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03abr17


Arthur Brand: «España es uno de los peores países para recuperar obras del expolio nazi»


Tanto ricos coleccionistas como prestigiosos museos recurren a él cuando sufren un robo. Arthur Brand es detective de arte robado. Pero calcula que eso supone solamente un 30% de su trabajo, el resto es una continuación de la aventura de los «Monuments Men» de Roosevelt, con el fin de ayudar a familias judías, víctimas del Holocausto y expoliadas por los nazis, a las que infunde la esperanza de recuperar algo del patrimonio familiar.

Desde su discreto centro de operaciones en Holanda y trabajando siempre bajo la más estricta confidencialidad, mantiene viva una batalla cultural y legal contra el Tercer Reich. «Hay gente que dice ya han pasado 70 años, que basta ya, y llegan a sonar razonables, pero no podemos olvidar que esas familias no han tenido nunca hasta ahora oportunidad real de recuperar lo que era suyo. Hasta hace apenas cinco años, nadie los escuchaba», defiende en conversación con ABC.

Cuando un cuadro es robado en un museo, o cuando es saqueada una colección privada, el método de trabajo es diferente, se trata sobre todo de analizar el estilo del robo desde un profundo conocimiento de los criminales de guante blanco a escala internacional. Y después de dejar caer una oferta por la recuperación en los círculos adecuados. A menos que sea un robo por encargo muy específico, las obras suelen aparecer en ese proceso.

Pero hace ya más de 20 años que Arthur Brand comenzó a encontrar clientes judíos que buscaban las pertenencias de sus antepasados. «A menudo eran supervivientes, los últimos de sus familias, eran historias tan tristes que resultaba inevitable no comprometerse», recuerda. «Después de la II Guerra Mundial, el gobierno holandés recibió de los Monuments Men muchas obras de arte para devolver a sus legítimos propietarios, pero muchas no fueron devueltas. A veces no había supervivientes de esas familias, o los había pero no aparecieron, y las obras fueron vendidas de nuevo», explica, «pero durante décadas, cuando alguien aparecía reivindicando esas obras solo recibía como respuesta documentos legales de venta y el mensaje: olvídalo, todo el mundo ha sufrido mucho, tú no más que otros».

Restitución moral

Brand insiste en que no se trata solamente de patrimonio ni de legalidad, sino que hay pendiente una «restitución moral» con esas personas, y reconoce la gran satisfacción que ha supuesto cada investigación con éxito. «Para mí son éxitos morales. Era devolverles al menos parte de quien ellos mismos y sus familias habían sido. Nunca les será devuelta su vida, tal y como debió ser, pero al menos debemos devolverles algo».

«Los nazis eran muy inteligentes. Guardaban obras para los futuros museos del Reich de los mil años, pero también vendieron muchas otras en Suiza desde los años 30 para financiar la guerra. Y allí no podían venderlas si no eran totalmente legales. Por eso forzaban con leyes o multas a los judíos a vender. Primero cerraban la consulta de un médico, después le ofrecían pagar 120.000 marcos a cambio del permiso para abandonar el país, de forma que le obligaban a vender su colección para obtener el dinero, o sencillamente le daban a firmar un formulario cediendo las obras al Estado alemán, que se hacía con ellas legalmente. Muchos de ellos no abandonaban el país, sino que después eran conducidos a campos de concentración, pero los documentos firmados atestiguaban la legalidad de las operaciones» dice Brand.

Cuando acuden a él un superviviente o descendiente de aquellas víctimas, comienza un rastreo global de museos y mercado del arte en busca de las obras. Y cuando las encuentra, viene la parte más difícil. «Los ingleses responden que la familia vendió en 1933 para pagar una deuda con el gobierno alemán, una multa porque eran judíos. Me muestran el papel, alegan un documento nazi en su defensa y eso es lo que hace esta lucha muy difícil. A veces podemos probar que vendieron a precio ridículo en comparación con el de mercado y defendemos que esa es la prueba de que vendían forzados, nadie en su sano juicio habría vendido a ese precio», suspira, «pero no es nada sencillo».

