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15abr26
La crisis energética 'agrieta' el consenso en Europa sobre el veto a Putin
La Unión Europea dio luz verde hace apenas tres meses al cierre definitivo del capítulo energético con Rusia. Era una lección extraída de la guerra de Ucrania y una decisión estratégica en materia energética (no estuvo exenta de resistencias).
Y aunque Bruselas se ha mantenido firme el las últimas semanas con respecto a su postura con rusia, el tablero energético, que parecía haber encontrado cierto equilibrio, vuelve a sacudirse por la guerra en Irán.
La escalada de los precios del gas, el petróleo y sus derivados ha vuelto a abrir grietas en Europa. En ese contexto, emergen presiones desde la nueva política de Hungría y Eslovaquia --donde el debate alcanza hoy niveles máximos-- y desde el sector empresarial, todas en la misma dirección: revisar el veto energético a Rusia.
Desde el seño del sector petrolero europeo ha surgido una señal inesperada. "Creo que es necesario suspender la prohibición que entrará en vigor a partir del 1 de enero de 2027 sobre el suministro de GNL procedente de Rusia", reclamó hace unos días Claudio Descalzi, consejero delegado del gigante italiano Eni.
"No estoy sugiriendo que la prohibición deba abandonarse por completo, sino que debe suspenderse o implementarse gradualmente, para no penalizar aún más al sector industrial, que ya está lidiando con altos costes de energía", apuntó.
El directivo italiano, que apuntó que el conflicto en Irán es "el acontecimiento más importante de los últimos 40 años", mostró sus dudas sobre cómo el bloque europeo podría sustituir 20.000 millones de metros cúbicos de gas procedentes de Rusia.
En Italia, el debate llegó al Gobierno. Pero la primera ministra, Giorgia Meloni, ha optado por la cautela. Aunque reconoció comprender la preocupación del sector, insistió en que "aún es demasiado pronto" para contemplar un regreso al gas ruso, incluso en medio de la escalada de precios y la caída de suministros provocadas por la guerra en Irán.
Más al este, el tono es menos prudente. El nuevo primer ministro electo de Hungría, Péter Magyar --cuya victoria sobre Viktor Orbán estaba llamada a marcar distancias con Moscú-- parece que ha optado, sin embargo, por mantener lazos energéticos con Putin.
Tras imponerse en las elecciones, dejó claro que priorizará el acceso a la energía más barata disponible, incluida la rusa. "Nadie puede cambiar la geografía; Rusia y Hungría están aquí para quedarse. El gobierno adquirirá petróleo crudo y gas de la forma más barata y segura posible", afirmó.
Desde Moscú, la respuesta no se hizo esperar. El Kremlin celebró el tono "pragmático" del nuevo liderazgo húngaro y dejó la puerta abierta a una relación basada en hechos concretos.
En la misma línea, el primer ministro eslovaco, Robert Fico, ha ido un paso más allá al reclamar abiertamente a Bruselas que levante las sanciones energéticas a Rusia para hacer frente a la escalada de precios que ha desencadenado el conflicto en Irán.
Por ahora, Bruselas mantiene el rumbo. El comisario europeo de Energía, Dan Jørgensen, ha reiterado el compromiso de la Unión Europea de cortar definitivamente la dependencia de los combustibles rusos.
Sin embargo, los expertos advierten de que ese compromiso podría ponerse a prueba si la guerra en Irán se prolonga y deriva en un problema real de abastecimiento. Si los precios del gas y el petróleo siguen escalando hacia terrenos desconocidos --como ya anticipan los escenarios más pesimistas--, las presiones no harán más que intensificarse.
En ese contexto, Europa podría verse obligada a elegir entre sostener su estrategia política o garantizar su seguridad energética.
Rusia dispara sus ingresos
Los datos también dibujan una realidad más ambigua. Rusia ha visto dispararse sus ingresos energéticos en paralelo a la crisis de Irán.
En marzo, duplicó sus ganancias por exportaciones de petróleo respecto al mes anterior, impulsadas por el encarecimiento de los precios tras el bloqueo iraní del estrecho de Ormuz, según el Centro de Investigación sobre Energía y Aire Limpio (CREA).
El repunte fue especialmente intenso en el crudo transportado por vía marítima, cuyas ventas se dispararon un 115% hasta alcanzar los 372 millones de euros diarios, pese a que el volumen exportado solo creció un 29%.
En conjunto, los ingresos por combustibles fósiles aumentaron un 52%, hasta los 713 millones de euros diarios, su nivel más alto en dos años.
También crecieron las exportaciones por oleoducto, un 19% hasta los 59 millones de euros diarios, y las de gas natural licuado (GNL), que subieron un 5% hasta los 47 millones al día. En total, los ingresos por exportaciones de crudo alcanzaron los 431 millones de euros diarios, un 94% más que el mes anterior, impulsados sobre todo por la subida de precios.
Y la paradoja europea persiste. Algunos cargamentos procedentes de refinerías que utilizan crudo ruso han terminado en puertos de países que mantienen sanciones. En marzo, las exportaciones de estas refinerías hacia esos mercados aumentaron un 23%. En concreto, la Unión Europea incrementó sus importaciones de estos productos en un 12%.
[Fuente: Por Alba Pérez, Vozpópuli, Madrid, 15abr26]
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