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04abr26


África, al borde de una crisis alimentaria por la guerra de Irán: los fertilizantes son la clave


Tras más de un mes marcado por los ataques, los bombardeos y las acusaciones, la guerra en Irán continúa. Sin embargo, las consecuencias de esta no se miden únicamente por la pérdida de vidas humanas, sino que el cierre del estrecho de Ormuz está interrumpiendo el suministro de fertilizantes y otros productos esenciales, lo que amenaza con producir una crisis alimentaria que afectará a gran parte de los países a nivel mundial.

Hace apenas unos días, la ONU (Organización de las Naciones Unidas) lanzó un aviso sobre esta catástrofe, alertando de que la crisis de fertilizantes por el cierre de Ormuz puede afectar a la seguridad alimentaria. Por este estrecho, no solo pasa una cuarta parte del petróleo marítimo, sino también grandes cantidades de gas natural licuado (GLP por sus siglas en inglés), una materia prima esencial para la producción de fertilizantes nitrogenados, como amoniaco y urea.

Puesto que el GNL es esencial para la elaboración de muchos fertilizantes, las exportaciones del Golfo han adquirido mayor relevancia, sobre todo después de que la guerra disminuyera las exportaciones de Ucrania y de que Rusia y China también disminuyeran las suyas.

Asimismo, a esa escasez de fertilizantes, se le suma un aumento de costes, un aumento que no todos pueden pagar, puesto que el incremento de los precios del gas natural también está provocando la subida de los precios de los fertilizantes. Según estimaciones de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), en el primer mes de guerra el fertilizante se ha encarecido un 50%, provocando consecuencias en países que se encuentran en periodo de siembra.

En el año 2024, hasta un 30% del comercio mundial de fertilizantes, incluidos los nitrogenados, los fosfatados y los potásicos, pasó por el estrecho de Ormuz desde el golfo Pérsico para dirigirse hacia mercados de exportación repartidos por todo el mundo. Si solo se tienen en cuenta los datos del Golfo, este exportó un 23% del amoniaco mundial y 34% de la urea.

África, uno de los países más perjudicados

La realidad es que la disminución de las exportaciones de fertilizantes nitrogenados afectaría gravemente a los países que son considerados los principales exportadores de alimentos, como la India, Tailandia, Estados Unidos y Brasil. No obstante, las consecuencias a nivel global no se distribuyen de manera equitativa, siendo los más pobres quienes enfrentan los mayores efectos. Asia y África han resultado especialmente perjudicadas debido a su alta dependencia de las importaciones de petróleo, gas y fertilizantes.

Tal y como señala un análisis de la UNCTAD -- organismo comercial de la ONU -- Sudán, país que se encuentra aislado por la guerra, es el territorio más vulnerable ante la crisis, ya que el 54% de sus importaciones marítimas de fertilizantes proceden de los países del Golfo. Otras regiones como Kenia, Mozambique, Tanzania y Somalia también están muy perjudicados por este motivo.

"Los países más expuestos son aquellos con grandes sectores agrícolas, pero con una producción nacional limitada de fertilizantes, lo que significa que depende en gran medida de insumos importados", explicó Leeuwner Esterhuysen, economista sénior de Oxford Economics Africa, a African Business.

Por ello, hay altas probabilidades de que esa escasez desencadene una gran crisis alimentaria. Según estimaciones del Programa Mundial de Alimentos (PMA) de las Naciones Unidas, en el Norte de África 5,2 millones de personas podrían verse abocadas a una inseguridad alimentaria aguda, en África Occidental y Central 10,4 millones y en África Oriental y Meridional, 17,7 millones.

Cabe la posibilidad de que los agricultores que sean más pobres y que se encuentren en los países en desarrollo sean los primeros en experimentar las repercusiones, una cuestión que pondría en riesgo tanto sus cosechas como sus medios de subsistencia.

La agricultora keniana Elizabeth Wangui declaró a finales de marzo a The Associated Press que hay que sufrir largas colas para recabar fertilizante en el agroveterinario -- negocio que ofrece a los agricultores productos subvencionados por el gobierno --. "Ese fertilizante del gobierno es difícil de conseguir en este momento. Te avisan cuando está disponible y, por ejemplo, cuando fui a recogerlo la semana pasada tuve que estar allí a las 7:00 de la mañana para asegurarme al menos un saco", explicó.

