Esto no lo tenemos digitalizado pero se encuentra incorporado al expediente. Ese registro de internos especiales muy probablemente sea el de todas las personas que estaban en iguales condiciones, es decir, por fuera de lo que era el sistema de los presos detenidos a disposición judicial.

Vamos a empezar con el caso de Mario Rodolfo Juan Crespo. Acá empezamos una seguidilla de casos que tiene como denominador común, nosotros los conocemos como los casos de Viedma, son todas personas que fueron secuestradas en esa localidad y tienen como notas distintivas que eran todos militantes vinculados entre sí por documentación de inteligencia, fueron secuestradas en un periodo de tiempo medianamente cercano. Y la mecánica de estos secuestros era que la delegación Viedma de la Policía Federal era la encargada de materializar los ingresos ilegales a los domicilios en la mayoría de los casos, el secuestro de estas personas, un primer interrogatorio, a veces en dependencias misma de la delegación Viedma de la Policía Federal. Y después de materializar el traslado de los detenidos hacia la localidad de Bahía Blanca o la entrega en algún punto intermedio a el Tío Cruciani, tal como hemos visto en otros casos de Viedma que no integran este subconjunto.

También la Policía Federal de Viedma se encargaba de concretar acciones de obtención de información de inteligencia por órdenes del V cuerpo de Ejército a personas que ya estaban detenidas en Bahía Blanca. Tenemos el caso de Chironi, por ejemplo, que mientras era interrogado en La Escuelita sobre determinadas circunstancias la Policía Federal de Viedma realizaba allanamientos en su casa, revisaban su casa mientras él era interrogado en Bahía blanca, a raíz de menciones que él hacía en su interrogatorio.

Las únicas dos personas que no fueron detenidas en operativos realizados en su domicilio fueron Crespo y Chironi quienes se entregaron y eso va a generar algunas constancias documentales que vamos a ver más adelante.

Bueno, Crespo fue secuestrado dos veces en el 76. El primer secuestro fue entre el 4 y el 5 de julio de ese año cuando fue interceptado y secuestrado por un grupo de efectivos de la Policía Federal de Viedma en el cruce de las calles Mitre y Rivadavia. Ya ingresado a la delegación de esa fuerza fue sometido a golpes y amenazas e interrogado por el comisario Forchetti. Allí también habló con Gonçalvez. El interrogatorio versaba sobre una volanteada que habían realizada en el aniversario de la muerte de Perón. Permaneció allí hasta ser trasladado a la delegación Bahía Blanca de la Policía Federal a raíz de la intervención de su suegro, Jorge Atilio Rozas, que en ese entonces era jefe de la unidad V de la bonaerense. El traslado estuvo a cargo de un efectivo de la Federal de Viedma de apellido Tanos.

Continuó siendo interrogado en esta ciudad y recuperó su libertad el 9 de julio. En esos días en el domicilio de la madre, la Policía Federal al mando de Forchetti realizó un procedimiento, secuestraron una máquina de escribir y se llevaron secuestradas a su madre y a su hermana acusándolas de complicidad. Permanecieron un día en la delegación Viedma de la Policía Federal.

Con relación al segundo secuestro, según declaró Silvia Crespo, hermana de la víctima, Crespo fue perseguido y quien particularmente se encargaba de su persecución era Gonçalvez quien preguntaba insistentemente por él. Entre el 15 y el 18 de noviembre a las 22:30 horas, luego de advertir un gran despliegue de vehículos que los seguían, uno de ellos de Gonçalvez, Crespo se comunicó con su suegro que realizó gestiones ante Forchetti. Primero negó el intento de secuestro y luego confirmó que el V Cuerpo requería su captura. En virtud de esa situación Rozas llevó a Crespo en la sede de ese comando, acto en el que materialmente se efectivizó el secuestro de la víctima, su interrogatorio y su posterior traslado a La Escuelita.

La entrega se efectuó ante el jefe del Departamento II Inteligencia del V Cuerpo, Aldo Mario Álvarez y Walter Bartolomé Tejada. Ambos episodios de secuestro fueron confirmados por Jorge Rozas en el debate.

Durante el tiempo en que estuvo en La Escuelita fue sometido a todo tipo de torturas como submarino, picana eléctrica y golpes permanentes. A raíz de las heridas que tenía uno de los guardias le efectuó curaciones pero no recibió atención médico. El tío y el Laucha eran las personas encargadas del lugar y recordó a guardias apodados Abuelo, Peine y Perro.

La permanencia de Crespo en La Escuelita fue corroborada por los testimonios de Meilán, Rial, García Sierra, Villarroel y Bermúdez. Por su parte Crespo dio cuenta en sus testimonios del cautiverio en La Escuelita de Meilán, Rial, García sierra, Abel, Chironi y Robinson.

El 17 de enero del 77 Crespo fue trasladado a la unidad 4 de Villa Floresta. Y el 19de enero fue puesto a disposición del PEN por decreto 89/77. El traslado a la unidad fue junto con tres personas, Bermúdez, Meilán y Villarroel en el asiento trasero de un auto, el que los llevó al interior de la cárcel donde fueron ingresados a una sala, les quitaron las vendas y los desataron.

En la unidad 4 el encargado del pabellón donde los alojaron era el Mono Nuñez, quien en una oportunidad lo sacó de su celda y lo llevó a su oficina donde fue interrogado por oficiales de La Escuelita, Corres y Cruciani, el Laucha y el Tío.

Sobre el deterioro de su salud declaró Silvia Crespo quien declaró haber visto muy mal a su hermano en la cárcel y al resto de las víctimas de Viedma como Chironi y Meilán. Su permanencia en la unidad 4 fue constatada por Armando Lauretti, Emilio Villarroel, Oscar Amílcar Bermúdez, Oscar José Meilán, Héctor Juan Ayala, Julio Alberto Ruiz y Fernando Gustavo Chironi. Asimismo contamos con los registros pertinentes de la unidad incorporados al debate.

El 22 de agosto fue trasladado a la unidad 6 de Rawson en un procedimiento a cargo de Nuñez. El 18 de noviembre del 77 regresó a la unidad 4 y el 16 de febrero del 78 pasó al régimen de arresto domiciliario. Su libertad definitiva la recupera en 1980 recién.

A consecuencia de las situaciones vividas por la persecución y el cautiverio de Crespo, su esposa cayó en un pozo depresivo y terminó suicidándose en el año 79.

La prueba documental que integra este caso está compuesta por el expte. 11 de la Cámara Federal bahiense; el expte. 867 de la Cámara; la ficha individual de la unidad carcelaria 4 correspondiente a Crespo; el decreto del PEN 89/77 por el que se dispuso su arresto y el decreto 141/80 mediante el cual se lo dejó sin efecto; el legajo Conadep 479; y la nota del 15 de febrero del 78 suscripta por el mayor Luis Alberto Farías Barrera del Departamento I Personal del V Cuerpo de Ejército dirigida al director de la unidad 4 que ordena la entrega del detenido Crespo al comisario inspector Jorge Rozas, su suegro, para proceder al arresto domiciliario.

También contamos con documentación de inteligencia. Un memorándum de 1987 cuando estaba en trámite la causa 11/86 que es la primera causa iniciado por estos casos en el que se da cuenta de antecedentes de militancia de Crespo y se lo sindica como integrante de Montoneros, que fue allanado su domicilio, etcétera.

Aquí tenemos los antecedentes, estos son del año 87, donde se menciona su puesta a disposición del PEN, es interesante primero mencionar que este memorando también de inteligencia de la Prefectura Naval, es del 87 y el asunto es continuar con un memorando anterior que su referencia era "juicios contra militares". Durante el trámite de la causa 11/86 de la Cámara Federal de Bahía Blanca, los organismos de seguridad encargados de la represión seguían haciendo inteligencia sobre las víctimas y traían a colación toda la documentación de inteligencia que habían recolectado durante la dictadura y antes de la dictadura.

Lo interesante para destacar aquí es lo que mencionaba antes de los conclaves. Él fue puesto según vemos en pantalla, la situación fue tratada en el conclave 6 presidido por el comandante de la subzona de defensa 51 donde se resuelve que continúe a disposición del Poder Ejecutivo Nacional. Esta mención es del 21 de abril del 77, sin embargo, su situación fue tratada en agosto del 77, perdón en diciembre del 77, en el conclave 16, en marzo del 78 en el conclave 18, en julio del 78 en el conclave 22, en octubre del 78 en el conclave 25, en noviembre del 78 en el conclave 26. Todos estos conclaves surge de la información de inteligencia y surge de este documento que estaban presididos por el comandante de la subzona de defensa 51 y la conclusión en casi todos los casos era lo mismo, se resolvió que continúe detenida a disposición del PEN, en algunos casos se lo categorizó como dice acá "categoría C alta peligrosidad" y tenemos por ahí la mención DS, obviamente delincuente subversivo.

Qué queremos mencionar con la existencia de estos conclaves, lo mismo a lo que hacíamos hincapié en la audiencia pasada, la puesta a disposición del PEN y su alojamiento en una unidad carcelaria, primero que a veces no eran una cosa seguida de la otra, por lo general vamos a ver que los ingresos a la unidad carcelaria son previos a la existencia misma de los decretos de disposición del PEN. Y esto tiene cierta lógica, porque en realidad la puesta a disposición del PEN no dependía del PEN sino de los comandos de subzona. La inteligencia de la Constitución, que en ese momento no regía dicho sea de paso, es que el presidente ordene arrestos en los casos de Estado de sitio. Acá los arrestos eran concretados antes por los responsables de cada zona de defensa o de cada área y luego eran trasladados a las unidades carcelarias por decisión de ellos y luego esa decisión era en alguna forma materializada a través de un decreto. Vamos a ver que en la mayoría de los casos esos decretos son posteriores al ingreso a la unidad y luego su libertad se decidía directamente en conclaves que eran manejados, en este caso, por el comandante de la subzona 51, no es que el presidente decidía ponerlos en libertad o no. O sea, los presidentes, que dicho sea de paso también eran militares en ese momento, no lo decidían sino que la libertad estaba a cargo del comandante de la subzona donde habían sido detenidos originalmente. Aparte esto tenía intervención de otras personas, no solamente del comandante de la subzona, como por ejemplo del Departamento I Personal que era el encargado de comunicar las libertades, y recuerden que en el caso del PON que mencionamos en la primera audiencia de este debate habíamos mencionado que las libertades cuando estaban ya en unidades carcelarias yu a disposición del PEN tomaba intervención tanto el Departamento I Personal como el Departamento IIB Inteligencia y el Departamento III Operaciones. En definitiva, esto demuestra y lo vamos a seguir viendo en otros documentos que los arrestos ilegales, los interrogatorios, los traslados a unidades carcelarias en Bahía Blanca y a otros puntos del país, las libertades, las modalidades de las libertades estaban todas digitadas desde Bahía Blanca.

Vamos a pasar ahora al caso de Jorge Antonio Abel. Fue secuestrado el 15 de diciembre del 76 a las 6 de la mañana en la vía pública cuando bajaba del colectivo que unía la localidad de Patagones con Viedma en Lavalle 1250 de esta localidad. Fue un grupo de tres personas de la Policía Federal que se movilizaba en una camioneta de la repartición color celeste con franjas blancas conducida por una persona de cara redonda.

Lo tiraron en el piso del vehículo, lo apuntaron con armas y le vendaron los ojos. Lo llevaron a la delegación de Viedma. Minutos después de allí fue conducido en la misma camioneta a las inmediaciones de la escuela de policía de Río Negro, donde fue interrogado por los mismos secuestradores, golpeado y sometido a simulacros de fusilamientos. Le atribuían en ese entonces ser del ERP y de Montoneros. Posteriormente fue entregado a otro grupo de secuestradores, quienes lo trasladaron a Bahía Blanca en el piso de un Ford Falcon tapado con una frazada y lo ingresaron a La Escuelita. En el mismo vehículo fue trasladado Eduardo Mario Chironi a quien tiraron también en el piso del auto.

Sobre ese traslado se refirió en su indagatoria Héctor Abelleira quien admitió haber sido designado para esa misión y registrado en el libro de detenidos aunque alegó luego haber sido relevado por una directiva del comisario. Permaneció en cautiverio diez días en La Escuelita, estuvo vendado, atado, tirado en el piso y padeció torturas, picana eléctrica, golpes con distintos objetos, insultos, amenazas de muerte, se percibía un clima de terror, escuchó sesiones de torturas a otras personas.

Entre los cautivos en el lugar pudo dar cuenta que se encontraba Fernando Jara a quien retiraron la noche del ingreso de Abel al centro clandestino, sabían que le habían anticipado la fecha en que lo matarían; un grupo de estudiantes secundarios; también la presencia de Darío Rossi quien estaba allí cautivo desde que lo habían secuestrado tiempo antes en Viedma; también el matrimonio de Meilán y Rial de Meilán sobre el que nos vamos a referir más adelante; estaba García Sierra, Héctor Ayala, Lauretti y Chironi.

En una oportunidad antes de ser trasladado a Villa Floresta le tomaron fotografías y le hicieron firmar una declaración espontanea. También fue atendido por un médico o enfermero por sus lesiones en las manos y piernas causadas por las torturas. Su paso por La Escuelita es corroborado a su vez por los testimonios de Meilán, Rial, Ayala, Monje, García Sierra y Bermúdez.

