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DERECHOS


La Habana, 29 y 30ene02


Propuestas globales en torno a un camino hacia la Paz

Ponencia: Javier Giraldo, SJ


En primer lugar me uno a quienes celebran la reanudación de estos contactos entre el Gobierno Nacional y el ELN y deseo sinceramente que esto favorezca un proceso que culmine en una paz real para Colombia, fundamentada en la justicia.

Como muchos colombianos, estoy convencido de que los niveles a que ha llegado el deterioro de muchas realidades sociales, así como el escalamiento de la violencia, nos está exigiendo un profundo rediseño del Estado y una cierta refundación de la Nación sobre principios más razonables que no sean solamente proclamados sino apoyados en medios eficaces de funcionamiento. Si una nación, como ha sido definida en muchos documentos de las Naciones Unidas, es una voluntad de vivir en común bajo el acuerdo de unos ideales y principios comunes y sobre la base de unos recursos y un patrimonio comunes, se impone redefinir cuáles son esos recursos y ese patrimonio común y cuáles los principios y normas elementales para que esos recursos y ese patrimonio común sea realmente común. La tragedia que vivimos nos está diciendo muy claramente que estas dos bases elementales de una nacionalidad están opacadas en nuestro caso y hay que redefinirlas.

Dado lo limitado del tiempo, quiero centrarme en propuestas muy gruesas pero que considero muy fundamentales en la búsqueda de la paz.

Hasta el momento hay unas agendas de temas que se ofrecen como un reto para ser convertidas en propuestas y esas propuestas deben ser sometidas a un proceso de construcción de consenso social. Esto ya nos muestra que no podemos proyectar este proceso como de corto plazo, pues volveríamos a cometer los mismos errores que han llevado al escalamiento de la violencia.

Creo que si se quiere desarrollar un proceso sincero de refundación de la Nación y de rediseño del Estado con un gran consenso social, se impone una jerarquización de los temas - propuestas y también una jerarquización de los momentos procedimentales.

1.Sobre lo primero, o sea, la jerarquización de los temas - propuestas, yo veo las agendas existentes, tanto la presentada por el Gobierno Nacional como las presentadas por los movimientos insurgentes, demasiado recargadas de temas (se han contabilizado más de 100) que aparecen poco integrados y sobre todo poco organizados o cohesionados alrededor de opciones básicas que orienten la formulación de las propuestas como grandes desafíos.

Por eso me atrevo a proponer una cierta jerarquización de los temas -propuestas:

Un primer bloque estaría centrado en las necesidades más apremiantes cuya satisfacción en niveles elementales reclaman, no solo las grandes mayorías del país, sino los principios más esenciales de cualquier ética política: Cómo asegurar niveles elementales de satisfacción de necesidades como: alimentación, techo, atención sanitaria, generación de ingresos mínimos y educación básica?

Para que las propuestas no se conviertan en pliegos de reivindicaciones frente a un supuesto Estado todopoderoso, deben involucrar las grandes políticas de manejo de recursos comunes de la nación. Por ejemplo, la política de alimentación tiene que integrarse con una propuesta de reforma agraria, del manejo de la política agro-alimentaria y ecológica, sin descontar aquí un eventual manejo de esos recursos y políticas en un esquema de regiones descentralizadas.

Esto implicaría también un estudio muy profundo de los "mínimos humanos" por los cuales un Estado debe responder, tanto en alimentación, como en espacio vital, en atención sanitaria, etc.

Para exorcizar de una vez el temor con muchos puedan recibir este tipo de propuestas, identificándola con una economía planificada y centralizada al mejor estilo de los modelos que se llamaron socialistas, creo que puede pensarse en el marco general sugerido por Agnes Heller, de un sistema económico social donde la gente tenga posibilidad de cambiarse de un modelo a otro, con tal de que se respeten ciertos derechos elementales de todos. No creo que sea imposible combinar un área de economía planificada que asegure los mínimos humanos en los cinco campos de necesidades básicas, con un área de libre empresa y mercado que no vulnere la anterior.

