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02dic12


El horror emerge de las fosas de los Arsenales


El histórico proceso por la megacausa "Arsenales II-Jefatura II" juzgará los crímenes de lesa humanidad contra más de 250 víctimas que estuvieron secuestradas en los Centros Clandestinos de Detención (CCD) que funcionaron en el Arsenal y la ex Jefatura. En los expedientes figuran detalladas caracterizaciones de esos sitios a las que tuvo acceso LA GACETA

Un camino aparentemente vecinal, una tranquera, casillas y un galpón, todo rodeado por una cerca de alambre. Visto desde de afuera, el lugar no luciría demasiado diferente a cualquier minifundio de la zona. Puertas adentro, la dependencia militar, sin embargo, albergaba el horror del terrorismo de Estado: no sólo las más salvajes torturas y vejaciones sino también la aniquilación.

En el terreno de la compañía de Arsenales "Miguel de Azcuénaga" de la V Brigada de Infantería funcionó el Centro Clandestino de Detención (CCD) y exterminio más grande del NOA.

Una exhaustiva descripción técnica de cómo era y qué ocurría en el CCD figura en el requerimiento de elevación a juicio de la causa "Arsenales II" que lleva la firma de los fiscales federales ad hoc Pablo Camuña y Patricio Rovira, de la Unidad Fiscal de Derechos Humanos (oficina Tucumán). La caracterización tiene su base en los testimonios de sobrevivientes, los de personas que cumplieron servicio allí y en peritos judiciales. A comienzos de 1976 comenzaron a ser llevadas allí personas detenidas ilegalmente en CCD más pequeños como la Escuela Universitaria de Educación Física (Eudef), el "Reformatorio" o el "Motel", de acuerdo con la pesquisa. Habría funcionado hasta 1978.

Montaje para el terror

El CCD fue instalado en los sectores norte y este del terreno militar ubicado sobre la ruta 9 (Las Talitas). El Arsenal funcionaba gracias al trabajo coordinado del personal de diversas fuerzas.

De acuerdo con la investigación, el acceso al campo ilegal estaba a tres kilómetros de la entrada principal (la oficial). El llamado "galpón N 9"- que constituía el Centro en sí- estaba rodeado de alambre tejido. Dentro de ese perímetro había dos baños de material y tres casillas de madera que funcionaban como salas de tortura.

Según las pericias, en el galpón había alrededor de 30 o 40 boxes de material y madera que hacían las veces de celdas. Cada compartimento era ínfimo y tenía un número, que pasaba a denominar al detenido que era alojado allí. Uno de los detalles escalofriantes constatados por los investigadores es que hubo un tendido eléctrico especial hacia las casillas, para proveer de energía a las picanas.

Los secuestrados eran sometidos a cruentas torturas para obtener información sobre su entorno y lograr luego nuevas detenciones.

Durante las primeras jornadas del juicio oral, Camuña enumeró los métodos físicos utilizados. Además de la aplicación de descargas eléctricas (las personas eran colocadas sobre una estructura metálica y eran mojadas para aumentar el dolor), mencionó el submarino (se sumergía a los detenidos con las manos atadas en un tacho con agua y excrementos), el "enterramiento" (los secuestrados eran enterrados desnudos hasta el cuello), el "arrastre" (ataban a las personas a un tractor en marcha para recorrer un terreno irregular) o "colgamientos" y "estiramientos" (eran suspendidos a tres metros de altura, sin tocar el suelo. Sus músculos se desgarraban). También advirtió que para "quebrar" a los detenidos por completo se complementaban los castigos con presiones psicológicas. Diversos testimonios dan cuenta también de abusos sexuales. Inclusive, hubo casos de mujeres que perdieron embarazos por las reiteradas violaciones.

El fiscal afirmó que las condiciones de vida también formaban parte del crento maltrato: falta de comida, de higiene y de atención médica. "Varios testimonios señalan que eran frecuentes las epidemias de bronquitis, diarreas, deshidrataciones, ataques de locura como consecuencia del dolor e invasiones de piojos", remarca en un pasaje el documento judicial leído por los fiscales.

Borrar las huellas

El descubrimiento de al menos cinco fosas comunes en el Arsenal con restos humanos es sólo un testimonio de la cantidad de asesinatos que se produjeron en el lugar. Según las pericias realizadas por el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) y el entonces llamado Grupo Interdisciplinario del Arqueología y Antropología de Tucumán (Giaat), los cuerpos eran también quemados para borrar sus rastros. Los fusilamientos, según relatos, se daban durante la noche y contra grupos de 20 personas cada 15 días.

Los secuestrados eran llevados con las manos atadas y con los ojos vendados monte adentro. Eran ejecutados, pero de acuerdo con los expedientes, algunos fueron arrojados aún con vida. Los especialistas constataron que existían marcas de excavadoras en las fosas, por lo que no descartan que se hayan removido vestigios. Los esfuerzos por ocultar y por evitar la identificación son también indicio del horror que se vivió en ese lugar que, desde afuera, no parecía más que un terreno rural.

[Fuente: La Gaceta, Tucumán, 02dic12]

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