La noche del 24 de diciembre del 76 lo trasladaron a la unidad 4, fue en un vehículo desde el centro clandestino hasta otro vehículo mas grande en el que lo ingresaron a la unidad 4, y como en el resto de los casos, lo recibió el Mono Nuñez quien le hizo sacar las vendas. También compartieron con él ese recorrido hasta la cárcel García Sierra, Lauretti y Ayala. Nuñez les hizo saber también a ellos que era el encargado del pabellón de subversivos y que estarían bajo sus órdenes. Fue alojado en el pabellón de detenidos subversivos donde estuvo hasta el 22 de agosto del 77 en el que fue trasladado a la cárcel de Rawson como hemos visto en otros casos. En esa oportunidad del traslado a Rawson, Abel fue sacado de su celda por Nuñez que lo encapuchó… perdón, en una oportunidad previa al traslado, Nuñez sacó a Abel de su celda, lo encapuchó con la funda de la almohada y lo llevó a una oficina donde fue interrogado por el Tío y el Laucha con amenazas permanentes de hacerlo regresar a La Escuelita., le preguntaron por personas que Abel no conocía. Dijo que ambos interrogadores eran los mismos que lo interrogaban en La Escuelita.

Lauretti, Bertani, Ayala, Monje, García Sierra, Madina Fresco, Ruiz y Chironi declararon acerca del paso de Abel por la unidad 4 y también contamos con su ficha de ingreso a la unidad 4. El decreto del Poder Ejecutivo que dispuso la detención es el 1/77 del 3 de enero del 77 y esto es un ejemplo de esto del ingreso primero a la unidad carcelaria y después la suscripción del decreto respectivo cuando el procedimiento debería haber sido al revés. 24 de diciembre, en la navidad del 76, él ingresa a la unidad y el 3 de enero sale el decreto. En los decretos del 3 de enero hay muchas víctimas de Bahía Blanca mencionadas.

El 22 de agosto lo trasladaron a Rawson y permaneció allí hasta ser liberado el 24 de diciembre del 78.

La prueba documental que integra el caso es el expte. 13 de la Cámara Federal bahiense; la causa 13/84 del Juicio a las Juntas, ahí tenemos constancias relativas al caso 289 correspondiente al señor Abel; también la causa 86/5 de la Cámara Federal bahiense; el decreto 1/77 ya mencionado que dispuso su arresto a disposición del Poder Ejecutivo; y el decreto 3055/78 que dispuso el cese de su arresto.

También contamos con un informe producido por la policía Federal Argentina con relación a los libros de guardias y sumarios de la delegación Viedma de esa fuerza; también la ficha individual de la unidad4 correspondiente a Antonio Jorge Abel. En esa ficha no solo está mencionado la fecha de ingreso a la unidad 4 y la mención del decreto del Poder Ejecutivo posterior a ese ingreso sino también la fecha de su detención, de su secuestro. Y también el legajo Conadep 477.

En cuanto a la documentación de inteligencia que tenemos del caso, tenemos mencionado la ficha de la Dipba que lo sindica como montonero. También un memorándum confidencial que menciona las gestiones de su padre con relación a él. Ahí se menciona en ese documento y en otro que vamos a ver a continuación, que es este donde está más claramente expuesto que Abel no sería ajeno al accionar de movimientos de infiltración de corte marxista en los colegios y centros de estudiantes, manteniendo estrecha vinculación con el matrimonio formado por Oscar Meilán, quien es indicado como activista de infiltración del mismo corte y Vilma Diana Rial, alias Chiqui, que desaparecieran a fin de noviembre del año en curso ignorándose su paradero. Vamos a ver más adelante que no desaparecieron sino que fueron secuestrados en las mismas condiciones que Abel.

Aquí es otro memorándum en el cual se da cuenta de lo mismo. Y después, también del año 87, en consonancia con el memorándum que habíamos visto antes, referencia Juicios contra militares, de hecho es el mismo memorándum. Acá se habla de una solicitada que se publica en el diario La Nueva Provincia el 20 de marzo del 87, en el cual se hace un informe de inteligencia con los antecedentes de todas las personas que aparecen firmando la misma. Entre ellos, el primero de la lista es Jorge Antonio Abel. Surge que fue alojado en dependencias del V Cuerpo de Ejército en diciembre del 76, que el 24 de diciembre ingresó a la unidad 4 de Bahía Blanca y también aquí su situación es tratada por los conclaves. Es tratada en febrero del 77 por el conclave 5, en agosto del 77 por el conclave 11, en diciembre del 77 por el conclave 16, en marzo del 78, julio del 78, octubre del 78, noviembre del 78, donde se decide que recupere su libertad, en navidad de ese año, entre paréntesis "amnistía". Menciona también ese informe que estaría vinculado a integrantes del grupo Chironi.

Todos estos conclaves nuevamente fueron presididos por el comandante de la subzona de defensa 51, en algunas ocasiones se lo consideró como de alta peligrosidad y, salvo en el último, se disponía que continúe detenido a disposición del PEN. La misma mecánica que mencionamos antes.

Vamos a continuar con el caso de Héctor Juan Ayala. Al momento que se produce el secuestro de Ayala se habían producido ya las desapariciones de sus compañeros y amigos Vilma Rial, Oscar Meilán y Mario Crespo. También había secuestradas otras personas en Viedma como Luis Miguel García Sierra, cuyo caso vamos a ver en continuación y Juan Félix Luna. El secuestro se consumó el 20 de diciembre del 76 en horas de la noche en una chacra de la zona rural de Viedma en la que Ayala estaba trabajando y se encontraba junto a su esposa e hija.

El operativo estuvo a cargo de diez o doce efectivos de la policía Federal de Viedma vestidos de civil entre los que reconoció al oficial Carlos contreras. Ayala reconoció e indicó a Contreras en el marco de la audiencia pero lo relevante de esto es que él vinculaba a Contreras desde mucho antes y él explicó porqué. Primero, lo conocía del pueblo, incluso Contreras en alguna ocasión lo había convocado para que funcione como una suerte de testigo a raíz de un procedimiento que se había realizado en una iglesia que estaba enfrente de la casa de él. Lo importante de esto es que la identificación en la audiencia es solamente la confirmación de su conocimiento previo de él en un pueblo. Casi todos nosotros hemos vivido o venimos de localidades pequeñas y sabemos lo que es conocer a todo el mundo. Este es uno más de esos casos y por eso no nos podemos quedar con la idea de que su conocimiento en la audiencia ha sido provocado por la información que pudo haber conocido Ayala con motivo del juicio. Ayala lo conocía de mucho antes, ya desde el año 85 veníamos hablando de estos temas, entonces su reconocimiento aquí es solamente una confirmación más del conocimiento que tenía Ayala respecto de contreras.

Los secuestradores se movilizaban también en este caso en una camioneta Ford F100 a la que lo subieron y lo encapucharon al tiempo que era golpeado. En el camino a Viedma lo sometieron a un simulacro de fusilamiento. Lo llevaron a la delegación Viedma de la Policía Federal donde Forchetti comenzó a interrogarlo sobre sus actividades políticas. Fue interrogado y amenazado con ser picaneado. Luego fue alojado en una dependencia de la parte superior de la delegación donde fue atado y lo amedrentaban con armas.

Al día siguiente a la mañana fue trasladado al V Cuerpo por personal del Ejército en un Ford Falcon Rural atado y cubierto con una frazada. Y desde allí conducido a La Escuelita. Sobre las gestiones realizadas desde el momento del secuestro y las amenazas sufrido también dio cuenta en la audiencia su esposa Silvia Díaz, también dio cuenta del clima de persecución política vivido incluso años anteriores al secuestro a causa de la militancia tanto de ella como de su esposo.

Ayala relató durante el debate su cautiverio, tanto suyo como del resto de las personas que compartieron ese momento con él. Fue recibido a los golpes, sufrió interrogatorios bajo tortura con picana eléctrica, también le hicieron firmar hojas en blanco. Los responsables de la tortura eran Laucha y Tío quien había sido también responsable de su traslado desde Viedma a Bahía Blanca.

Refirió la presencia de médicos o enfermeros que llegaban de vez en cuando y que controlaban la resistencia de los detenidos. Otros cautivos que vio en el lugar eran los alumnos de la ENET que fueron muy torturados, al igual que mujeres cuyos gritos se oían desde donde estaba él. También refirió la presencia de alguien con sentencia de muerte para el aniversario de la muerte de Rojas y Papini, Jara. Pensó que no tenía posibilidades de sobrevivir.

Su permanencia en el centro clandestino se encuentra a su vez acreditada con los testimonios de Abel, Bermúdez, Madina Fresco, Bertani y Meilán. El 24 de diciembre, también él, fue trasladado a la unidad penal 4 junto con García Sierra, Lauretti y Abel. Fueron encapuchados y atados a un vehículo, fueron llevados hasta un descampado y allí fueron subidos a un camión que los ingresó a Villa Floresta, donde le quietaron las vendas y fueron recibidos por el Mono Nuñez. En la unidad 4 estaban también Abel, Meilán, Gon, Eliseo Pérez, Chironi, quien estaba muy mal y no podía caminar y fue dejado en la enfermería durante un tiempo.

Mirta Díaz dio cuenta en el debate sobre las requisas vejatorias a las que eran sometidas las visitas a la unidad 4. También aquí fue puesto a disposición del PEN por decreto 1/77 también del 3 de enero igual que el caso Abel. Ayala también fue trasladado el 22 de agosto del 76 a Rawson y recuperó su libertad en enero del 79.

La documentación que prueba el caso es la siguiente: el expte. 108 del juzgado federal de Viedma; el expte. 86/6 de la Cámara Federal bahiense; el decreto PEN 1/77 que dispuso su arrestó a disposición del Poder Ejecutivo y el decreto 208/79 por el que se dejó sin efecto el mismo. La ficha individual de la unidad penitenciaria 4; también el legajo Conadep 478 y las constancias de la causa 13/84 Juicio a las Juntas relativas a Ayala.

También contamos con documentación de inteligencia respecto de Ayala. Esta es la ficha de la Dipba, acá estaba mencionado como integrante de la Juventud Peronista. Esta es cuando hablábamos al principio del alegato de cómo estaba confeccionado el fichero de la Dipba, lo primero que uno buscaba por nombre y apellido eran estas fichas. En el dorso de esas fichas se podían ver los legajos en los que estaba mencionado. Este es el dorso de la ficha y ahí estaban: R es el registro, orden es el número de orden, carpeta 1 legajo 4, mesa D, mesa A, etcétera. Mesa DS delincuente subversivos y ahí estaba cada una de las carpetas donde aparece mencionada esta persona. En el último vemos el decreto 1/77 puesta a disposición del PEN por integrante de la organización Montoneros.

Aquí tenemos, hay un vasto informe sobre la organización Montoneros pero entre las personas mencionadas en la lista está Héctor Juan Ayala en la comisión interna. Es interesante. Peliccione lo mencionan como italiano nativo, hay algunos que tienen un rol muy activo como Luis Alberto Luna que está ahí abajo y otros que tienen un rol activo nada más. Un análisis de inteligencia bastante profundo sobre estas personas.

También aquí tenemos otro documento que da cuenta de la misma información. Otro documento relativo a las libertades vigiladas, cómo se seguía vigilando a las personas luego de su puesta en libertad, aquí tenemos mencionado a Ayala.

Y por último, este es un documento bastante largo, que en realidad es el recibo del traslado de la unidad 4 a Rawson, en este traslado masivo del 22 de agosto del 77 y lo interesante aparte de la mención de Ayala que tenemos resaltado ahí, son las firmas, para demostrar abajo la firma que tiene sello es la de Leonardo Luis Nuñez que fue claramente el encargado del traslado. Y aquí tenemos mencionado por ejemplo las personas que fueron trasladadas Jorge Antonio Abel, Eduardo Mario Chironi, Luis García Sierra, Héctor Osvaldo González, Oscar Meilán, José Luis Robinson que declaró como testigo en el debate, Julio Alberto Ruiz, Rubén Alberto Ruiz, Pablo Bohoslavsky cuyos casos vamos a ver más adelante. Por eso dice condenados por el… en la otra columna está el número de decreto del PEN por el cual estaban allí o en los caso de Ruiz, Ruiz y Bohoslavsky condenados por el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas y en el último caso, la última persona es Rodilio Maisonave condenado por el consejo de guerra de la zona 5. Sobre los consejos de guerra vamos a hablar más adelante.

El último caso de este subconjunto de Viedma es el de Luis Miguel García Sierra. Fue secuestrado el 26 de noviembre del 76 a las 22 horas aproximadamente, en la intersección de Colón y Laprida de Viedma por un grupo de tres o cuatro personas armadas que lo abordó, le vendó los ojos, lo subió a un auto y lo trasladó hasta un descampado a las afueras de la ciudad. Le decían que era de la misma organización y que él los había delatado. Instantes después arribó a otro lugar otro vehículo en el que lo arrojaron en la parte trasera y le ordenaron no hacer preguntas. El trayecto duró unas horas hasta llegar a Bahía Blanca donde permaneció cautivo en La Escuelita.

Conforme a la declaración prestada en el juicio su cautiverio duró aproximadamente un mes durante el cual estuvo atado, vendado, en una cama y también en el piso y sometido a interrogatorios y torturas. Recordó nuevamente los apodos Tío y Laucha. Insistían con su nombre de guerra y que lo amenazaban con llevar a su madre a la parrilla. Había, dijo, otras personas cautivas en el lugar incluso en la misma habitación en la que él estuvo.