El gran desafío de nuestro período histórico, después de haber experimentado las formas reales que se han dado de capitalismo y de socialismo, es poder articular los derechos a la VIDA y a la LIBERTAD.

Hasta ahora, los que han priorizado la satisfacción de las necesidades básicas para la vida, han suprimido en gran medida la libertad, y los que han priorizado el derecho a la libertad de los que ya poseen ciertos bienes materiales, no han tenido escrúpulo en sacrificar muchos millones de vidas humanas.

Un segundo bloque de temas - propuestas estaría enfocado sobre otro nivel de necesidades, como son las de seguridad, comunicación y participación. Aquí entrarían problemas de no menor envergadura, como serían el rediseño de la justicia, de las fuerzas armadas, de las comunicaciones y de los mecanismos de participación democrática. Este último tema implica los órganos del poder legislativo y ejecutivo y las políticas contra la corrupción. Mi convicción personal es que temas como los de justicia y fuerzas armadas exigen rediseños muy profundos, pues allí hunde sus raíces en gran medida la intensidad de la violencia que nos envuelve.

2. Sobre lo segundo, o sea la jerarquización de los momentos procedimentales, creo que para el momento fundamental (que, si no me equivoco, era el eje de la propuesta de Convención Nacional) debe discutirse una metodología para lograr consenso, que promueva la participación especialmente de los sectores vulnerados y vulnerables del país, aquellos que siempre han estado excluidos de las decisiones. Para diseñar esta metodología hay que tener en cuenta los destrozos que ha dejado la violencia: la mayoría de las organizaciones de base campesina, indígena, sindical o popular están aniquiladas y paralizadas por el terror. Si no se reconstruye una confianza básica y unos mecanismos de participación, volveremos a construir sobre viento y sentaremos nuevas bases de violencia. Por eso, ese proceso no será de corto plazo.

Pero antes de llegar a esa discusión participativa de los temas - propuestas, creo que se tienen que poner dos bases ineludibles, sin las cuales, a mi modo de ver, todo lo que se haga queda sin piso:

Estructurar una nueva legalidad provisional que garantice el derecho a la información y a la comunicación. Estoy profundamente convencido de que lo que más atenta contra la paz en estos momentos en Colombia es la política de los Medios. La información y la opinión es selectiva, tergiversada y envenenada a favor de ciertos actores del conflicto. El derecho a una información imparcial y objetiva no existe, como tampoco hay canales para comunicarse con el pueblo por parte de las organizaciones de base. A este respecto propongo que se considere la experiencia llevada a cabo por el diario El Colombiano, entre octubre de 1995 y febrero de 1996, en su serie llamada "Páginas para un diálogo por Urabá", pero aplicando normas similares a todos los medios de comunicación que sobrepasen determinados niveles de raiting o tiraje, como televisión y radio, fuera de la prensa escrita.

Mientras no se den unos niveles básicos de democratización de la información y de la comunicación, no se puede comenzar a construir los consensos sociales.

Sobre la otra base se ha hablado más en los últimos meses y consiste en discutir acuerdos sobre la intensidad del conflicto o sobre un cese de fuego y de hostilidades. Creo que a nadie se le ocultan las enormes dificultades que esto implica en un momento en que el conflicto armado ha llegado a los niveles a los que ha llegado. Yo quisiera llamar la atención de los que piensan que esto es un simple problema de "buena voluntad" de las Partes.

Si no se quiere ser ingenuo hay que enfrentar el problema de la racionalidad propia del modelo de "guerra de guerrillas", y aún más, las características peculiares que asume una guerra de guerrillas cuando se enfrenta a un modelo de guerra sucia. Parar o disminuir un conflicto de estos implica la mayoría de las veces, para los mediadores, enfrentarse al clásico dilema del "huevo o la gallina", sobre todo si se tiene en cuenta que la violencia produce siempre efectos de espiral.

Quiero terminar estas notas demasiado esquemáticas, con una voz de estímulo a todos los participantes en este conversatorio, a comprometernos en una búsqueda de la paz, muy sinceramente y con bases muy firmes.

Javier Giraldo, S. J.


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Este documento ha sido publicado el 10feb02 por el Equipo Nizkor y Derechos Human Rights