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31dic06


Ariel Basteiro asume el cargo de director de Aerolíneas Argentinas.


El miércoles al mediodía el socialista Ariel Basteiro ingresó a la Casa Rosada de camisa clara y pantalones sport. Sorpresivamente, al salir del almuerzo lucía orgulloso un traje nuevo y a medida que le acababa de obsequiar Néstor Kirchner: el de flamante director de Aerolíneas Argentinas en representación del Estado nacional.

Basteiro será director Clase A, lo que le otorga un poder de veto sobre las decisiones de la compañía. Desde que el Estado asumió el 5 por ciento de las acciones, estaba vacante el cargo, determinante para temas tan diversos como la compra de activos o el levantamiento de escalas.

La noticia seguramente producirá un cimbronazo en Aerolíneas debido a la trayectoria gremial de Basteiro, y también en el Partido Socialista, atomizado detrás de un amplio abanico de propuestas electorales alternativas al kirchnerismo.

La incorporación del dirigente socialista al staff oficial se fue cocinando a fuego lento. El papel de chef lo desempeñó la sigilosa Graciela Ocaña, devenida en articuladora entre la Casa Rosada y los sectores de centroizquierda. Mucho antes de las conversaciones con la titular del PAMI, Basteiro ya había recibido una vaga pero sentida propuesta del Presidente. Fue en el crepúsculo del 2003, probablemente uno de los momentos de embelesamiento del progresismo con Kirchner.

–Vos tenés que venir a trabajar con nosotros –lo tentó el mandatario apelando a una frase que mucho tuvo de expresión de deseo.

Sobraron testigos de esa propuesta, realizada durante la inauguración de Líneas Aéreas Federales (LAFE). Los ministros Julio De Vido, Carlos Tomada y Aníbal Fernández fueron sólo algunos de ellos. El flirteo entre Kirchner y Basteiro se extendió durante toda la gestión. Pero recién concretaron una primera cita dos miércoles atrás, en el despacho de Alberto Fernández. El Presidente, ante la mirada del jefe de Gabinete, le remarcó la necesidad de defender los intereses del Estado nacional en la empresa. El involucrado asintió con un ademán. Y se preocupó por aclarar que hará lo propio con el interés de los trabajadores, sus compañeros.

"El hecho de haber asumido esta responsabilidad está emparentado con mi compromiso moral con los laburantes. No voy a un ocupar un cargo para desentenderme de ellos; esto tiene que quedar claro de entrada", le dijo Basteiro a Página/12.

A los 46 años, el flamante director tiene una extensa trayectoria como gremialista aeronáutico. Acaso por un designio del destino compartió con otros dos dirigentes que hoy están bajo el calor del poder el mayor protagonismo en la lucha sindical del sector. Se trata de Alicia Castro, embajadora argentina en Venezuela, y Ricardo Cirielli, subsecretario de Transporte. Su recorrido en Aerolíneas fue pendular. Se inició en 1979 como auxiliar de ventas y reservas. Su actividad gremial lo catapultó en 1997 como titular de la Asociación del Personal Aeronáutico (APA). Y en el 2001 aterrizó en el Congreso como diputado por el Partido Socialista. Cuando el año pasado dejó la banca, volvió a Ezeiza. Esta vez como encargado de atenciones especiales en la recepción VIP del aeropuerto.

Muchos de sus viejos compañeros de ruta hoy tienen cargos jerárquicos en la compañía y son los que le imparten órdenes. Al leer esta nota es factible que lo empiecen a tratar con mayor deferencia.

Basteiro se iba a encontrar con Kirchner entre el jueves y el viernes para ultimar los detalles del anuncio de su nombramiento. La desaparición y posterior aparición del albañil Luis Gerez postergó esa formalidad para la semana entrante. Hace cinco días estuvo con Ocaña y Fernández elaborando su ingreso a las filas K. La diligencia con la que manejaron el tema habrá que entenderla en un antecedente no tan lejano: el temor a una reedición del caso Héctor Polino. A mitad de año, este dirigente socialista fue tentado por Fernández para ocupar la Secretaría de Medio Ambiente. Buscaba de esta manera ponerle nombre y apellido a la "concertación plural" que tanto pregona el Presidente. Polino no quiso resolverlo con su almohada y en aras de la organicidad abrió la discusión en su partido. Así frustró su deseada incorporación al Gobierno.

Basteiro dijo que hubiese actuado de la misma manera que Polino ante cualquier propuesta, pero no con la de Aerolíneas. Argumentó que lo une a la empresa una relación en la que no es ajeno lo afectivo. De todos modos, en la jornada de ayer marcó los teléfonos de Hermes Binner y Rubén Giustiniani para informarles de su nuevo trabajo. Basteiro integra con ellos la mesa nacional del partido y no quiso que se enterasen de la novedad por los medios. Con los hechos consumados, ahora aguardará pacientemente el aval del socialismo bonaerense, del cual es su secretario adjunto. ¿Le hará un desaire su amigo y titular del distrito Jorge Rivas? Es improbable.

Eso sí, a los militantes, Basteiro deberá explicarles la larga negociación que lo llevó al directorio de Aerolíneas, de la que no estuvo exento el trabajo de persuasión de Santiago Nardelli. Se trata del presidente de Nación Factoring y miembro honorario del Grupo Bauen, el espacio de centroizquierda creado por Ocaña para sumar masa crítica al kirchnerismo.

