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Foro Derechos Pueblos Qibdó


Saludo Inicial

  • Señores miembros del Cuerpo Diplomático, representantes de naciones amigas.
  • Señores representantes de las autoridades civiles y militares del Depto. del Chocó.
  • Señores miembros representantes de las Organizaciones Indígenas y de los Campesinos del Pueblo Negro.

Amigos y amigas.

Nos congrega a todos un motivo central: la celebración del primer aniversario del martirio del Padre Jorge Luis Mazo, joven sacerdote de El Carmen de Atrato, y de Iñigo Eguiluz Tellería, Cooperante español quien trabajaba en la organización no gubernamental "Paz y Tercer Mundo". Con ellos también honramos la memoria de otro mártir, Miguel Angel Quiroga, miembro de la Comunidad religiosa Marianista, y muerto violentamente hace dos años, el 18 de septiembre de 1998.

Los he llamado conscientemente "mártires" porque han dado el "testimonio" supremo de la vida muriendo por lo que creyeron, por lo que soñaron, y en definitiva por lo que lucharon. Nuestro recuerdo fraterno especial lo hacemos dentro del marco y ambiente del Año Jubilar que la Iglesia está celebrando. Durante este tiempo se nos ha pedido, entre otras cosas, que recordemos a los testigos de la fe del siglo XX, los testigos de fe de nuestro tiempo.

Según algunos historiadores independientes -por ejemplo David Barret, en su Enciclopedia del Mundo Cristiano- se atreven a sugerir la hipótesis de que durante el siglo XX haya habido el doble de víctimas cristianas respecto a todas las de los diecinueve siglos anteriores. "En nuestro siglo han vuelto los mártires, con frecuencia desconocidos, casi "militi ignoti" de la gran causa de Dios. En la medida de lo posible no deben perderse en la Iglesia (y en el mundo) sus testimonios" (Juan Pablo II, TMA).

El recuerdo de nuestros mártires que derramaron su sangre en esta tierra chocoana no podrá hacerse al margen de nuestro compromiso mayor por la causa de la justicia y defensa de la vida empobrecida de nuestro pueblo. Aquí estaría centrado nuestro mejor homenaje al sacrificio que ellos realizaron.

Este renovado compromiso lo debemos hacer y vivir hoy en medio de una dura y cruel realidad. Se trata de la realidad violenta que se ha ido agudizando y degradando como fruto de muchas causas. El conflicto armado, con toda su despiadada maquinaria de muerte está aquí, entre nosotros, tocando ya a las puertas de muchos hogares y pueblos de esta querida tierra chocoana.

Sabemos que no es sencillo lograr pronto una estabilidad social que nos garantice una vida digna para el pueblo empobrecido, pero es nuestro deber expresarle a los actores armados que no estamos de acuerdo con sus formas de lucha, pues estamos convencidos de que la salida de la actual encrucijada social no es de tipo militar o armamentista, sino una salida o concertación política que nos lleve a cambiar entre todos la cara y los fundamentos de este país desencuadernado, violento, corrupto e injusto.

Cuando decimos que debemos buscar la salida política a esta despiadada guerra nuestra, estamos expresando nuestra inquebrantable voluntad de diálogo y concertación en la solución pacífica y justa de los problemas que más afectan a nuestro pueblo campesino. Pues estamos convencidos que con la guerra, cualquier que ella sea, todos salimos perdiendo.

El Papa Juan Pablo II nos recordaba en su Mensaje de Año Nuevo que "el siglo XX nos deja en herencia, sobre todo, una advertencia: unas guerras a menudo son causas de otras, ya que alimentan odios profundos, crean situaciones de injusticia y ofenden la dignidad y los derechos de las personas. En general, además de ser extraordinariamente dañinas, no resuelven los problemas que las originan, y, por tanto, resultan inútiles. Con la guerra, la humanidad es la que pierde. Sólo desde la paz y en la paz se puede garantizar el respeto de la dignidad de la persona humana y de sus derechos inalienables".

