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22feb06


El gran tropiezo de la banca vaticana.


Uno de los personajes ligados al escándalo de la bancarrota fraudulenta en Italia, a principios de los años ochenta, del Banco Ambrosiano, el arzobispo estadounidense Paul Casimir Marcinkus, falleció el lunes en su casa de Sun City (Arizona, Estados Unidos), según informó una portavoz de la diócesis de Phoenix. Marcinkus tenía 84 años, y vivía en su país de origen desde su jubilación en 1990, un año después de ser relevado como presidente del Instituto para las Obras de Religión (IOR), es decir, la banca vaticana.

El fallecido arzobispo - a quien el escándalo financiero costó seguramente la púrpura cardenalicia, para la que su nombre sonaba- incurrió en graves responsabilidades al avalar operaciones del Banco Ambrosiano, presidido por un financiero católico de su confianza, Roberto Calvi, apodado luego el banquero de Dios. Marcinkus era "facilón, impreciso, y fue mal aconsejado", sentencia el financiero laico italiano Angelo Caloia, su sucesor al frente del IOR, en el libro Finanza bianca, publicado en el 2004 por uno de sus colaboradores, Giancarlo Galli.

Cuando en 1982 se produjo la escandalosa quiebra del Banco Ambrosiano - del cual el IOR era accionista-, estallaron las dificultades para Marcinkus. El agujero en el Banco Ambrosiano - que el entonces respetadísimo y muy creíble Banco de Italia cifró en 1.400 millones de dólares- salpicó al IOR, que se encontró con un boquete en su caja de casi 250 millones de dólares, que los acreedores empezaron a reclamar.

La bancarrota del Ambrosiano, entonces el mayor banco privado de Italia, tenía como gran protagonista a Roberto Calvi, epicentro de una red compleja y criminal, que aún no ha sido desentrañada, y que es actualmente objeto de juicio penal en Roma. En 1982, Calvi, condenado a cuatro años de cárcel por la quiebra fraudulenta del banco, huyó a Londres mientras estaba en libertad en espera del juicio de apelación, y allí fue hallado muerto, el 12 de junio de ese año, ahorcado bajo un puente. La primera versión fue suicidio, pero en el 2003 aparecieron indicios de que había sido un homicidio, y por ello se juzga en Roma desde octubre a varias personas.

La fiscalía sostiene, en síntesis, que Cosa Nostra, la mafia siciliana, asesinó al banquero de Dios tras concluir que se quedaba parte del dinero ilícito que le habían confiado para ser blanqueado, y que hacía lo propio con el del financiero Licio Gelli, maestro de la políticamente muy relevante logia masónica P2.

En su defensa, Calvi había dado a entender que Marcinkus conocía ciertas irregularidades. De hecho, Marcinkus había firmado "cartas de patrocinio" avalando préstamos a compañías latinoamericanas, que resultaron ser fantasmagóricas. En 1987, la justicia italiana trató de detener al arzobispo por relación con la quiebra del Banco Ambrosiano, pero el Tribunal Constitucional italiano recordó que, según los Pactos de Letrán, Italia no puede intervenir en los asuntos del Vaticano, un Estado independiente.

Paul C. Marcinkus aseguró haber actuado con probidad en todo momento. Con gran oposición interna, el cardenal Agostino Casaroli, entonces secretario de Estado, decidió en 1984 resarcir con 250 millones de dólares a los acreedores del IOR a título de "contribución voluntaria". El Vaticano lo consideró un ejercicio de responsabilidad moral, insistiendo en que el IOR no había hecho nada malo.

Paul C. Marcinkus (Cicero, Chicago, 1922), ordenado sacerdote en 1947 y arzobispo en 1981, dirigió las finanzas vaticanas desde 1969 hasta 1989. "No tenía formación bancaria alguna; encargarle la presidencia de la banca vaticana fue un grave error", declaró ayer el ex primer ministro Giulio Andreotti a la agencia Ap Com. El altísimo Marcinkus - medía 1,9 metros- ejerció de guardaespaldas en los primeros viajes de Juan Pablo II.

[Fuente: La Vanguardia, Barcelona, Esp, 22feb06]

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