Su permanencia en el centro clandestino se acreditó con los testimonios de Robinson, Abel y Meilán quien relató que oyó cuando lo torturaban. También Munardo Pedersen dio cuenta del secuestro y de las gestiones realizadas para conocer su paradero. García Sierra dio cuenta del cautiverio en el centro clandestino de Robinson, Ayala, Chironi, Ferreri.

El 24 de diciembre del 76 fue trasladado a la unidad 4 con Lauretti, Abel y Ayala efectuando un relato similar en cuanto al traslado y la recepción por parte del Mono Nuñez que dieron otros testigos conforme mencioné anteriormente. También en este caso fue puesto a disposición del PEN recién el 3 de enero del 77 decreto 1/77. Todas estas circunstancias como en el caso de Abel también están mencionadas en su ficha individual de la unidad.

Sobre el cautiverio de García sierra en la unidad 4 contamos con el testimonio de Lauretti, Meilán y Abel. El 22 de agosto del 77 fue trasladado a Rawson, en este traslado al que hicimos mención previamente, y a raíz de gestiones que realizaron sus padres con quienes tomó contacto recién cuando ya estaba en la unidad 4 pudiéndoles mandar una carta, se le otorgó el derecho a salir del país partiendo a España en octubre del 77, previo un periodo de detención en el penal de Caseros.

La documentación que integra la prueba del caso es el expte. 77 de la Cámara Federal bahiense; el decreto 1/77 del Poder Ejecutivo mediante el cual se dispone el arresto y el 2768 por medio del cual se lo expulsó del país. También contamos con la ficha individual de la unidad penitenciaria número 4.

Y también con información de inteligencia relativo a Alberto Remiro. Este informe de inteligencia que tiene que ver con Remiro menciona que entre enero y marzo del 74 Remiro trabajaba en la Juventud Universitaria Peronista junto con los delincuentes terroristas, entre ellos, García Sierra. Y también está mencionado aquí Daniel Guillermo Hidalgo, entre otras de las personas. Esto tiene que ver, y aparte, al final del documento obviamente seguimos hablando de Remiro pero al final y esto es algo que se ve bastante común, personas involucradas en el informe, y es una lista de los mencionados, entre los que está Miguel Ángel García Sierra. Esto obviamente lo único que hacía era disparar nuevas fichas contra estas personas. A partir de que es mencionado ya en un informe de inteligencia como delincuente terrorista lo único que hacen es generar que se le cree una nueva ficha y por eso hasta ese momento tal vez no tenía antecedentes, es lo que dice acá: "antecedentes no registra, servicio de inteligencia de la Prefectura Naval ni tampoco de la comisión asesora de antecedentes". Aunque, por ejemplo, si ven más arriba, Miguel Ángel Cavallo que es el segundo de la lista, registra antecedentes en el servicio de inteligencia de la Prefectura Naval y tiene un legajo en la comisión asesora de antecedentes.

Una cosa que queremos mencionar que quedó ahí es que la información acerca de que trabaja en la JUP con este grupo de personas surge del Batallón de Inteligencia 601, hasta ahí llegaban los nexos de la informaciones y por eso yo les decía al principio que el flujo de la inteligencia era de abajo hacia arriba y después de arriba hacia abajo nuevamente. El Batallón de Inteligencia 601 era el mayor encargado de distribución de la información al menos en nuestro país.

También en materia de su alojamiento en la unidad carcelaria tenemos aquí nuevamente la orden de alojamiento de los delincuentes subversivos que a continuación se detallan. Están aquí, además de García Sierra, Monje, Flores Riquelme, Lauretti, Ayala, Chironi, Robinson y Abel. Y aquí dice al final, los correspondientes números de decreto a disposición del PEN serán puestos en conocimiento de su unidad oportunamente. Primero el traslado y después la puesta a disposición del PEN concreta. Esta nota está firmada por Rodolfo Lucio Dapeña del Departamento I Personal del comando V Cuerpo de Ejército.

También acá tenemos otra constancia en la cual se comunica a la unidad carcelaria 4, también emanada del Comando del V Cuerpo de Ejército, quiénes han pasado a disposición del PEN por decreto 1/77, entre ellos, tenemos a García Sierra y también a Ayala, Lauretti, Monje, Patricia Chabat, Jorge Antonio Abel, etc. El documento está firmado en este caso por Arturo Ricardo Palmieri jefe de la división Enlace y Registro del Comando del V Cuerpo de Ejército.

Le cedo la palabra al dr. Córdoba que va a seguir exponiendo los casos.

Fiscal Abel Córdoba: El alegato de la Fiscalía seguirá con el caso de Eduardo Mario Chironi quien fue secuestrado también en Viedma, y para el momento en que fue secuetsrado, mediados de diciembre del 76, también ya tenía a sus compañeros secuestrados y él mismo había empezado a ser vigilado y perseguido con esos fines. Por eso es que el 9 de diciembre del 76 viajó junto a su padre y a su hermano a gestionar frente a Osvaldo Páez la posibilidad de continuar en libertad. Este encuentro con Páez según relató el hermano de Chironi, Fernando Chironi, se llevó a cabo en dependencias del Destacamento de Inteligencia 181 donde Páez interrogó a Eduardo Mario Chironi y tras ese interrogatorio les comunicó a la familia Chironi que estaba todo bien, con lo cual estas personas intentaron seguir unos días con su vida normal.

Una vez que regresaron a Viedma la persecución sobre ellos no cesó y llegó un momento en que tomaron conocimiento de que la orden de captura emanada del V Cuerpo estaba en manos de Vicente Forchetti. Esto llegó a conocimiento de Bermejo, el abogado socio del hermano de Chironi, y supieron que Forchetti tenía esa orden de captura y que manifestaba que la iba a ejecutar por derecha o por izquierda. Es decir, la persecución previa ya tenía un objetivo claro, ante la imposibilidad de eludir su secuestro Chironi decidió presentarse ante el propio Forchetti y allí perdió la libertad. Esto fue el 13 de diciembre del 76, aproximadamente a las 18 horas, cuando quedó bajo el poder de Forchetti.

Hay al respecto documentación en la causa donde se informó que en el libro de detenidos que luego destruyeron y no se pudo aportar a la causa, donde el jefe de la delegación Viedma ern el año 85 constató y así informó a la causa que Eduardo Mario Chironi ingresó detenido a disposición del V cuerpo de Ejército el 13 de diciembre del 76 y como personal que lo detuvo consta el comisario Forchetti.

Tras dos días de estar secuestrado en ese lugar, Eduardo Chironi fue trasladado en un Falcon verde conducido por Abelleira, en principio rumbo al aeropuerto de Viedma donde le fue bloqueada la vista y, a partir de allí, fue vendado, encapuchado, tirado en la parte de atrás de un vehículo y traído a Bahía Blanca. Al ser descendido del auto Chironi alcanzó a ver que estaba en una dependencia militar y recordó haber visto un cartel del Estado Mayor del V Cuerpo, concretamente del Departamento de Logística.

Al día siguiente de estar ahí, luego de un trayecto corto, fue ingresado a La Escuelita. En tanto que Abel, el otro secuestrado que fue trasladado por Abelleira en ese viaje a Bahía Blanca, fue directamente llevado a La Escuelita sin paso por el Estado Mayor del V Cuerpo.

En La Escuelita Eduardo Chironi continuó vendado y atado, sometido a torturas permanentes, fue una de las personas, si bien es difícil establecer grados, los testigos han coincidido que fue una de las personas más torturadas en ese lugar al punto que en algunas oportunidades perdía el conocimiento y deliraba como consecuencia de las torturas que le aplicaban en ese lugar. De eso dio cuenta Rial, Meilán, García Sierra y Monje. Y también como ha sido mencionado, a partir de la información que le arrancaban en la tortura, luego la inteligencia la comunicaba al grupo de tareas de Viedma a cargo de Forchetti, quien junto con Carlos Alberto Contreras, otro de los acusados de este juicio, intentaban corroborar y sacar frutos de esa tortura allanando los domicilios, en principio de los padres de Cristina Cévoli, o del propio Chironi en busca de corroborar información y lo que nos da cuenta también de un claro ejemplo de cómo la tortura estaba dirigida a continuar con la represión y como los grupos operativos, en este caso de la Policía Federal de Viedma, era la que consumaba y constataba, en este caso con violaciones de domicilio y con una actuación claramente enmarcada en el plan represivo.

Chironi estuvo cautivo en el centro clandestino hasta el 24 de diciembre del 76 cuando fue llevado a la unidad 4 de Villa Floresta. Cuando ingresó su estado de salud era muy grave, tuvo tres paros cardíacos en ese lugar sin que Selaya, que era el director jefe de la cárcel y responsable de las condiciones en que tenía a las personas encerradas en ese lugar, haya dispuesto alguna atención médica en atención a este estado de salud extremo y lindante con la muerte que padeció Chironi que se ha salvado únicamente por reacciones de su propio organismo y no porque haya recibido algún tipo de atención. De esto dieron cuenta en el debate Robinson, Monje, Madina Fresco, Ayala, Bertani también declaró ante el tribunal con quien compartía celda. También fue reconocido por el médico de la cárcel Gerardo Rodríguez quien en ese momento se desempeñaba en sanidad de la unidad penal 4.

Si bien el 24 de diciembre Chironi entró a la cárcel, su familia supo de esto tres días después, lo cual no deja de ser un dato revelador porque Selaya a la inteligencia, a la comunidad informativa, lo nutría en el mismo día que se producían los ingresos. Es decir, la prioridad de la jefatura de cárcel tanto en el 76 como en el 77 fue, en primer término y como actividad prioritaria, informar a la comunidad informativa. Luego los detenidos tenían que arreglarse como podían para comunicar que estaban en algún lugar y lo hacían generalmente días después, o veremos algunos otros secuestrados que por carta y tardaban 15 días en comunicarse con sus familias. Sin embargo la inteligencia recibía de modo inmediato la información por parte de las jefaturas de la cárcel.

La familia cuando lo vio el 31 de diciembre no lo reconoció a partir del estado que presentaba. Dijeron que estaba irreconocible, golpeado y con los ojos hinchados, con quemaduras y que apenas podía caminar. La familia y concretamente Cristina Cévoli su mujer, declaró que cada visita significaba para ellos el sometimiento a situaciones vejatorias en la requisa por parte del personal penitenciario.

Chironi fue otro de los trasladados el 22 de agosto del 77 desde Villa Floresta hacia Rawson y veremos al fundamental las responsabilidades que ese traslado fue ordenado, está la firma de él en la causa, por Hugo Fantoni. La fecha y la oportunidad fue determinada por Hugo Jorge Delme, jefe de Registro y Enlace, también veremos luego su firma, y fue Miraglia quien dispuso los medios y el personal para ejecutar ese traslado que se realizó en condiciones de tormento con personas vendadas, atadas y sometidas continuamente a maltrato. Si bien el ingreso de Chironi a la unidad4 fue el 24 de diciembre, el decreto por el cual pasa a estará a disposición del Poder Ejecutivo fue del 3 de enero del 77.

Durante todo el tiempo que Eduardo Chironi permaneció secuestrado y desaparecido su familia intentó hacer gestiones para dar con él e incluso llegó a hablar con Catuzzi quien mencionó la frase que ya fue analizada de "el sufrimiento de él lo purificará". Remarco que como consecuencia de las graves torturas que padeció Eduardo Chironi se le produjeron lesiones gravísimas. En el año 83, es decir, no cesaron con su libertad ni con el cese del maltrato sino que en el 83 se le extirpó un testículo a causa del trauma que le produjeron en su organismo las golpizas y la aplicación en ese lugar de picana eléctrica y a raíz de una quebradura de una costilla, lesión que nunca fue tratada mientras estuvo privado de libertad, se le produjo una fibrosis pulmonar lo que derivó en un cáncer que determinó que el 23 de septiembre del 2008 Eduardo Chironi muriera.

Fueron también llevadas durante el tiempo en que vivía Eduardo, en su cuerpo las marcas de las quemaduras en la espalda, las heridas en el maxilar y también cortaduras en las muñecas producto de las ataduras durante su cautiverio.

Los hechos fueron corroborados con las propias declaraciones de la víctima incorporadas al debate, el testimonio de Cristina Cévoli, de Fernando Chironi, de Miguel Ángel Bermejo. La prueba documental: expte. 17 de la Cámara Federal; el 86/2 de la Cámara; el decreto PEN por el que pasa a estar a disposición; el legajo Conadep 473; la ficha individual de cárcel y agrego como dato de interés una carta de puño y letra de Osvaldo Bernardino Páez que le envió a la familia Chironi el 12 de mayo del 2008. Allí Páez, desde Campo de Mayo, le dice a Juan Fernando Chironi, entre otros párrafos, estos son los de interés en el debate, que en mayo de 2007 el juez Álvarez Canale me hizo leer la denuncia de Víctor Benamo quien manifestó las torturas recibidas y dice Páez al respecto "lamentablemente los responsables o están muertos o están impedidos de declarar". En este debate hemos visto como se ubicó a Páez en la sala de tortura donde estaba recluido Benamo. Es decir, no es cierto que los responsables estén muertos o estén impedidos, Páez es el responsable directo de esas torturas, pese a lo que dice en esta carta. Luego Páez dice "siempre he manifestado que la población civil sabía más de lo que pasaba en el lugar de detención que nosotros que estábamos enclaustrados en nuestro trabajo" y define a su familia, a la propia situación de Páez y a la familia de Chironi, como "dos familias afectadas por esta guerra entre hermanos, que como tal, por ahora, no le veo solución". También menciona Páez allí la planificación, dice "recuerdo la planificación de la Operación Trigo, realizada a pedido de los agricultores de la zona triguera de Buenos Aires amenazados por los Montoneros de que le iban a quemar los campos". Es decir, recuerda bien Páez la planificación de esos operativos en esta carta y, sobre todo, resalta que son familias la de Chironi, y Páez mismo se pone en víctima, afectadas por una guerra entre hermanos a la que no le ve solución en el año 2008.