Es harto evidente que el Gobierno buscará exhibir a Basteiro como parte de su armado transversal. Y sobre todo pontificar su origen socialista, atento al alineamiento de miembros de este partido en boletas que no son precisamente del kirchnerista Frente para la Victoria.

Vale la pena recordar que el sindicalista ha sido a lo largo de estos años un dirigente que alternó elogios y críticas a la Casa Rosada. Así como aplaudió la política de derechos humanos y la renovación de la Corte Suprema, no ha trepidado en vincular a Carlos Bettini con el supuesto vaciamiento de Aerolíneas. Y eso que el embajador argentino en España es un entrañable amigo de la pareja presidencial. O, por poner otro ejemplo, no dudó en denunciar al secretario de Transporte, Ricardo Jaime, por haber autorizado a operar a la empresa LAN Argentina en contra de las disposiciones del Código Aeronáutico.

Por estas horas, repite como una letanía que Kirchner cambió la matriz económica del país y abrió las puertas de su administración a militantes y referentes sociales. Se pone de ejemplo y recuerda que rara vez un directivo de una compañía aérea llegó al cargo sin el aval del establishment o la supervisión de la Fuerza Aérea. Con estos antecedentes en mano, es probable que desde el arco opositor se repita aquel speech sobre la política de cooptación del Gobierno. Sólo el tiempo y el obrar del propio Basteiro podrán centrifugar cualquier atisbo de sospecha.

En Aerolíneas recuerdan al ahora director exclusivamente por su impronta sindical. En momentos álgidos de conflicto, en el 2001, quedó detenido por reclamar el pago de haberes adeudados de sus representados. Aprendió el oficio de su padre, Héctor, también socialista y uno de los referentes históricos de la Asociación del Personal Aeronáutico. Probablemente el mayor punto de coincidencia entre Basteiro y Kirchner haya sido el abierto enfrentamiento con Antonio Mata. La tensa situación con el mandamás de la compañía se descomprimió cuando vendió su paquete accionario a los empresarios españoles Gonzalo Pascual Arias y Gerardo Díaz Ferrán, ahora únicos dueños de Aerolíneas. A diferencia de Mata, la nueva dirección se muestra predispuesta a una mayor participación estatal. Está escrito: la carta de intención firmada en Madrid autoriza a ampliarla del 5 por ciento actual hasta el 20 por ciento. El nuevo escenario seguramente incidió en la asamblea de accionistas que el mes pasado aprobó el balance del ejercicio 2005 con un quebranto de 415 millones de pesos.

El Gobierno esgrime más explicaciones sobre el cambio de actitud. Arguye un compromiso explícito de Juan Carlos a Kirchner para "sacar adelante" Aerolíneas, que se habría efectuado durante el último viaje presidencial a la Península Ibérica. El rey de España no es un protagonista secundario en esta historia: son sabidas sus constantes conversaciones con Pascual Arias y Díaz Ferrán. Dicen que muchas de estas tertulias suceden durante viajes náuticos y expediciones a cotos de caza.

La dupla propietaria de Aerolíneas, a través del grupo Marsans, anunció en la Casa Rosada un plan de inversiones de mil millones de dólares para los próximos tres años, básicamente para la renovación y ampliación de su flota de aviones. El Gobierno, por su parte, puso en marcha dos aumentos escalonados del 10 por ciento en los pasajes de cabotaje. Ya se escribió en este diario: una incógnita de la reestatización es cómo conservará el Estado su participación sin que los eventuales aportes de otros socios se la licuen. Eso ocurrió en los últimos años con la porción estatal y la de los trabajadores, que hoy tienen menos del uno por ciento de las acciones. Por ahora la compañía comunicó la intención de salir a la Bolsa para buscar inyección de dinero fresco. La vía de incorporar algún socio privado nacional parece haber caído en saco roto. Aun con el combustible subsidiado y en un momento de demanda en alza, no parece fácil encontrar quien quiera desembolsar los millones que se necesitan para poner a punto la empresa y convertirla en un negocio tentador.

Precisamente la búsqueda de inversiones es una de las principales tareas encomendadas por Kirchner al flamante directivo. "Siempre hubo una actitud displicente porque eso era problema de los socios privados. Ahora el Estado tiene la acción de oro, un instrumento para participar activamente en la elaboración de políticas, y va a estar encima de todo", atizó Basteiro. El dirigente denunció históricamente los desmanejos de la compañía desde el otro lado del mostrador, es decir, como sindicalista aeronáutico y como miembro de la alternativa Central de los Trabajadores Argentinos, cuya mesa nacional integró hasta el año pasado.

El mismo empeño por sacar a Aerolíneas del marasmo mostró desde la presidencia de la aviación civil para Latinoamérica de la ITF (Internacional Transport Workers Federation), el nucleamiento de trabajadores más importantes del sector. Si desde esos cargos fue protagonista ineludible del salvataje de la compañía en el 2001, evalúa que ahora, en un puesto jerárquico, todo resultará más sencillo. Ese brote de optimismo le hace suponer que las viejas inquinas con Jaime, quien ya sabe de su nombramiento, no serán obstáculo para su cometido.

En ese sentido, Basteiro se relame por estas horas con una foto color sepia que recuerda su rol de mascota de la selección de fútbol de Aerolíneas. Aunque sabe que su paso por las "inferiores" no le garantiza el éxito como director, cree que su identificación con la empresa y sus años de militancia le permitirán granjear el respaldo de los trabajadores. Sólo una vez que se extingan los festejos de Año Nuevo sabrá si su análisis es el correcto.

[Fuente: Pag12, Bs As, Arg, 31dic06]

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