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16ago07


Termina el juicio por el motín en la cárcel de Boulogne Sur Mer en 2000


La Justicia local, en poco más de una semana, dio su veredicto acerca de lo que fue el motín de la Vendimia de marzo de 2000. Un preso con frondoso prontuario y con 48 años de edad, fue el único condenado. El otro acusado fue absuelto y los cuatro acusados restantes que hubieran ido a debate fueron asesinados cada uno a su tiempo en distintos momentos y diversas cárceles entre el 2000 y el 2006.

Alejandro Espeche era el director del penal de Boulogne Sur Mer cuando el motín tuvo lugar.

Fue testigo en el juicio la semana pasada y en esta entrevista deja entrever su parecer acerca de lo que pasó antes y después de la revuelta que le costó a la provincia millones de dólares y que se cerró con un condenado.

-¿Qué le pareció el juicio por el motín de la Vendimia?
-Creo que fue un juicio impecable desde lo técnico: se juzgó a dos presos que estaban acusados de privar a gente de su libertad y de querer huir de una penitenciaría. Pero no hubo menciones hacia los autores intelectuales de ese motín; ése no fue un motín normal: había que escarbar un poco más y no se hizo. Si se hubiera hilado más fino se podría haber investigado, por caso, el informe de la Inspección General de Seguridad; o porqué, desde que la UCR asumió el gobierno en la provincia a mí, como director de la cárcel, me recortaron el presupuesto hasta que ocurrió el motín. O por qué no se siguió la pista de los autores intelectuales que tuvo esa revuelta. O la asfixia financiera de la que fui víctima mientras estuve al frente del Penal. Nada de eso apareció en el juicio. La gente no entendió qué pasó en el motín.

-¿Entonces, que le faltó al debate?
-Demostrarle a la sociedad qué fue lo que sucedió. El ministerio público no se detuvo en los autores ideológicos de lo que pasó. Ésa es la deuda; lo que la sociedad se pregunta es si un solo preso condenado (Miguel Barloa) es el único responsable de todo lo que sucedió. No sé por qué, pero se tomó sólo una línea de investigación y se desechó todo lo demás. En ese sentido creo que la Justicia no estuvo a la altura de lo que la sociedad esperaba: la gente quería saber qué pasó en el motín y con un preso condenado, no se dio cuenta de nada. En el inconsciente colectivo quedó la idea de que el resultado fue mucho menos de lo que realmente pasó.

-¿Quién faltó en el juicio?
-Faltaron las personas que decidieron que el festival folclórico se hiciera donde se hizo: los penitenciarios con rangos altos que provocaron eso. Los funcionarios políticos que me boicotearon, los que no me daban 600 mil pesos para mejorar el penal y que después del motín hicieron aparecer cuatro millones de pesos para arreglar lo que los presos habían roto. Hubo empresas que hicieron un gran negocio con el motín: nunca se investigó con quiénes estaban involucradas esas empresas. Hubo funcionarios que hicieron buenos negocios.

-¿Cuáles fueron esos funcionarios?
-Hay gente que lo sabe, pero no seré yo quien lo diga. Igual, nada de eso se investigó.

-¿La sentencia del Tribunal fue justa?
-Técnicamente sí.

-¿Cuál es su recuerdo de ese motín?
-Al final, cuando todo había terminado, el domingo 5 de marzo, a la noche, tengo el recuerdo de ver a cientos (cientos, remarca) de seres humanos desnudos tirados boca abajo en el patio de la rotonda del penal. Otros estaban en los pabellones y se escuchaban sus gritos porque estaban siendo golpeados. Ésa es una imagen que me llevaré a hasta la muerte; nunca vi algo así. El motín lo hizo un diez por ciento de la población penal, pero el 90 por ciento restante pagó las consecuencias. Al lado mío, cuando veíamos ese espectáculo había gente que después alcanzó cargos importantes en la función pública.

-¿Los puede nombrar?
-Prefiero no hacerlo. (N del A: Julio Cobos, por entonces ministro de Obras Públicas del gobernador Roberto Iglesias, estuvo en ese momento).

-¿Volvería a ser director de la cárcel?
-No lo sé. Pero no lo haría con el falso apoyo de gente hipócrita que me apoyó, entre comillas, mientras estuve. Pensé una cárcel distinta pero me he dado cuenta con el tiempo de que nuestra sociedad pretende un sistema carcelario como el que tenemos: con presos que viven horas de encierro en celdas pequeñas: mientras peor la pasen, mejor. Un reflejo de la sociedad que somos. Pero muchos de esos presos, la gran mayoría, en algún momento saldrán en libertad y por ahí cometerán los delitos que leemos en los diarios todos los días. Son un búmeran; se nos volverán en contra nuestra.

[Fuente: Los Andes, Mendoza, Arg, 16ago07]

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