Luego documentación de inteligencia, está la ficha de Eduardo Mario Chironi ante la Dirección de Inteligencia de la policía de la provincia de buenos Aires donde es catalogado como delincuente subversivo. Hay un seguimiento posterior del año 82 donde también se lo ubica a Eduardo Chironi con cada uno de sus antecedentes e, incluso en ese año, con su domicilio, la patente de su auto, la escuela donde da clases su mujer. Luego en la ficha de Jorge Antonio Abel figura como un asiento sin fecha que Jorge Abel estaría vinculado a Jorge Entraigas, otro de los secuestrados de Viedma, profesor de historia e integrante del grupo Chironi. Es decir, lo ubican como responsable de algún grupo político.

Luego en el 79 hay documentación de inteligencia que como factor político lo sindica como montonero y esa documentación que está en pantalla, donde se habla de un factor político en Carmen de Patagones y Viedma, a raíz de el relevamiento de quién era Fernando Chironi el hermano de la víctima, hicieron constar "hermano de Eduardo Mario Chironi, montonero". Es decir, los registros de la inteligencia seguían dando sus frutos años después.

Luego también como información de inteligencia vemos la comunicación que hizo Héctor Selaya del ingreso de Eduardo Mario Chironi, entre otros, a la unidad 4 y la comunicación estrictamente confidencial y secreta al jefe de contrainteligencia de la Prefectura Naval Argentina, al mismo tiempo que informaba en ese mismo documento de libertades e ingreso. Es decir, había un reporte permanente producto evidentemente de un acuerdo previo donde esta información que fluía desde el servicio penitenciario y concretamente desde la decisión de este jefe de unidad hacia los organismos de inteligencia a partir de obviamente el interés que podían tener en seguir ubicando donde estaba la víctima y que información podía llegar a tener.

En síntesis, se ha probado en el juicio que Chironi fue secuestrado el 13 de diciembre del 76 en dependencia de la policía Federal de Viedma por entonces a cargo de Vicente Forchetti, trasladado al V Cuerpo de Ejército el 5 de diciembre de ese año. Ingresado a La Escuelita donde fue interrogado y sometido a torturas hasta el 24 de diciembre en que fue trasladado a la cárcel de Villa Floresta donde entró con un estado deplorable de salud y fue trasladado el 22 de agosto del 77 a Rawson y recién recuperó su libertad en marzo del 78.

Paso ahora a describir el caso de Oscar Amílcar Bermúdez. Fue secuestrado también en Viedma el 7 de enero del 77 alrededor de las seis de la mañana cuando iba a su trabajo. Fue interceptado por tres personas que lo detuvieron y de los tres secuestradores que consumaron el secuestro reconoció a dos de ellos: el comisario Vicente Forchetti y el suboficial Carlos Contreras. Ambos se subieron al camión en que iba circulando Bermúdez. Forchetti tras reducirlo le puso algodones en los ojos, los vendó y esposó y a partir de allí el camión fue manejado por otro de los agentes del operativo que era Contreras. Lo llevaron hasta cercanías del aeropuerto de Viedma donde fue pasado a otro vehículo.

En esa oportunidad pese a que Bermúdez los identificó precisamente, tanto Forchetti como contreras le decían que ellos eran miembros de la Triple A y que venían operando desde el sur. En cercanías de ese aeropuerto lo pasaron a una camioneta, lo cubrieron con una manta y desde allí fue trasladado hasta la guardia del V Cuerpo de Ejército desde donde fue derivado al centro clandestino La Escuelita.

Desde el ingreso mismo a La Escuelita como ocurría en todos los casos, fue torturado e interrogado y el primer lugar donde lo tiran en ese lugar fue al lado de Oscar Meilán a quien pudo reconocer. También tomó contacto allí con Darío Rossi, quien estaba secuestrado desde antes, a quien Bermúdez recordó preguntando por su esposa Esperanza Martínez y por su hija Carola a quienes hacía mucho tiempo ya Rossi no veía y a quienes no volvería a ver.

Debajo del camastro donde fue colocado, donde fue atado Rossi, refirió Bermúdez que estaban Eduardo Álvarez y también José Luis Gon. En las sesiones de tortura, como la mayoría de los secuestrados, Bermúdez reconoció al alias el Tío, es decir, el suboficial Cruciani de la primera sección de Ejecución del Destacamento de Inteligencia y al alias Laucha, Julián Corres del Departamento II Inteligencia del V cuerpo.

Durante el cautiverio en La Escuelita a Bermúdez le hicieron firmar papeles en blanco que nunca supo qué contenido tenía y sufrió continuamente además de las sesiones de torturas, golpees, latigazos, simulacros de fusilamientos.

Tanto el secuestro como la desaparición de Bermúdez fueron acreditados por Celestino Fernández ante el tribunal y Noemí Bringue. Por su parte en el cautiverio fue percibido por Oscar Meilán y Madina Fresco. Su salida de ese lugar fue junto con Villarroel, Crespo y Meilán. Primero fueron amenazados para que no dijeran lo que habían vivido allí y a partir de allí comenzó el traslado a la cárcel.

A Villa Floresta llegó el 17 de enero del 77 y desde ese momento quedó bajo el control de Leonardo Nuñez, un oficial del servicio penitenciario ante quien le quitaron las vendas. Fue puesto a disposición del Poder Ejecutivo el 19 de enero, es decir, dos días después de haber ingresado. Recién 15 días después pudo avisarle por carta a su familia que estaba en ese lugar pese a que, insisto, los jefes de la cárcel al circuito de inteligencia lo nutrían en el mismo día.

Noemí Bringue, entonces esposa de Oscar Bermúdez, dio cuenta de las vejaciones que el personal penitenciario le aplicaba en las visitas y también de las gestiones que personalmente realizó para averiguar dónde estaba y cuando iba a ser liberado, ante el V Cuerpo de Ejército donde era atendida por Hugo Delme quien como hemos visto firmaba luego las liberaciones. No es casual que haya sido quien atendía y quien gestionaba y administraba la información a los familiares sobre todo teniendo en cuenta que él tenía el registro de quién estaba en La Escuelita, quien estaba en la cárcel, hasta qué momento iba a estar y cuál era la versión que iba a dar el Ejército ante los familiares que estaban angustiados por sus allegados privados de libertad. Esta actuación, por un lado publica y por el otro secreta de Delme se complementa perfectamente con las versiones de los testigos y documentos que van siendo exhibidos.

Dentro de la cárcel, una vez que estuvo alojado en el pabellón de presos políticos e internos especiales, Bermúdez fue sometido también allí a sesiones de interrogación y torturas. El oficial Nuñez, era ayudante de Miraglia en ese entonces, lo sacó de la celda, lo llevó a su propia oficina donde fue interrogado primero encapuchado y luego interrogado en las oficinas de la unidad 4. Refirió Bermúdez ante el tribunal que el interrogador ante el cual, una vez que estuvo encapuchado, lo dejó Nuñez fue Corres, el mismo del centro clandestino. Es decir, que durante la jefatura de Miraglia, los interrogadores del Departamento II Inteligencia tenían la cárcel a disposición y los detenidos también para seguir interrogando algún dato que quisieran corroborar.

El 20 de abril del 77 Bermúdez fue trasladado a la cárcel de Rawson y recuperó su libertad el 23 de diciembre del 78. Es decir, estuvo más de dos años privado de libertad.

Menciono como prueba que documenta el caso el expte. 12 de la Cámara Federal, el 86/4 de la Cámara y la documentación de inteligencia relacionada con este caso da cuenta que desde el año 71 Bermúdez integraba las fichas de inteligencia. Primero la inteligencia detectó que era bibliotecario en la Universidad Nacional del Sur. Luego en el 75 fue uno de los cesanteados por Remus Tetu. Vemos la ficha de inteligencia de la Dipba ya desde el año 75 nuevamente con el domicilio que tenía aquí en Bahía Blanca y esa cesantía del año 75 que mencioné recién es lo que, según relató Bermúdez, fue lo que lo llevó a radicarse en Viedma para tratar de resguardar su libertad o su vida.

Luego en la misma ficha Dipba consta que en la mesa DS hay un asiento de Bermúdez donde dice que el 19 de enero del 77 pasó a disposición del PEN por una actuación en Montoneros de Viedma. En otro de los documentos Bermúdez deja de ser montonero y para la inteligencia pasa a ser considerado trotskista, es decir, había una variación antojadiza de los rótulos constante, en el caso de Bermúdez es muy clara, pasa de uno a otro sector según el día del informe pero siempre dentro de las agrupaciones consideradas enemigas que iban a ser blanco de ataque.

En otra de las fichas consta, allí está en pantalla, todos sus datos personales y en esa es considerado trotskista en el ámbito que actúa y se desempeñaba por entonces como empleado administrativo y lo relaciones la inteligencia con la actuación del ERP. En ese mismo documento son mencionados Del Río y Bombara por ejemplo.

Luego, en otra de las documentaciones vemos que el 17 de enero del 77 Andrés Reynaldo Miraglia le comunica al Departamento II Inteligencia, es decir, el mismo día que ingresa Bermúdez que tardó 15 días en poder informarle a la familia que estaba en ese lugar. Andrés Reynaldo Miraglia le informa al Departamento II Inteligencia que Bermúdez está en la cárcel. Ahí tenemos nuevamente un ejemplo de cómo Miraglia nutría el circuito de inteligencia y no era una comunicación a cualquier organismo sino al Departamento II que estaba a cargo de Álvarez con Tejada como jefe de la división.

Diez días más tarde de esa comunicación Andrés Reynaldo Miraglia sigue enviando comunicaciones, esta vez a la división inteligencia del servicio correccional donde ya manda fotos y negativos de los internos subversivos, dice, entre los cuales está además de Crespo, Oscar Bermúdez.

Es interesante como en la ficha de la unidad 4, en la que han confeccionado cuando ingresa Bermúdez, consta la fecha del secuestro, el 7 de enero. Es decir, la información del día en que Bermúdez fue secuestrado, lejos de perderse y de ser una circunstancia ajena al servicio penitenciario, uno supondría que la fecha que debía constar si era una actuación legal del servicio penitencia es el pase a disposición del Pen, por el contrario, consta la fecha del secuestro, es decir, la fecha de una actuación del Estado clandestino que era registrada incluso y llegaba a conocimiento del servicio penitenciario. Luego Bermúdez sigue siendo fichado, en el año 84 por ejemplo integran una lista con Chironi y Crespo, no solo fichado, sino que lo sigue relacionando con víctimas del Terrorismo de Estado. En el mismo informe mencionan a Voitzuk, a Orlando Luis Stirneman, a Ramón Torres Molina por ejemplo, es decir, hubo un seguimiento previo a su secuestro y posterior a partir de la información que le han ido arrancando en la tortura.

Por último menciono que en la audiencia el propio Bermúdez reconoció a Forchetti y a Contreras, lo había hecho ya en el año 85 durante un careo.

En síntesis cierro el caso diciendo que se acreditaron las circunstancias del secuestro el 7 de enero del 77, su traslado a Bahía Blanca, su permanencia en La Escuelita, las condiciones en las que permaneció cautivo en ese lugar, su traslado a Villa Floresta, los interrogatorios y tormentos que allí le aplicaron y el traslado a Rawson en abril del 77 hasta su liberación en diciembre del 78.

Juez Jorge Ferro: Señor fiscal el tribunal va a hacer un cuarto intermedio de 15 minutos.

(Cuarto intermedio).

Juez Jorge Ferro: Señor fiscal continúe con el uso de la palabra.

Fiscal Abel Córdoba: Bien, voy a continuar con el alegato del caso de Oscar José Meilán y Vilma Diana Rial. Ambas personas fueron secuestradas en las primeras horas del 2 de diciembre de 1976 en su domicilio de Carmen de Patagones por el grupo de tareas de la Policía Federal Argentina delegación Viedma cuando ellos regresaban junto a sus dos hijos pequeños de un encuentro con amigos.

Al acercarse ya a su domicilio detectaron movimientos en la oscuridad y la presencia de vehículos que no eran habituales, con lo cual era ya un inminente su secuestro y eran los preparativos del hecho que terminaría para Oscar Meilán dos años y medio después cuando recuperaría la libertad.

El grupo de tareas ejecutó el secuestro Oscar Meilán declaró que conocía a los secuestradores, dijo textualmente "eran los muchachos de la Federal", y entre ellos ubicó a Héctor Gonçalvez a quien conocía desde Viedma. Esa misma noche y tras ser secuestrado ambos, Meilán y Diana Rial, los hijos del matrimonio de corta edad quedaron abandonados dentro del auto en marcha y fueron encontrados por amigos horas después.

