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14abr26


Europa se expone a un 'shock' de precios por la carrera para llenar los almacenes de gas


Europa avanza hacia un nuevo punto crítico energético en medio de la crisis que ha desatado la guerra en Irán. Los niveles de gas almacenado están en mínimos, las compras se han retrasado y el calendario para llenar los depósitos antes del invierno corre en contra. En el mercado ya se percibe una tensión latente: cuando llegue el momento de actuar, todos los países lo harán a la vez.

Ese es el verdadero riesgo. El continente se enfrenta a la posibilidad de un "shock" de precios del gas, provocado por una carrera contrarreloj para llenar los almacenes en pocos meses, según explican fuentes del mercado a Vozpópuli. Si esa carrera se activa de forma simultánea, los precios podrían dispararse con rapidez.

El origen de esta situación está en la alteración del ciclo habitual de compras. La guerra en Irán ha retrasado el inicio del periodo de llenado, que normalmente arranca entre marzo y abril. Hasta el día de hoy, con un precio del TTF holandés que ronda los 47 euros /MWh, Europa no ha estado comprando gas de forma activa. ¿El motivo? La expectativa inicial era que el conflicto se resolvería o, al menos, se estabilizaría en cuestión de semanas, permitiendo una relajación de los precios.

Sin embargo, esa espera ha dejado al sistema en una posición delicada. Los almacenes europeos se encuentran en torno al 29% de su capacidad, el nivel más bajo desde la crisis energética derivada de la guerra en Ucrania, y claramente por debajo de la media de los últimos cinco años. Este punto de partida reduce el margen de maniobra y aumenta la dependencia de lo que ocurra en los próximos meses.

El contexto regulatorio añade presión. La Unión Europea exige que los Estados miembros alcancen un 90% de llenado de sus almacenes antes del 1 de noviembre, un objetivo ambicioso dadas las circunstancias actuales. Para lograrlo, Europa necesita importar grandes volúmenes de gas en un periodo muy corto. En términos aproximados, serían necesarios entre 40 y 80 miles de millones de metros cúbicos adicionales, dependiendo del nivel de cobertura que se quiera alcanzar.

El problema es que ese esfuerzo se produce en un mercado global limitado. El comercio mundial de gas natural licuado --el gas transportado en barcos tras ser enfriado para ocupar menos volumen-- ronda los 555 miles de millones de metros cúbicos al año.

Europa tendrá que asegurarse una parte relevante de ese suministro en apenas tres o cuatro meses, lo que anticipa una competencia directa entre países compradores. De hecho, la Comisión Europea ya ha pedido a los países miembro que empiecen ya a llenar sus almacenes.

A esta presión puntual se suma una debilidad estructural. Europa paga el gas mucho más caro que otras grandes economías. Mientras en Estados Unidos el precio ronda los 2,25 dólares por unidad térmica británica --una medida que refleja la cantidad de energía del gas--, en Europa se sitúa cerca de 11 dólares, y en Japón alrededor de 12. Esta diferencia implica que el gas en Europa puede costar entre cuatro y cinco veces más que en el mercado estadounidense.

La brecha también se traslada a la electricidad. Los precios energéticos en Europa son más del doble que en economías como la de Estados Unidos o China, lo que repercute directamente en la competitividad de su industria y en los costes de producción.

En este escenario, Estados Unidos emerge como uno de los grandes beneficiados. Convertido en exportador neto de petróleo y gas, el país no solo cubre su demanda interna, sino que también refuerza su papel como proveedor global. Las tensiones energéticas internacionales pueden mejorar su balanza comercial y consolidar su influencia geopolítica.

Previsiones actuales

Las previsiones apuntan a que la presión sobre los precios continuará en el corto plazo. Para el verano de 2026 se estima que el gas podría situarse en torno a los 56 euros por megavatio hora, mientras que en invierno rondaría los 55. Este comportamiento, en el que el verano resulta más caro que el invierno, responde precisamente a la demanda asociada al llenado de los almacenes.

A medio plazo, el panorama podría suavizarse. Se espera que el mercado global de gas natural licuado (GNL) crezca de forma significativa antes de 2030, impulsado por nuevas inversiones, especialmente en Estados Unidos y Canadá, lo que ayudaría a estabilizar los precios.

Hasta entonces, Europa seguirá expuesta a un equilibrio frágil. La combinación de reservas bajas, compras retrasadas y una demanda concentrada en pocos meses dibuja un escenario en el que cualquier movimiento brusco puede traducirse en un nuevo episodio de tensión energética y en un repunte de los precios.

[Fuente: Por Alba Pérez, Vozpópuli, 14abr26]

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