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03jun05


Menor con retardo mental fue presentado como un guerrillero muerto en combate.


La madre de Frank Enrique Martínez, de 17 años, identificó al joven en un video, donde apareció vestido con camuflado y un arma.

Vestido con una pantaloneta y un suéter púrpura, Frank Enrique Martínez salió de su casa en Valledupar a las 4 de la tarde el pasado 14 de mayo.

Astrid, su mamá, lo vio salir pero no se preocupó porque el muchacho, de 17 años, acostumbraba a irse detrás de los carros recolectores de basura o meterse en las fiestas que organizaban los vecinos de barrio Valle Meza.

Esas eran las máximas diversiones para este joven, que desde los 3 meses de nacido padecía retardo mental a causa de una meningitis.

Por eso Astrid y sus vecinos se mostraron indignados cuando unos días después ‘El Bola’, como lo llamaban cariñosamente, apareció muerto junto a otros tres hombres a los que el Batallón de Artillería No. 2 La Popa presentó como guerrilleros del frente 41 de las Farc a los que enfrentó el mismo sábado que el muchacho salió de su casa.

Según el parte militar, las confrontaciones se produjeron en Atánquez (Sierra Nevada) y en zona rural de San José de Oriente, un corregimiento de La Paz (Cesar), en la Serranía del Perijá, a unos 50 minutos de Valledupar.

“Mi hijo no era guerrillero. Tenía 17 años, pero su mente era la de un niño”, afirma Astrid Martínez cada vez que se refiere a Frank, a quien tuvo que identificar en un video de la Fiscalía porque fue sepultado como NN. y agrega que él jamás había salido de la ciudad.

Que se haga justicia

La noche de ese sábado, cuando Astrid vio que ‘El Bola’ no regresaba, comenzó a buscarlo en hospitales y estaciones de policía y hasta se fue a la morgue. Apenas le dijeron que los únicos muertos que había eran unos guerrilleros llevados por el Ejército, ella se fue. Ni siquiera se le ocurrió pensar que su hijo estuviese allí.

Pasó el domingo y llegó el lunes sin una noticia de ‘El Bola’; por eso Astrid se fue a la Unidad de Reacción Inmediata (URI) para denunciar su desaparición y siguió la búsqueda del muchacho por sus propios medios.

“Unos días después un familiar de un joven que, según el Ejército murió en combates en Atánquez, me dijo que mi hijo estaba entre los guerrilleros y por eso fui al CTI, donde me mostraron un video de los subversivos, que ya habían sido sepultados como NN. Ahí lo identifiqué, estaba con camuflado y con armas que no eran de él”, comenta la mujer.

El comandante del Batallón de Artillería No. 2 La Popa, adscrito a la Décima Brigada del Ejército, teniente coronel Juan Carlos Figueroa Suárez, se ha limitado a expedir un comunicado en el que expresa que los Juzgados 21 y 90 Penal Militar están a cargo de la investigación y pide a quienes tengan pruebas que permitan aclarar los hechos aportarlas al expediente o hacer las denuncias correspondientes de manera oficial.

De hecho, el CTI inspeccionó el cadáver en el lugar de los hechos por solicitud del Juzgado de Instrucción Penal Militar. Se le hicieron prueba de absorción y se recaudaron evidencias que son objeto de análisis para establecer las circunstancias de su muerte.

Como sea, la versión de Astrid la confirman los vecinos del barrio Valle Meza, quienes aseguran que ‘El Bola’ no se metía con nadie y que sólo se pasaba las horas detrás de los camiones de Interaseo.

Ahora, su madre y quienes lo conocieron esperan que se ‘limpie’ su nombre y se establezca la verdad sobre su muerte. La familia recogió firmas entre sus vecinos y las presentó ante la Defensoría con este clamor mientras el procurador regional, Everardo Armenta, ha asumido la investigación de oficio.

Por ahora, mientras se aclara lo ocurrido, Astrid debe contentarse con mantener a su hijo en una tumba común sepultado como NN pues no tiene los 300.000 pesos que le cobran por exhumarlo y ponerlo en una bóveda.

[Fuente: El Tiempo, Bogotá, 03jun05]

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