Una vez que fueron reducidos, Meilán y Rial fueron encapuchados y subidos a un vehículo, llevados hasta un descampado e insisto, Héctor Gonçalvez era quien sujetaba a Oscar Meilán, lo llevaron a un descampado cerca del aeropuerto de Viedma nuevamente y lo sometieron a un simulacro de fusilamiento. Desde allí lo llevaron a la delegación Viedma de la Policía Federal, los pasaron a otro vehículo y se inicia un camino de varias horas hasta La Escuelita de esta ciudad.

En el caso de Oscar Meilán cuando lo ingresan a La Escuelita lo atan a una especie de elástico estaqueado y allí comenzó inmediatamente a ser torturado. Al mismo tiempo escuchó gritos de su esposa que también era sometida a la tortura, estos padecimientos eran relatados por casi todas las víctimas como la peor tortura que recibían en ese lugar, escuchar la tortura de personas cercanas e incluso de personas desconocidas. Para Oscar Meilán las torturas fueron permanentes en el centro clandestino. Golpes, patadas, simulacros de fusilamiento nuevamente. Lauretti, otro de los secuestrados, contó que en una ocasión le daban golpes, el pudo contar 147 azotes que le dieron.

En los interrogatorios Oscar Meilán volvió a ubicar al personal de inteligencia alias el Tío y al alias Laucha, es decir, Cruciani y Corres. Y con su testimonio Meilán reconoció allí a los alumnos y al profesor de la ENET, a Eduardo Chironi, a Luis García Sierra, a Oscar Bermúdez, a Darío Rossi y también a una embarazada, Graciela Izurieta.

Por su parte las torturas y padecimientos que sufrió Meilán fueron probados por los testimonios de Bermúdez, Lauretti, Crespo y Abel. Estuvo en el centro clandestino hasta el 17 de enero del 77 cuando fue trasladado a Villa Floresta. Este traslado estuvo a cargo del enlace entre el centro clandestino y la unidad4 Leonardo Luis Nuñez y lo efectuaron junto con Meilán, Crespo, Bermúdez y Villarroel en el asiento trasero de un auto donde los llevaron apilados y una vez ingresados a la cárcel, donde ingresaron vendados y en las condiciones en que estaban, recién allí les sacaron las vendas y los desataron. Es decir, hubo trayectos donde bajo el dominio del servicio penitenciario, concretamente de Nuñez, estas personas continuaban vendadas, atadas y sometidas a los mismos tormentos, obviamente sumados a lo que significaba en ese contexto afrontar un traslado que era de incertidumbre acerca de la muerte o la suerte que iban a correr.

El decreto de puesta a disposición del PEN es del 19 de enero del 77 para el caso de Meilán y al igual que ocurrió con Crespo, Bermúdez, Monje, Chironi y Ruiz, Oscar Meilán fue interrogado dentro de la unidad 4, la modalidad fue la misma: Leonardo Nuñez se presentaba en la celda, lo sacaba de allí, lo llevaba a una oficina, lo encapuchaba y ahí comenzaba el interrogatorio por parte de la inteligencia del Ejército que había actuado antes en La Escuelita.

Como el resto de los detenidos el 22 de agosto del 77 fue trasladado a Rawson y finamente las autoridades del V cuerpo de Ejército resuelven liberarlo el 11 de mayo del 79. Es decir, estuvo dos años y medio privado de libertad, primero en centro clandestino y luego en el sistema penitenciario.

En cuanto a documentación de este caso hay una ficha de antecedentes de Oscar José Meilán, alias Oscar, es decir, el alias era su nombre. El que le asigna la inteligencia al lado, se ve transcripto al lado del nombre, muy alta peligrosidad, en manuscrito. Y lo cataloga la inteligencia con una ideología de izquierda y que fue detenido por fuerzas legales. Toda la información de esta ficha de inteligencia que comienza en marzo del 76 y va hasta marzo del 79 distingue en cada uno de los asientos que tiene de la actividad de Meilán cuál es el origen de la información y, en todos los casos, el origen es la actividad del Destacamento de Inteligencia 181. Allí se ve en cada uno de los asientos que el origen era el Destacamento 181 del cual todos los acusados aquí presentes, Condal, Taffarel y Granada, han dicho que era una unidad ajena a la lucha contra la subversión y que se ocupaban del conflicto posible con Chile.

Esta y numerosa documentación da cuenta de que eso es falso y que no solo no se ocupaban de eso sino que se ocupaban del seguimiento de lo que ellos llamaba el enemigo subversivo.

El asiento de esta ficha comienza con la vinculación de Oscar Meilán con Crespo, Ayala, García Sierra, es decir, toda la serie de víctimas que hubo en esta causa, también con José Antonio Garza, otra de las víctimas de la dictadura. Y lo que le atribuyen en junio del 76 es haber participado en una panfleteada, haber recibido una revista, haber tenido contacto con Oscar Bermúdez. Y luego está la descripción de cada uno de los conclaves donde lo presidía el comandante de subzona 51 donde participaba el GI del Estado Mayor y también la asesoría jurídica del V Cuerpo de Ejército,. Ahí también se habla de la alta peligrosidad que ellos consideraban suficiente para seguir privando de la libertad a Meilán.

Otra documentación de esta causa, enumero, es el expte. 15 de la Cámara Federal; el 86/3 de la Cámara de Apelaciones; el decreto del PEN 89/77; la ficha individual de la unidad 4; el legajo Conadep con la denuncia de la víctima y también obra la documentación de inteligencia, la ficha de Carlos Principi en la cual, en el asiento de octubre y noviembre del 76 se lo vincula a Principi con Oscar Meilán y también a estos, a Meilán, García Sierra, Crespo y Bermúdez con la actividad de María Elena Romero, víctima también de esta causa, y con otros alias que le asignaban a otras víctimas de esta causa como por ejemplo, Daniel Hidalgo.

Luego están las fichas de Dipba donde es catalogado como delincuente subversivo y entre los antecedentes sociales, la inteligencia de la policía bonaerense ponía "secuestrado".

En síntesis, con la prueba enumerada queda acreditado que Meilán fue secuestrado junto a Vilma Diana Rial de Meilán el 2 de diciembre del 76, alojados provisoriamente ya secuestrados y reducidos en la delegación Viedma de la Policía Federal Argentina a cargo de Vicente Forchetti y luego trasladado al centro de detención La Escuelita donde fue torturado hasta su egreso el 17 de enero del 77 en que fue llevado a la cárcel de Villa Floresta donde nuevamente fue interrogado y torturado por personal que interrogaba en La Escuelita, trasladado a Rawson el 22 de agosto y luego recuperó su libertad en mayo del 79.

Por su parte, el relato de Vilma Rial es conteste con el hecho relatado con Oscar Meilán. Ella declaró y así queda probado que una vez que estuvieron reducidos ambos, y que ya le habían hecho un simulacro de fusilamiento, en la delegación de la Policía Federal el comisaría Vicente Forchetti se sentó a su lado, mientras ella ya estaba reducida y en cautiverio, en el vehículo donde los habían secuestrado. Allí le ató las manos Forchetti y a partir de ahí pasó a otro vehículo y comenzó el camino hacia La Escuelita de Bahía Blanca.

Durante el cautiverio, Vilma Rial escuchó que estaban cautivos Mario Crespo, Eduardo Chironi, Villarroel, un conscripto, Graciela Izurieta embarazada, Fernando Jara de quien refirió como la persona que tenía fecha para la muerte, al que escuchó cómo lo sacaban de ese lugar para fusilarlo, Jorge Abel y alumnos de la ENET.

Luego de ser ingresada al centro clandestino y tras ser depositada en una habitación alguno de los guardias la llevó a la sala de torturas, la desnudó, la ató a una cama de fierro y la interrogó aplicándole electricidad en su cuerpo. Los que interrogaban era Tío y Laucha, al igual que han referido el resto de los cautivos.

Luego los días para Vilma Diana Rial pasaron escuchando la tortura de otras personas y también durante todo ese tiempo desconociendo qué había sido de sus hijos que habían sido abandonados, al igual que le pasaba a Oscar Meilán. Cuando Rial le preguntaba al interrogador Laucha del Departamento de Inteligencia qué había pasado con sus hijos, este le respondía "la gente de la orga se encargó de ellos, los buscó".

La liberación de Rial fue el 23 de diciembre del 76 y el día anterior Corres le dijo que la iban a liberar y Vilma Diana Rial reconoció que quienes la sacan del centro clandestino en una camioneta y la llevan hacia la terminal de ómnibus de Bahía Blanca fueron Julián Oscar Corres y Mario Carlos Antonio Méndez, otro de los acusados en este juicio que lejos de estar ajeno a la actividad del centro clandestino y aunque no sea una circunstancia llamativa, dado que se ha corroborado su participación en diferentes instancias de otros hechos, también tenía intervención en la liberación de las víctimas del centro clandestino directamente.

Tanto Méndez como Corres, relató Rial, le advirtieron que tuviera cuidado con lo que iba a decir que había pasado ahí porque su marido quedaba cautivo bajo el poder de ellos.

Una vez que llegó a Viedma tuvo que ir a hablar con Forchetti, con el comisario de la Federal, quien se iba a encargar de corroborar si cumplía las condiciones que le habían impuesto los captores en Bahía blanca. También le preguntó dónde había estado, qué le había pasado como si fuera esta una circunstancia del accionar ilícito de Forchetti y del grupo a su cargo.

También una vez liberada y ya en Viedma, Vilma Rial tomó conocimiento por parte de María de los Ángeles Migone, quien declaró ante el tribunal que la noche que ellos fueron secuestrados, Abelleira había anunciado que iba a participar de un operativo y esa misma noche los secuestraron a ellos y abandonaron a sus hijos. De modo que esa mención, según relató la propia Vilma Rial, le permitió concluir que otro de los que estuvo esa noche fue Héctor Jorge Abelleira.

Los testimonios de Wenceslao Ariscuren, Gunardo Pedersen, María de los Ángeles Migone y Mirta Sarrabaitía dieron cuenta de las gestiones que realizaron para determinar la ubicación del matrimonio durante la desaparición y también de la responsabilidad de Abelleira en el caso que es directa por haber intervenido de modo inmediato en los secuestros.

Con las declaraciones de Gloria Rial y Edgardo Rial incorporadas por lectura se acreditó también el modo en que la familia halló a los hijos de corta edad y obra también la presentación del habeas corpus por parte de la hermana de la víctima, rechazado en febrero del 77 por Guillermo Madueño, un mes después de su presentación.

La prueba se completa con el expte. 159 del juzgado federal de Viedma; el 894 del juzgado federal de Bahía Blanca y obra un memorando de inteligencia que vamos a exhibir en pantalla, datado en la ciudad de Carmen de Patagones, como factor político, en el cual durante el cautiverio, al menos de las víctimas, de Oscar Meilán, se habla de la actividad de Jorge Abel y lo mencionan como no ajeno al accionar de infiltración marxista, en relación estrecha con el matrimonio formado por Oscar Meilán, quien es indicado como activista de infiltración y Vilma Diana Rial, la víctima de 23 años de edad, de quien dice la inteligencia en ese momento desconocía el paradero. Era el tiempo donde estaban cautivos en el centro clandestino.

En síntesis quedó probado entonces que Vilma diana Rial de Meilán fue secuestrada el 2 de diciembre del 76 junto a su esposo en Carmen de Patagones, llevada a la delegación Viedma de la Policía Federal y desde allí trasladada al centro clandestino de detención La Escuelita donde fue torturada e interrogada y recuperó su libertad el 23 de diciembre del 76.

Tanto una como otra víctima, participaron de la inspección ocular que el tribunal ordenó en el predio del V Cuerpo y ambos reconocieron los restos visibles del lugar donde habían estado cautivos que es conocido como La Escuelita.

Fiscal Horacio Azzolin: Lo sucedido con los hijos del matrimonio Meilán, Guadalupe y Sebastián, lo consideramos un hecho aparte y así fue requerido al momento de pedir la elevación a juicio de la causa. Como mencionó el dr. Córdoba recién, Guadalupe tenía cuatro meses de edad y Sebastián un año y tres meses. Iban en el auto con sus [padre cuando fueron secuestrados por miembros de la delegación Viedma de la Policía Federal y fueron dejados en el interior del vehículo en las primeras horas del 2 de diciembre del 76. Recién a las tres de la mañana de ese mismo día, Daniel Maciotti y Jorge Antonio Abel advirtieron que el Fiat 128 del matrimonio estaba con luces encendidas en las proximidades de la casa, por lo que se acercaron y descubrieron a los niños adentro con la calefacción encendida en pleno diciembre.

Tomaron a las criaturas y la llevaron a la casa de los abuelos maternos, al cuidado de quienes se quedaron hasta que Diana Rial recuperó la libertad conforme se indicó recién. Según surge de los testimonios del debate los niños estaban abandonados en el lugar con una imposibilidad absoluta de valerse por sus propios medios que, fundamentalmente Guadalupe, ni siquiera se movía.

También queda claro, y esto fue mencionado por el dr. Córdoba, que gran parte de la preocupación de los padres era saber el destino de los niños que fue conocido tiempo después. Y la situación de abandono también fue abordada en el debate por los testimonios de Mirta Sarrabaitía, Aurora Moreno, Gloria Rial, Jorge Serrano, José Miguel Maciotti, Hilda Queirolo, Jorge Abel y Daniel Maciotti también.