Por otra parte, Esterhuysen contó que aparte de en África Oriental, zona en la que los fertilizantes son de vital importancia para la producción de maíz y trigo, también hay otros países africanos que también podrían sufrir las consecuencias.

"En África Occidental, Ghana y Costa de Marfil también podrían verse afectadas a través de cultivos de exportación como el cacao, donde el uso de fertilizantes es importante para prevenir enfermedades y aumentar los rendimientos", aseguró. "Los países con amplios programas de subsidios a los fertilizantes, como Kenia y Nigeria, también podrían enfrentar presiones fiscales si los gobiernos intervienen para proteger a los agricultores del aumento de los costos de los insumos", añadió.

La dependencia de los fertilizantes en la África subsahariana

La África Subsahariana, zona en la que se encuentran países como Kenia y Somalia, tiene una gran dependencia a los fertilizantes provenientes del Golfo Pérsico. La alarma ha saltado, puesto que un descenso en el suministro podría desencadenar un aumento de los precios justo en el momento en el que se inicia la temporada de siembra. La región se encuentra en situación de riesgo, puesto que importa hasta el 90% de los fertilizantes y su uso es limitado.

Los altos costes del transporte, sumado a la baja producción local que hay en la zona, hace que los fertilizantes del África subsahariana se conviertan en unos de los más caros a nivel internacional. Todo ello provoca que no se estén utilizando fertilizantes suficientes por parte de los agricultores africanos, una cuestión que la crisis económica existente agrava mucho más.

"Para la agricultura africana, el principal riesgo es que el aumento del precio de los fertilizantes reduzca su uso entre los agricultores, especialmente entre los pequeños productores con márgenes reducidos. Si esto ocurre, podría debilitar el rendimiento de los cultivos y la salud de las plantas, lo que podría contribuir a una menor oferta ya un aumento de los precios de los alimentos a largo plazo", señaló Leeuwner Esterhuysen.

Ya en 2022 la crisis de los fertilizantes que hubo evidenció que, a pesar de que el uso mundial de estos produccos se mantenga en el mundo, los agricultores africanos de bajos ingresos pueden ver caer drasticamente su rentabilidad.

El continente europeo se ha mostrado reacia a brindar apoyo para incentivar la producción de fertilizantes minerales en África, debido a que Europa ve los fertilizantes como un problema ambiental, pero su falta en África causa problemas todavía mayores para el medio ambiente y la seguridad alimentaria.

Sin embargo, el problema de la infrautilización sí que ha sido identificado por algunos líderes africanos. El objetivo de la Declaración de Nairobi de 2024 es triplicar la producción nacional. Se trata de una cuestión difícil, aunque hay países que tienen lo necesario para llevar a cabo este proceso.

Países como Nigeria, Egipto y Etiopía, que poseen reservas de gas natural, tienen el objetivo de expandir la producción de fertilizantes grises -- derivados del gas natural --. Por otra parte, países que no disponen de este tipo de reservas, como Uganda y Kenia, tienen la finalidad de explotar sus capacidades en lo que respecta a energía renovable para producir fertilizantes verdes -- con bajas emisiones de carbono --.

Otras alternativas

Aunque es cierto que reducir esa gran dependencia podría aportar una solución temporal, conseguir fertilizantes de fuentes alternativas supone una gran dificultad para los importadores africanos. "Los importadores pueden conseguir cargamentos alternativos de productores como Rusia, China o Egipto, pero hacerlo suele implicar precios más altos y plazos de entrega más largos", asegura Esterhuysen.

La realidad es que el conflicto en Oriente Medio posee una gran influencia en este aspecto. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, comunicó el pasado 9 de marzo que el país norteamericano se encontraba "muy cerca de finalizar" sus ataques, los cuales comenzaron el pasado 28 de febrero. No obstante, más de un mes después la guerra no tiene previsto terminar en un corto periodo de tiempo, lo que indica que las consecuencias de esta en lo que se refiere a la crisis de los fertilizantes, continuará.

"A corto plazo, las existencias actuales y las rutas de envío alternativas pueden ser de ayuda, pero si la interrupción continúa, habrá menos fertilizante disponible y es probable que los precios se mantengan altos hasta que el transporte marítimo y la producción vuelvan a la normalidad", señaló la economista sénior de Oxford Economics Africa.

[Fuente: Por Irene Camacho, Vozpópuli, Madrid, 04abr26]

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