Es evidente que la paz que todos soñamos no es la paz de las tumbas ni el simple silencio de los fusiles, sino la paz que nace de un orden social justo. Por eso no debemos extrañarnos si hace ya 32 años la Iglesia de América Latina, reunida en Medellín, se atrevía a comprometerse a:

"Defender, según el mandato evangélico, los derechos de los pobres y oprimidos, urgiendo a nuestros gobiernos y clases dirigentes para que eliminen todo cuanto destruya la paz social: injusticias, inercia, venalidad, insensibilidad.

Denunciar enérgicamente los abusos y las injustas consecuencia de las desigualdades excesivas entre ricos y pobres, entre poderosos y débiles, favoreciendo la integración.

Alentar y favorecer todos los esfuerzos del pueblo por crear y desarrollar sus propias organizaciones de base, para la reivindicación y consolidación de sus derechos y por la búsqueda de una verdadera justicia" (Medellín, Conclusiones sobre la Paz, N 22, 23, 25).

En la Iglesia diocesana de Quibdó hemos tratado de ser fieles a estas orientaciones del episcopado latinoamericano, eco de las mismas exigencias del Evangelio. Desde hace ya 17 años nuestro Plan de Pastoral está apoyando los esfuerzos del pueblo para construir un orden más justo y reclamar sus derechos por medio de procesos organizativos cuyos frutos están a la vista.

Numerosas organizaciones de base se han creado y fortalecido en nuestro territorio. Dos de ellas, la Organización Regional Embera-Wounaa-nn/Orewa y la Asociación Campesina Integral del Atrato/Acia, participan hoy en la convocatoria de este evento en el cual se lanza una campaña nacional e internacional por los derechos de los pueblos indígenas y negros.

Nuestra voz se une a sus voces de protesta, a los justos reclamos de estos pueblos que no buscan otra cosa que poder vivir dignamente en sus territorios, y que han elaborado sus proyectos de autonomía, de defensa de los recursos naturales y de economía solidaria como verdaderas alternativas a los megaproyectos de los Planes del Pacífico.

En medio de la actual coyuntura de guerra generalizada que cada día se degrada y agudiza más y más, nuestra posición como Iglesia no puede ser de neutralidad, que siempre resulta ambigua y a la postre cobarde. Nosotros desde tiempos atrás hemos tomado partido por el pueblo pobre y oprimido y ahora, en medio de la guerra estamos al lado de las víctimas indefensas y en contra de los métodos de los victimarios y sus mecanismos de impunidad.

No nos extraña que nuestra posición resulte incómoda para los intereses de los sectores privilegiados y que a veces se nos quiere tildar de simpatizantes de la subversión. Pero nuestro actuar en todo momento ha sido claro y transparente. Por eso no nos dejamos encasillar al lado de ningún actor armado. Siempre hemos sido firmes en rechazar los métodos violentos de la insurrección revolucionaria, como también el no menos violento accionar de los grupos paramilitares, porque "engendran nuevas injusticias, introducen nuevos desequilibrios y provocan nuevas ruinas. No se puede combatir un mal al precio de un mal mayor." (Pablo VI, Enc. Populorum Progressio, N 31)

Nuestra tarea puede aparecer quijotesca. Pero no nos sentimos solos. La selecta presencia aquí de representantes de otras naciones, que una vez más han querido venir a compartir con nosotros nuestros sueños de vivir en paz en un país más justo, nos está demostrando que de verdad estamos entrando en un mundo que camina hacia la globalización. Juan Pablo II, en uno de sus recientes Mensajes anuales para la Jornada Mundial de la Paz afirmaba: "Este es el camino para construir una Comunidad mundial basada en la confianza recíproca, en el apoyo mutuo y en el respeto sincero. En definitiva, el desafío consiste en asegurar una globalización en la solidaridad, una globalización sin dejar a nadie al margen".

Señores y señoras, por su presencia solidaria en esta tarde por los Derechos de Nuestros Pueblos, gracias, muchas gracias.

Jorge Iván Castaño Rubio - Obispo de Quibdó


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