El abandono a su suerte de los niños constituye a criterio de la Fiscalía un hecho independiente por los cuales los imputados Forchetti, Gonçalvez y Abelleira deberán responder oportunamente.

Fiscal Abel Córdoba: Paso a relatar ahora el caso de Julio Alberto Ruiz, Rubén Ruiz y Pablo Victorio Bohoslavsky. Los tres fueron secuestrados en el marco de un mismo operativo desarrollado durante varios días del grupo de tareas del Ejército que abarcó dos domicilios. En esos operativos fueron secuestrados las tres víctimas pero la consideración de las víctimas globales de este caso abarcan a Rubén Ruiz y luego a su esposa que fue secuestrada un año después; Pablo Bohoslavsky y Haydee Gentili que fue secuestrada en esos días; y Julio Ruiz, y luego veremos con la documentación de inteligencia que su esposa Perla Barnes también fue perseguida durante esos días.

Está documentado que el grupo de tareas que actuó en ese caso fue el equipo de Lucha contra la Subversión que estaba organizado en el Departamento III Operaciones, a cargo de Bayón en eso días, y cuya jefatura ejercía el entonces mayor Emilio Ibarra. Tras el secuestro, las tres víctimas fueron llevadas a La Escuelita donde fueron sometidos a torturas.

El cautiverio de ellos continuo en el Batallón de Comunicaciones, se los sometió a un consejo de guerra y finalmente fueron pasados al sistema carcelario.

La motivación de estos hechos, en la voluntad de los ejecutores, fue la persecución a la militancia política que estas víctimas tenían y en virtud de esas actividades es que fueron víctimas de esos hechos.

En el caso de Julio Ruiz es el primero de los secuestrados de estas tres víctimas. El 19 de octubre del 76 en horas del mediodía, entre el mediodía y las dos de la tarde aproximadamente, fue en el domicilio de Cacique Venancio 365. El personal que integró ese secuestro fue, entre ellos estaba Julio Manuel Santamaría, Pedro Ángel Cáceres y Emilio Fernando Ibarra. Lo fueron a buscar a él, por él preguntaban, una vez que dieron con él lo golpearon y luego comenzaron ahí mismo a interrogarlo.

Al poco tiempo de comenzado el operativo fue retirado por la fuerza del lugar, ya atado y vendado, y desde allí llevado a La Escuelita. Este procedimiento y detalles del hecho constan en el expediente del Ejército Argentino letra 5J7 Nº1040/7 Consejo de Guerra y, en ese documento, consta quienes actuaron, la fecha y el lugar del operativo. Lo que no consta obviamente es el secuestro de la víctima. Hacen constar allí en una especie de acta que concretado el ingreso al domicilio se pudo detectar la huida de las personas por los linderos posteriores. Esto veremos que será la constante y que después cuando estas víctimas son sometidas al consejo de guerra a cargo de Páez aparecen de la nada, no hay modo de determinar de qué modo han aparecido esas víctimas ante Páez. Obviamente porque se trataba de una actividad ilegal que en término penales es una privación ilegal de la libertad.

Julio Ruiz declaró ante el tribunal y dio cuenta de cada una de estas circunstancias y de los interrogatorios a los que fue sometido durante su cautiverio en La Escuelita.

A las pocas horas de este secuestro, el grupo operativo llegó a la casa de Pablo Bohoslavsky en Córdoba 67 de esta ciudad y en ese operativo participaron también Emilio Ibarra, Miguel Ángel Nilos y Jorge Horacio Rojas, los dos procesados en instancias anteriores a la oral por la participación en estos hechos.

Este grupo condujo a Bohoslavsky hacia una de las habitaciones de la casa donde fue torturado, le aplicaron electricidad ahí mismo y luego recién lo retiran en un Falcon verde. Esta circunstancia del domicilio de la víctima como espacio de tortura, creo que es la manifestación nuevamente del poder absoluto que tenían estas personas. Este domicilio queda a pocas cuadras del V Cuerpo de Ejército pero evidentemente la exhibición de poder tenía que ser absoluta por parte de estas personas y tenían que demostrar como un mensaje a Bohoslavsky, a la familia y al barrio en sí que vio cómo se desplegaba el operativo y que esa casa estuvo tomada durante varios días. Tenían que demostrar que el espacio territorial era de ellos, y que podían tomar cualquier domicilio, torturar en cualquier lado y hacer de esta ciudad un espacio de expresión de la violencia directamente aplicada sobre las víctimas. Esa es la única explicación que se encuentra cuando ya tenían organizados los centros clandestinos y todos los cuarteles disponibles a pocas cuadras, que torturen en ese lugar.

La declaración de Haydee Gentili, esposa de Bohoslavsky, corroboró cada una de las circunstancias y relató también que al ingresar el grupo armado fue encerrada en una de las habitaciones con sus dos hijos desde donde escuchaba los golpes que le daban a su marido. En ese domicilio fue interrogada por uniformados y manifestó que fue retenida durante dos días en ese lugar. Incluso el Ejército montó carpas en su casa, apareció Vilas en ese lugar.

Una vez que este operativo se iba desarrollando ella fue retirada y conducida directamente a la unidad 4 por este grupo operativo donde permaneció en cautiverio encerrado durante 15 días. Es decir, por un lado Bohoslavsky a La Escuelita y ella a la unidad 4 como otra opción de cautiverio durante 15 días.

En la documentación de la causa del consejo de guerra tampoco consta lo mismo. Consta que Bohoslavsky no estaba, el secuestro no fue asentado en esas actas. Y Pablo Bohoslavsky al igual que había pasado con Julio Ruiz fue atado a un camastro y ni bien llegó al centro clandestino, sometido a todo tipos de torturas, simulacros de fusilamientos, ahogamientos y demás.

Rubén Ruiz es el tercer secuestrado de este grupo. Fue secuestrado al llegar a la casa de Bohoslavsky donde ya se estaba desarrollando el operativo y fue mantenido dos días en ese lugar, entiendo que en la misma lógica de exhibir el poder absoluto sobre la población. Se consignó en las actas del consejo de guerra el arribo de Ruiz al momento del operativo encabezado por el jefe del Equipo de Lucha contra la Subversión y también consta allí que previo a secuestrarlo lo consultaron al Departamento II del comando del V cuerpo de Ejército. Es decir, queda rebatida también la defensa de Tejada de que le Departamento II se ocupaba de conflictos internacionales sino que estaba también en esta temática de secuestros, torturas y persecución de ciudadanos.

Las víctimas fueron dando en su testimonio las referencias, es decir, cuando Julio Ruiz estaba siendo torturado escuchó que llegaba Pablo Bohoslavsky, Bohoslavsky declaró que cuando fue llevado escuchó que ya estaba siendo torturado Julio Ruiz y a la vez Rubén Ruiz declaró que cuando llegó escuchó a los otros y las referencias son acordes y compatibles en cada uno de estos tres testimonios y también lo corrobora Juan Carlos Monje y Oscar Lede.

En ese lugar les sacaron fotos a las tres víctimas, esas fotos le fueron exhibidas a Julio Ruiz, por ejemplo, quien las reconoció. Es decir, había una integración entre la actividad del centro clandestino y luego el circuito de inteligencia por donde esas fotos, en este caso fueron halladas en el archivo de la Dipba de la inteligencia bonaerense y tras estar en La Escuelita les aplican a estas personas un traslado que consistió en un simulacro de liberación. Los sacan a ellos tres junto a Daniel Callejas, que también estaba en el centro clandestino, los llevan atados y vendados hasta el Parque de Mayo donde personal del Ejército, del Batallón de comunicaciones monta un simulacro de liberación y de recaptura o detención. Una vez que los dejan en ese parque que está a metro de los cuarteles del Batallón y del comando, los trasladan precisamente al Batallón de Comunicaciones y una vez que están allí, las víctimas declararon de modo coincidente que los estaban esperando.

A cargo del ingreso de estas personas, por llamarlo de un modo suave, de la recepción o de la continuidad del cautiverio estuvo Jorge enrique Mansueto Swendsen el jefe del Batallón 181 y jefe de área. Callejas lo definió como un oficial de alta graduación, como la persona que estuvo a cargo de ingresarlos a la jefatura del Batallón y Julio Ruiz lo reconoció directamente como el teniente coronel Mansueto Swendsen.

El ingreso en condición de cautiverio de estas personas y la permanencia en ese lugar fue reconocida por el propio imputado quien, sin embargo, se refirió a que solo los vio en ese lugar, como si hubiera divisado algo que dentro del Batallón era ajeno a su jefatura. Y también dijo que han dormido en la misma unidad como si el cautiverio no le diera un cariz de ilegalidad a esa permanencia que implica el cautiverio. La permanencia común entre el verdugo y la víctima, pero la permanencia obviamente tiene una repercusión para la ley penal que implica una responsabilidad de quien es el autor y quien domina ese hecho.

La continuidad de esos cautiverios le fue comunicada a las cuatro víctimas y les dijeron en ese momento que iban a estar ahí hasta que se efectuaran las averiguaciones correspondientes. Para ese momento ya llevaban un mes de cautiverio. El lugar donde los depositaron fue la propia jefatura del Batallón de Comunicaciones, es decir, no existe, estaban ubicados debajo de la oficina de Mansueto, no existe la más mínima posibilidad de que no haya conocido cada uno de los detalles de esos hechos, pero en ese caso la actividad de Mansueto excede en mucho el conocimiento. Fue el que en carácter de jefe de área dispuso el cautiverio, la continuidad y cada una de las modalidades con que se ejecutaron esos hechos, al menos, desde ese momento en el cual las tres víctimas que están en juzgamiento más Daniel Callejas estuvieron secuestradas debajo de su oficina. Hemos estado en ese edificio y hemos visto como para entrar o salir de su oficina Mansueto tenía que pasar delante de las personas que estuvieron en ese lugar.

Durante el periodo que estuvieron secuestrados en el Batallón de Comunicaciones las víctimas fueron sometidas a un simulacro de justicia a cargo de Páez, de García Moreno, es decir, hay una actuación de los oficiales del V Cuerpo y permanecieron nuevamente incomunicados en ese lugar, sujetos al poder absoluto de la autoridad militar, de la jefatura de área y de subzona y en condiciones ilegales de cautiverio.

Mansueto mencionó en su indagatoria que el 10 de diciembre de ese año presenció en persona la existencia de las víctimas del Batallón, agregó que previamente habían estado detenidos en La Escuelita., es absolutamente imposible que los haya visto recién el 10 de diciembre, lo cual ya lo hace responsable, sino que los había ingresado él según declaró la propia víctima.

Por último, respecto de la actuación de Mansueto en este caso, indicó el acusado que fueron remitidos a la unidad penal el 24 de diciembre. Eso tampoco es cierto porque las víctimas estuvieron en el Batallón a cargo de Mansueto hasta el 4 de enero del 77. Es un caso donde la actuación coordinada se puede ver, de los diferentes grupos operativos y de inteligencia tanto del Ejército como de la cárcel. Es decir, en el secuestro interviene el Equipo de Lucha contra la Subversión, aparece Vilas en el operativo, Ibarra es quien tiene a cargo la jefatura de esos operativos, el Destacamento de Inteligencia con la actividad previa, el Departamento de Inteligencia con la consulta a ver si secuestraba o no a Rubén Ruiz, Mansueto como la persona que se hace cargo de retenerlos y mantenerlos cautivos desde que ellos salen de la Escuelita, Páez en la jefatura o en el ejercicio de una especie de judicatura, obviamente ilícita, para determinar cuántos años de prisión iba a considerar necesario para esas personas y luego la actuación de Nuñez, Miraglia y el servicio penitenciaria. Y todo en el mismo plano de ilegalidad.

En cuanto al consejo de guerra al que fueron sometidos estas personas, se trata de una mera coartada que han trazado los acusados, en principio para dar publicidad a la represión que estaban llevando a cabo y que está asentada en una primera ficción. Es decir, un consejo de guerra supone en primer término la ficción de que hay una guerra, no puede haber un consejo de guerra si no hay un estado previo de guerra. En este caso ya fue refutado que esa circunstancia no estaba dada y por ende, las personas no podían ser sometidas a ninguna autoridad militar durante esos años.

Las víctimas dan cuenta además de las características que tuvo esta especie de simulacro de justicia y evidenciaron la invalidez absoluta de cada una de las actuaciones que desarrollaron sobre eso y que, simplemente se utilizó una especie de forma de utilería a cargo de Páez como mecanismo de publicación de que seguían ganado una guerra que intentaban instalar desde los medios de difusión y como parte de una acción psicológica dirigida hacia la población. Es una mera variación en la modalidad de blanqueo de las víctimas, igual que ocurría con los pases a la cárcel o las operaciones que montaban para decir que la gente de la cárcel era parte de una célula extremista, para lo cual iban sacar fotos, notas y demás. El consejo de guerra es una variación de lo mismo, en el mismo plano del plan criminal.

