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05mar26
Estados Unidos se plantea usar el suministro de gas para penalizar a España
En la Casa Blanca circula ahora una idea que hasta hace poco se habría visto como extrema en una relación entre aliados. EE.UU. estudia vías para penalizar a España en el terreno comercial tras la negativa del Gobierno de Pedro Sánchez a permitir el uso de las bases de Rota y Morón en la guerra con Irán. La orden de Donald Trump de «cortar todo el comercio» con España, expresada en público, ha activado un trabajo interno para identificar qué margen de maniobra existe y cuál tendrían un impacto inmediato sin necesidad de un anuncio formal.
En Washington, el primer movimiento no se está planteando como un «embargo» clásico, ya que España es parte de una unión aduanera, sino como una revisión de instrumentos. Se analiza qué sectores dependen más de EE.UU., qué licencias y permisos federales son sensibles, qué contratos y compras pueden ralentizarse, qué inspecciones pueden endurecerse.
EE.UU. es un proveedor central de gas natural licuado (GNL) para España y, en un mercado global, el gas no funciona como un grifo fijo, sino como una carga que se redirige a donde mejor se paga o donde menos fricción política existe. Con la demanda mundial alta por la guerra de Ucrania y la capacidad limitada a corto plazo, cada cargamento tiene alternativas. La revisión del flujo de GNL aparece como una vía de presión porque no depende solo de una sanción escrita, sino de permisos, prioridades de entrega, intermediarios y decisiones de mercado que se mueven con rapidez.
Para España, ese escenario tiene un efecto directo sobre precios. Si llegan menos barcos, el coste sube y la competencia se endurece. España pasa a pelear cargamento a cargamento con otros países europeos y con destinos asiáticos. No es un castigo abstracto. Se refleja en el precio de la energía, en la factura industrial y en la inflación. Y además llega con un componente psicológico, el de la incertidumbre, que es lo que más encarece los mercados cuando un proveedor dominante empieza a enviar señales.
En paralelo, la Administración explora otras sanciones comerciales más visibles. Aranceles, restricciones de compras públicas, revisión de contratos, presiones sobre grandes compañías con presencia en ambos países. El argumento que se repite en el entorno de Trump es que, si España «no coopera» en lo militar, EE.UU. no tiene por qué tratar la relación económica como si nada hubiera ocurrido. Es un enfoque que mezcla seguridad y comercio, y que en estos días gana terreno porque encaja con el tono del presidente y con su estilo de negociación, basado en elevar el coste del desacuerdo.
Una tecnología esencial
Para España el gas natural es fundamental, tanto en la elaboración del mix eléctrico -donde se mantiene como una tecnología preeminente-, como en los procesos de calor para los consumidores residenciales; y, sobre todo, para las grandes industrias energeticointensivas.
Por eso, que EE.UU. tenga presente el gas como una de las armas para potenciales represalias podría ser un problema de primera magnitud. Según consta en el boletín estadístico de Enagás sobre cobertura de gas en suelo español, el año pasado el 31% de la demanda perteneció al país presidido por Trump.
El principal proveedor fue Argelia, con el 34% de la cobertura, mientras que en tercer lugar se situó Rusia (10,9%). Por detrás quedaron Nigeria, Angola y Francia. El reparto de esta «tarta» es preocupante para España, puesto que el 'pool' proveedores es muy pequeño. Por tanto, tener problemas con EEUU. sería un inconveniente de extrema gravedad.
La dependencia de EE.UU. se ha disparado en los últimos años tras la guerra de Ucrania. Hace 10 años, de hecho, se trataba de un socio residual. Países como Perú o Trinidad y Tobago estaban por delante a la hora de suministrar gas, pero todo eso ha dado un giro que, además, se ha visto acentuado el último año debido a los compromisos que tuvo que refrendar la Unión Europea en los llamados aranceles recíprocos.
Por lo que respecta a una potencial ruptura de las relaciones comerciales -a través de un embargo u otro mecanismo-, según ha podido conocer este periódico en fuentes del sector energético, se trata de una cuestión bastante más compleja que romper un simple contrato. El gas viene a España mediante acuerdos 'spot', que son los metaneros de GNL que llegan cada día comprados en el mercado diario, o bien mediante acuerdos a largo plazo. Y ese podría ser el gran salvavidas para España.
Un ejemplo reciente es lo que ha pasado con Rusia. Cuando inició la invasión de Ucrania se pusieron sanciones de inmediato al gas que llegaba desde aquella región. Sin embargo, en estos momentos sigue circulando gas ruso por las infraestructura españolas por los contratos que había firmados a largo plazo.
De esta forma, incluso en el peor de los casos, tendría que ser la propia Administración Trump la que debería bloquear los barcos que salen de EE.UU., pero no solo eso. Desde Rusia ha estado llegando gas porque venía a través de una sociedad conjunta con diversas empresas. Por tanto, se podría dar el caso que el gas producido en EE.UU. llegase a España por otras vías. En todo caso, una ruptura total de las relaciones comerciales sería un problema por la complejidad de conseguir nuevos proveedores fiables y estables; y, además, que tampoco sean de Oriente Próximo. Difícil puzle.
[Fuente: Por David Alandete y Raúl Mesa, ABC, Madrid, 05mar26]
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