Pablo Bohoslavsky señaló respecto de ese consejo de guerra que no tuvo posibilidad de elegir defensor, que se hizo sin pruebas, sin testigos, sin derecho de defensa alguna y dijo textualmente "estábamos enfrentando un tribunal desde nuestro punto de vista totalmente armado y decidido a condenarnos". Agregó que la condena estaba definida de antemano. Julio Ruiz dijo "yo no le daba ningún valor, no tenía ningún abogado, no pude elegirlo". Rubén Ruiz dijo "ese juicio no era real, estaba condicionado, solo en la formalidad era un juicio". Además las tres víctimas refirieron que la información que le arrancaron bajo tortura en La escuelita fue utilizada por Páez, García Moreno, Arroyo, todos los oficiales del Ejército que actuaron en ese consejo de guerra y que la utilizaron luego para dar una apariencia de fundamentación a un acto de disposición y la libertad de estos ciudadanos.

El propio Rubén Ruiz dijo en este sentido que le leían lo que él había dicho en la tortura en La Escuelita. Insisto en que en la documentación no aparece, la que labró Páez y el resto de los que actuaron en ese consejo de guerra, no aparece de dónde salen las víctimas, aparecen de la nada. Es decir, se les escapan supuestamente los operativos donde los secuestraron y aparecen luego de la nada. Sin embargo en las fojas 135 y 136 de ese consejo consta que la fecha desde la cual están privados de libertad es el 19 de octubre del 76, en una hoja llamada histórico penal, es decir, la información de la realidad se le fue colando, se le fue permeando esa ficción de datos reales como por ejemplo la fecha del secuestro.

Esta circunstancia del día desde el cual estaban privados de libertad fue reconocida por el fiscal general de las fuerzas armadas en relación a Bohoslavsky al referir en su dictamen que "no ha sido detenido el 21 de noviembre del 76 sino el 19 de octubre de ese año". Eso consta en la foja 169 de ese expediente. A su vez, fue Catuzzi quien lo informa al rectorado de la universidad como fecha de secuestro un 19 de octubre y en la planilla de antecedentes de las víctimas ante la Dipba consta también que la fecha fue el 19 de octubre del 76, desde ahí perdieron la libertad.

Respecto de las falencias que obviamente tiene esa actuación también está la imposibilidad de que Ibarra haya sido el testigo de la actuación o haya podido ser tomado en cuenta su testimonio porque era quien había consumado los secuestros y no obra en el expediente militar fotografías ni ningún elemento que dé cuenta de otra realidad que no sea la de las personas sujetas al poder del consejo de guerra. Es decir, no obran ninguna de las constancias, ni es posible corroborarlo, de los elementos que dicen haber secuestrado ni de las fotografías que luego aparecen en La nueva Provincia.

Respecto de la actuación, si bien las víctimas distinguen que no tuvieron derecho de defensa por ejemplo, la Fiscalía ahí hace una distinción. Creemos que el derecho de defensa efectivamente fue desconocido pero valorar esa circunstancia sería como decir que a quien torturan le desconocieron el derecho a declarar contra sí mismo, es lo mínimo que le están desconociendo, la gravedad es mucho mayor y está sentada en un plano de absoluta ilegalidad dado que son actos de disposición absoluta ejecutados durante la clandestinidad del cautiverio de estas víctimas. Para lo cual utilizan simplemente las formas jurídicas que ya de por sí sujetan a las personas y, como decía la doctrina clásica del derecho, la formas que dan vida al derecho, que materializan la efectividad del derecho en este caso no tenían que legalidad producir. Es decir, al estar producidas desde la ilegalidad absoluta las formas no son parte de un modo de la coartada para luego justificar las privaciones de la libertad. Del mismo modo se podría decir que los miembros del tribunal de ese consejo de guerra quizás conocían las torturas o que podrían haber ofrecido prueba o podrían haber apelado. La crítica es la misma, con personas secuestradas esas circunstancias son indistintas. No las cumplieron en esos casos. Es decir, a la disposición ilegal le imprimieron una forma parcial pero la base de la acusación con estos casos está dada por la ilegalidad absoluta de la disposición de las personas durante el cautiverio. Ahí es donde la Fiscalía se pregunta qué facultades le puede reconocer un tribunal del Estado de Derecho a Páez para aplicar penas de prisión. En todo caso lo máximo que podría hacer en el ámbito reglamentario del Ejército sería imponer una sanción a un conscripto por llevar la ropa arrugada pero no puede reconocer el tribunal del Estado de Derecho facultades legales a Osvaldo Bernandino Páez para disponer durante años de la libertad de las personas. Es un acto que un tribunal del Estado de Derecho debe condenar y sancionar penalmente por haber incurrido junto con otros oficiales del ejército en el transcurso del cautiverio de las personas de disponer durante años de la libertad de las personas y no solo eso, sino que luego desató la persecución judicial sobre ellos enviando actuaciones a la justicia federal que terminan con una especie de negociación a cargo de Madueño y su secretario en la cual, a cambio de no hacer constar las torturas que habían aplicado sobre ellos, a cambio de no hacer constar eso le cierran esa causa por infracción a la ley 20840.

Una vez que Páez decidió aplicar sanción de prisión para estas personas, para estos ciudadanos, las víctimas siguieron estando cautivos en el Batallón de Comunicaciones y desde allí llevadas a la unidad 4. Esto fue el 4 de enero del 77 y fue, consta en las fichas carcelarias, que fueron trasladados a Villa Floresta y surge también de la documentación que Héctor Luis Selaya informa inmediatamente el ingreso de las víctimas con el alcance de la condena que había determinado Páez al sistema de inteligencia.

Las declaraciones testimoniales de las víctimas dan cuenta del período que le siguió tanto al cautiverio en La Escuelita como el sometimiento al consejo de guerra fueron la continuidad del mismo cautiverio. Es decir, las víctimas fueron nuevamente, al igual que ocurrió durante el 77 en la cárcel a cargo de Miraglia, sometidas a interrogatorios. Nuevamente Nuñez va hasta la celda, lo encapucha, lo lleva hasta su oficina, que queda en el sector de la oficina de jefatura, es decir, Miraglia no solo tiene responsabilidad jerárquica en lo que hacía Nuñez sino que el acto de tortura se concreta en cercanías de su oficina, como si hiciera falta algún elemento más que lo vincule con la tortura. Y en esa oficina de Nuñez Julio Ruiz fue interrogado nuevamente al igual que en La Escuelita.

Pablo Bohoslavsky dijo que en la cárcel había un oficial de apellido Nuñez que se ufanaba de ser el enlace entre el servicio penitenciario y el Ejército y que en una oportunidad lo llevó a su oficina donde lo encapuchó, lo sometieron a interrogatorio por parte de los interrogadores del centro clandestino La Escuelita. Expresó también Pablo Bohoslavsky que esa era una situación traumática porque conocía el caso de gente que podría ser retirada de la cárcel y que había aparecido muerta en enfrentamientos fraguados.

El 22 de agosto del 77 las tres víctimas afrontaron el traslado dispuesto por Delme y Fantoni hacia Rawson y al respecto, para en una circunstancia que corrobora la responsabilidad del jefe de la unidad Miraglia en estos hechos, Julio Ruiz especificó que las vendas fueron colocadas dentro de la unidad 4, es decir, en la propia instalación de la cárcel las víctimas eran vendadas y que el traslado hasta el aeropuerto lo efectuaron rodeados con vehículos de la policía de la provincia de Buenos Aires y que el traslado estuvo a cargo del oficial Nuñez.

Luego está acreditado como ha sido mencionado que Osvaldo Páez, envía actuaciones para que se siga persiguiendo a las víctimas en virtud de la ley 20840. Y respecto de las gestiones efectuadas por las familias de las víctimas fueron acreditadas con las testimoniales de Haydee Gentile, Norma Maidana y con el expte. Ruiz Rubén sobre recurso de habeas corpus. Finalmente con las declaraciones de Maidana y Gentile quedó acreditados los daños y la persecución que se extendió a las familias y en cuanto a Maidana, la propia testigo, la esposa de Rubén Ruiz fue secuestrada en Miramar un año después del secuestro de Ruiz. La persecución ejercida sobre Perla Barnes, por entonces mujer de Julio Ruiz, está corroborada con la documentación llamada memorando 79, donde da cuenta ese documento de la Prefectura de zona del Atlántico Norte de la sección inteligencia habla de las actividades de la esposa del detenido terrorista Julio Ruiz, por información recabada por el destacamento reforzado de Rawson.

En cuanto a la documentación de inteligencia hay, hemos seleccionado alguna de toda la información que existe y dan cuenta de la difusión que se le daba en la inteligencia… allí se da cuenta de la acción, la acusación que hacían desde los órganos de inteligencia, de acción propagandística, de diferentes actividades políticas y también de panfleteadas hasta la detención de los autores en un operativo conjunto llevado a cabo, dicen, el 19 de octubre. Es decir, la inteligencia, esto es del 3 de febrero, la inteligencia al igual que el resto de los autores sabía absolutamente cual era la fecha de secuestro. El informe inicial es del 22 de octubre, tres días después del hecho.

Luego la ficha de Pablo Bohoslavsky ante la Dipba da cuenta de su catalogación como subversivo, porque está la ficha en la mesa DS, es del 3 de enero del 77, es decir, al ingresar a la unidad 4. Consta debajo de la imagen que se lo catalogaba como montonero, en otra de las informaciones se lo cataloga como perteneciente al Peronismo de Base. Era una variación que la inteligencia hacía pero siempre dentro de lo que consideraba "enemigos". En la ficha de antecedentes de Pablo Bohoslavsky hay una acusación que la inteligencia le hace del 74 de integrar el Peronismo de Base junto con Julio y Rubén Ruiz. Acá vemos como la inteligencia va configurando el contenido de las operaciones que tendrá a estas personas, de las que nuclea la inteligencia a partir de la información será luego lo que configurará la operatoria de la inteligencia respecto al mismo grupo de personas que van configurando.

La ficha de Rubén Alberto Ruiz, también de la mesa DS y el domicilio de él por parte de la inteligencia bonaerense. La ficha de Rubén Ruiz también da cuenta de que se lo vinculaba desde el 74 al resto de las víctimas con las cuales tuvo que afrontar el cautiverio durante un largo tiempo.

La ficha de Julio Ruiz también en la mesa DS. Fechada en marzo del 77 con el domicilio donde fue secuestrado. Y por último, la planilla de antecedentes de Julio Ruiz donde ocurre lo mismo, ahí vemos como la inteligencia iba entrecruzando la información en diferentes fichas y eso luego determinó que los hechos se configuraran de determinada manera por parte de las fuerzas operativas o grupos de tareas del Departamento III Operaciones del V Cuerpo.

Fiscal Horacio Azzolin: Continúo con el caso de Simón Dejter. El contó en su declaración prestada en el debate la persecución política que sufrió durante años, y en razón de esa militancia fue secuestrado en la mañana del 9 de septiembre del 76 cuando abría su carnicería en Algarrobo. La detención fue concretada por dos personas armadas pertenecientes a fuerzas militares que integraban un operativo extravagante que se había desplegado en el pueblo que implicó la ocupación con varios vehículos del sector donde se encontraba su negocio.

Dejter dio cuenta de un periplo que se inicio con el traslado en un camión militar hasta el destacamento de la policía bonaerense del pueblo donde fue encapuchado y se le ordenó que indique la ubicación de un campo aledaño donde los captores buscarían a otras personas. Este gran despliegue militar tenía como destino final secuestrar a muchas personas de Algarrobo que se concretaron ese mismo día. Junto a todas estas personas Dejter fue trasladado posteriormente a Bahía Blanca donde permaneció encapuchado dos días hasta que fue interrogado. Después pudo constatar que se encontraba en un lugar donde ensayaba la banda de música dl Batallón de Comunicaciones 181.

Dejter fue liberado el 21 de septiembre de ese mismo año cuando fue trasladado con otros vecinos de su localidad, entre ellas dos personas de apellidos Gueper y Resnicoff, en un ómnibus del Ejército que los dejó en Médanos.

El momento del secuestro y el lugar en que permaneció en cautiverio se corroboran con el testimonio de Cecilia Fikin, esposa de Dejter quien precisó con detalles lo ocurrido en su casa, al tiempo que con posterioridad pudo saber que su esposo se encontraba en el Batallón 181 aunque nunca lo pudo ver. Con relación al secuestro de Dejter testimoniaron sus compañeros Gueper y Griskan, quienes fueron alojados en el mismo lugar y período bajo estricta custodia de integrantes de la banda.

En esas instalaciones del Batallón ubicadas en el primer piso frente a la cantina, adelante se veía el patio y los pabellones donde se alojaban los conscriptos como bien pudo testificar el testigo Golub, donde se encontraban detenidas aproximadamente un centenar de personas.

Lilian Larrosa fue secuestrada y recluida en ese lugar y así dio cuenta del secuestro y posterior liberación de Dejter por haber sido detenida y liberada el mismo día.

Entre la prueba documental del caso se encuentra el legajo Conadep 7622 y la documentación del archivo de la Dipba y memorandos producidos por la Prefectura Naval.

Vamos a revisar mínimamente la documentación que contamos de este caso. Tenemos en pantalla la planilla de antecedentes de Dejter. Ahí se menciona que en septiembre del 76 fue detenido en un operativo realizado en el partido de Villarino por personal de la infantería de marina de la Base Naval de Puerto Belgrano con personal de esta policía, evidentemente es un informe que sale de la Policía Bonaerense. Es un activo militante comunista, se menciona que en 1956 participó de un pic nic de la primavera organizado por el Partido Comunista de esa localidad. Desde esa fecha sigue su seguimiento político ideológico. Hay otro informe que da cuenta de unos memorándums que estaban investigando la actividad comunista en la zona. Hay una mención de supuestos activistas comunistas de Adolfo Alsina, y en Villarino se menciona que los principales comunistas de ese partido están en la localidad de algarrobo que es donde ocurrieron los hechos. Se menciona ahí a Gueper, que fue detenido con él y a Simón Dejter entre otras personas.

Es interesante como la construcción del enemigo llega a extremos increíbles. Dice que la actividad de estos elementos se concentra en algarrobo donde organizan reuniones y fundamentalmente la misión de ellos era defender la producción especialmente en defensa del precio del ajo, señor presidente, difundían panfletos refrendados por el Partido Comunista de Médanos, por eso detuvieron a Dejter. Obviamente resaltamos que el Partido Comunista era uno de los blancos de operación psicológica y de operativos de inteligencia conforme a las Directivas 1 y 404.

Pasamos a ver el caso de Héctor Furia. Era empresario metalúrgico, este dato va a ser relevante, era consejero titular de la Caja de Crédito de Bahía Blanca. En la madrugada del 24 de marzo del 76 un operativo a cargo de numerosos elementos del Ejército Argentino que se desplazaban en dos camiones irrumpieron en su vivienda de Primera Junta 448 de esta ciudad. Revisaron todo y se llevaron a Furia dejando incomunicada a la familia para que no pudieran obtener ayuda inmediata. Por la desesperación de una de sus hijas, Sonia, que preguntaba por su padre, antes de retirarse le dijeron que lo llevaban al Comando. Durante días no hubo noticias hasta que lograron saber extraoficialmente que estaba cautivo en el Batallón de comunicaciones 181.

En ese lugar en una sola oportunidad sus hijos pudieron ver durante algunos minutos a la víctima. Durante el cautiverio fue interrogado por reuniones en las que habría participado y el 21 de abril del 76 fue liberado en horas de la noche sin haber existido imputación alguna en su contra y sin haber intervenido ninguna autoridad judicial.

Esto se constata por un certificado extendido por el teniente Jansen, oficial de servicio del Batallón de Comunicaciones del comando 181, en el que se registró que el ciudadano Furia Héctor estuvo a disposición de este batallón hasta el 24 de abril de ese año. Un mes después de su liberación Furia murió por un infarto. Siendo joven y sin tener antecedentes de afecciones cardíacas estimamos que fue por el trauma que vivió durante su cautiverio.

La familia de Furia sigue reclamando por saber el motivo de su cautiverio, el que se explica en principio por la persecución política que tenía en su contra. Hay informes en la causa de inteligencia sobre la víctima fechados en mayo del 71 en los que se indica a Furia como de ideología izquierdista. También en diciembre del 76, es decir cuando Furia ya había fallecido, en la comunidad informativa circuló un documento con los antecedentes de personas sindicadas como comunistas, entre ellas, Héctor Furia.

En la documentación de inteligencia hay toda una investigación que realiza el Ejército sobre la Caja de Crédito Bahiense Sociedad Cooperativa Limitada. Entre esos documentos se da cuenta de un procedimiento que efectúa el Comando del V Cuerpo del ejército en la Caja de Crédito. Se menciona allí que el Ejército decide realizar esa actividad como se lee en el documento para hacer una revisión contable para constatar posibles anomalías que pudieran existir en la misma ya que la totalidad de sus integrantes están catalogados por la comunidad informativa local como de ideología comunista. Esto es del 75. Entre los integrantes de esta mencionado Furia, donde se muestran los cargos que ocupó y surge que el 25 de marzo del 76 aparece dewtenido en la ciudad de Bahía Blanca por fuerzas en averiguación de antecedentes y alojado en dependencias del Comando V Cuerpo, el 21 de abril recupera su libertad tal y como surge del relato del caso y del certificado que está incorporado al expediente.

Lo interesante de esto son las conclusiones a las que arriba el Ejército Argentino con relación al estudio que hicieron de la Caja de Crédito bahiense. Terminan concluyendo: "El mencionado organismo crediticio se puede considerar la entidad cooperativa más infiltrada por elementos del Partido Comunista, especialmente a nivel directivo, destacándose un sólido prestigio económico y gran movimiento financiero ya que cuenta con 13700 asociados aproximadamente y año a año aumenta su capacidad crediticia, siendo visible su capacidad de progreso". Es evidente que la persecución y la detención de Furia tenía que ver con esta actividad en la Caja de Crédito, teóricamente infiltrada por el Partido Comunista, las entidades infiltradas también eran blanco de inteligencia y operaciones psicológicas.

Vamos a ver el caso de Daniel Osvaldo Esquivel cuyo secuestro se produjo el 21 de junio del 77 al anochecer, por un grupo de cuatro personas que lo encapucharon y lo metieron en el baúl del auto en que se movilizaban sus captores., fue en calle Sarmiento frente al diario La Nueva Provincia donde su propio vehículo quedó estacionado. El trayecto recorrido por el auto fue mayormente sobre el camino de asfalto y luego tomaron un camino de tierra en el que pasaron un guardaganado.

Llegado a La Escuelita lo entregaron a otro grupo de personas que lo hizo poner contra una pared y le colocaron una venda. Alcanzó a ver que en la pared había fotos de militares y policías muertos en supuestos atentados. Lo dejaron en el piso de una habitación atado de pies y manos, una de las cuales le soltaban para comer. Fue interrogado y torturado y una forma de tormento permanente era despertarlo y darle comida a cada rato para que pierda noción del tiempo.

Lo colocaron en un elástico metálico, atado y sometido a interrogatorios con aplicación de picana en todo el cuerpo y golpes en los pies. La sala de torturas se encontraba cerca de la habitación donde estaba recluido. Las preguntas giraban en torno a una actividad en una empresa de cereales de Ing. White y lo vinculaban con la explosión de un elevador de la Junta Nacional de Granos.

En una oportunidad el interrogador le sacó la venda y la mostró fotos de asambleas universitarias en la UTN donde había conocido a Daniel Hidalgo, y actos en la vía publica. La evidencia de la persecución contra Esquivel se hizo manifiesta cuando lo interrogaron sobre su ausencia de principios de 1977 ya que lo habían estado buscando y no podían hallarlo.

Desde donde se encontraba cautivo se escuchaban gritos de tortura de otras personas y percibió también la presencia de otro cautivo en la misma habitación que él.

Luego de nueve días de cautiverio fue liberado sin ninguna explicación, para lo cual lo hicieron bañar y la aplicaron un tranquilizante y lo llevaron hasta el ingreso de Cabildo donde lo abandonaron previo advertirle que no debía hablar de lo ocurrido si no lo matarían.

Lidia del Carmen Esperanza, madre de Esquivel, como su entonces novia Silvia Di Paul realizaron averiguaciones en hospitales y comisarias para saber el paradero. Ambas dieron cuenta de las circunstancias en las que desapareció Esquivel. Recibieron sugerencias de Luis Dolores Leiva, dirigente ferroviario compañero del padre de Esquivel quien ya había sido secuestrado y liberado en el 76. Trataron de llegar a La Escuelita y no pudieron avanzar, hicieron gestiones en el Seminario, la Brigada de Investigaciones, el V Cuerpo, todas con resultados negativos. Fueron a ver a monseñor Tomassi que se comprometió a llamar a la madre de Esquivel. Cuando volvieron a ver a Tomassi que no la llamaba le dijeron que no volviera más pero que su hijo iba a volver en algunos días. Esquivel estaba muy deteriorado cuando fue liberado, les contó a sus allegados todas las experiencias vividas.

Otros vecinos de la familia Esquivel también fueron secuestrados como Rubén Sampini o María Angélica Ferrari. La persecución de Esquivel se extendió años después de su liberación y no pudo terminar sus estudios en la UTN ya que no le permitían ingresar.

La prueba que integra el caso es el expte. 109/17 de la Cámara Federal; la constancia de alumno regular de la UTN de marzo del 75; la libreta universitaria de la facultad regional de Bahía Blanca de la UTN; la resolución 55/78 de la misma facultad mediante el cual se rechaza el pedido de reconsideración solicitado por Esquivel para ser readmitido como alumno; y la carta dirigida por Esquivel al Ministerio del Interior del 4 de mayo del 83 y notificación sobre el resultado de la gestión del 11 de mayo de ese año. También el legajo Conadep 7629.

Conforme a la información de inteligencia que parcialmente vamos a exhibir, Daniel Esquivel militaba desde los 17 años en el Partido Comunista, actividad a raíz de la cual fue detenido ilegalmente en varias oportunidades a partir del 72. A partir de ese año existen constancias en los archivos de inteligencia sobre la persecución a la que fue objeto. El informe de 1974 se lo identifica como activo elemento de la Federación Juvenil Comunista en Bahía Blanca. El documento que tenemos ahí menciona incluso que también es Federación Juvenil Bahía Blanca también en el ámbito estudiantil. Él está mencionado como Robin integrando actividades con Eduardo Omar Piraino, Batman.

Continuamos ahora con el caso de Carlos Alberto Gentile, quien tenía 17 años cuando fue secuestrado por personal de la Policía Federal de Viedma el 7 de abril del 78 en Salta y Urquiza de esta ciudad. Lo interceptó una camioneta Ford F100 que ya hemos escuchado mencionar en otros casos, doble cabina celeste de esa repartición, al mando del chofer y otro policía integrante de esa delegación a quien conocía de la ciudad de apellido Quiroga quien lo abordó y lo redujo en el vehículo.

Encapuchado y tirado en el piso del vehículo, percibió que daban vueltas hasta que fueron a su domicilio donde secuestraron a Gustavo Domínguez con quien vivía. Luego comenzaron a andar por un lapso de cuatro horas sin haberse detenido. Gentile y Domínguez fueron traídos a Bahía Blanca e ingresados a un galpón del predio La Escuelita siempre encapuchados y esposados. Luego lo ataron a un elástico, lo desnudaron y mojaron y comenzaron a interrogarlos con picana eléctrica. Le atribuían ser guerrillero y le preguntaban por gente que desconocía.

Fue llevado luego a una cama, esposado y desde allí podía escuchar los gritos de Domínguez que también era torturado. Gentile desconocía el lugar al que lo habían trasladado hasta que timepo después uno de los guardias le preguntó qué estaba haciendo en el V Cuerpo. Lo que resultó coincidente con el recorrido realizado a partir del cruce del puente ferrocarretero.

El cautiverio de Gentile se extendió desde las 15 horas del 15 de abril hasta las 6 de la mañana del día siguiente en que lo volvieron a cargar en un vehículo y lo llevaron con rumbo desconocido. Gentile fue liberado en cercanías de Cardenal Cagliero, sometido a un simulacro de fusilamiento y amenazado para que no dijera nada de lo vivido. Desde ese lugar caminó hasta Viedma, llegó a su casa y se quedó en su domicilio paralizado por el miedo de ser nuevamente secuestrado y torturado.

A causa de las torturas sufridas y la distancia recorrida no podía caminar, estaba muy herido en los pies donde le aplicaron golpes y picana. Fue examinado por un médico de confianza, el dr. Osvaldo Colombo, quien al declarar ante el tribunal recordó que Gentile tenía golpes en los pies , estaba en estado de nerviosísimo y que le contó que lo habían detenido.

Luego de haberlo liberado a él, Gentile supo que también habían liberado a Domínguez y que lo enviaron a Buenos Aires de donde era oriundo. Al encontrarse con su padre, que era suboficial retirado del Ejército, y contarle lo vivido solicitó una entrevista con el comisario de la Policía Federal a quien le recriminó por lo ocurrido con su hijo, recibiendo como única explicación que eso se debía a que tenía malas juntas, dejando de manifiesto que estaba en total conocimiento del secuestro y torturas.

La referencia a las relaciones de Gentile vinculó este hecho con otro sufrido por Gentile y un grupo de amigos el año anterior, con quienes había sido secuestrado durante una reunión informal en la que irrumpió un operativo conjunto del Ejército, Policía Federal y Policía de la provincia de Río Negro. En esa oportunidad estuvieron 40 días incomunicados en la comisaría de la policía provincial, había gran cantidad de menores, entre ellos, Carlos Gentile.

Según relató en la audiencia de este juicio, ese secuestro pudo haberse debido a que el hermano de la dueña de casa, familia Chagayo, lo vinculaba con el ERP. La persecución sobre Gentile continuó durante el 79 cuando le tocó hacer el servicio militar obligatorio siendo destinado a Bariloche.

Su padre supo a través de otro militar que le habían dado ese destino para matarlo, por lo que recurrió a todos los contactos que conservara para evitar que lo llevaran y así consiguió que cumpliera el servicio militar en Viedma.

La prueba documental del caso se integra por las declaraciones de Carlos Alberto Gentile, Osvaldo Colombo, y con la declaración de su padre Carlos Domingo Gentile y Luis Alberto Deviccenzi que se incorporaron por lectura al debate. También por el registro 18 de la Cámara Federal de Bahía Blanca. Con estos elementos se encuentra probado el secuestro, torturas y privación de libertad de Gentile hasta que fue liberado el día siguiente.

Juez Jorge Ferro: El tribunal va a hacer un cuarto intermedio hasta mañana a las 9 horas.


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Juicios en Bahía Blanca
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