Alemania hace más que otros países, pero es poco

Como signo para el optimismo, reconoce que hay ya una nueva generación de propietarios que realmente se sienten incómodos con la herencia que han recibido y que se ofrecen voluntariamente a devolver obras, cuadros que buscan legítimos propietarios como los que aparecen en el portal «lostart.de». Alemania acaba de crear un fondo de 3,4 millones de euros para facilitar la investigación de esas obras y ayudar a encontrar a los supervivientes a los que correspondería devolverlas, pero Brand dice sobre ese programa «too little, too late».

«Lo que nosotros sentimos es que solamente tratan de ganar tiempo. Solo quedan nietos y dentro de unos años podremos decir que se acabó, habrá una ley que pase página e impida presentar estas demandas. Lo que Alemania ha hecho por restituir es demasiado poco y aun así es mucho más de lo que han hecho el resto de los países», advierte.

Muchos casos en España

«También hay muchos casos en España. Siento decirlo, pero España es uno de los peores países para las familias expoliadas durante la II Guerra Mundial. Hemos descubierto obras y cuando llamamos nos dicen: no es asunto suyo. Se entiende, porque España no sufrió la Guerra Mundial, no fue invadida por los nazis y los españoles no sienten que es su problema. Hay en España obras de arte de este tipo, pero hace años que ya ni contactamos a nadie en España porque ya sabemos que nos van a cerrar la puerta», denuncia.

Entre los actuales propietarios, Brand diferencia: «Hay museos que lo que deben hacer es devolverlas, hay coleccionistas que compraron sin saber el origen del cuadro y yo los considero también víctimas, intento encontrar un medio de entendimiento y esos acuerdos suelen ser muy satisfactorios para las dos partes, pero también hay casas de subastas en Alemania que venden obras que saben que fueron robadas y no les importa. Solo tienen en cuenta que el delito ha prescrito y la venta es legal. Christie's y Sotheby's no lo hacen. Si alguien acude con una obra, la investigan. Y si descubren un origen poco legítimo se niegan a venderlo antes de que se llegue a algún tipo de acuerdo».

«Hay ahora mismo una negociación con el Rijksmuseum de Amsterdam muy satisfactoria», destaca entre sus últimos logros. Recuerda con especial agrado unas porcelanas en posesión de la familia real holandesa. «Las habían comprado sin conocer su origen en 1976 y las devolvieron de inmediato», aclara. También anota varios hallazgos en el Louvre de París. «Ningún museo quiere devolverlo, tienes que presentar una cantidad ingente de pruebas», lamenta, aunque añade que los museos más duros son los rusos. «Merkel y Putin todavía están peleando por obras que robaron los rusos en Alemania, y muchas de ellas habían sido previamente robadas por los nazis. Yo he llegado a escuchar de un director de un museo ruso: antes dispararía a uno de tus clientes que devolverles nada».

Entre sus casos resueltos figura también el de los caballos de bronce que decoraban la entrada a la Cancillería de Hitler, de Josef Thorak, que localizó haciéndose pasar por el asesor de un comprador corrupto. Y entre las obras españolas a las que ha seguido la pista con éxito destaca «Adolescencia» (1941) de Dalí. Poco a poco, los grandes museos se van concienciando de la necesitad de restituir a las víctimas del expolio y así es como el Louvre, por ejemplo, ha devuelto «Paisaje montañoso» del pintor flamenco Joos de Momper, «Retrato de mujer» del siglo XVIII, y «Virgen con Niño» a la manera de Lippo Memmi.

Devolución de la familia real holandesa

La familia real holandesa también devolvió «El Bosque de La Haya con vistas del Palacio de Huis ten Bosch», obra de Joris van der Haagen, nada más detectarse su procedencia dudosa. Importante fue también el caso de los herederos de Rudolf-August Oetker, director ejecutivo de Dr. Oetker, conocida firma de alimentación, que en 1956 compró el «Retrato de Adriaen Moens» (1628), de Anton van Dyck. Una investigación ha demostrado que fue vendido bajo presión y llegó a manos del comandante en jefe de la Luftwaffe, Hermann Goering, después al gobierno holandés y, finalmente, a un marchante londinense de los viejos maestros. Recientemente, la compañía ha anunciado que el cuadro será devuelto a Marei von Saher, la única heredera de Jacques Goudstikker, el marchante holandés que en 1940 huyó de los nazis dejando atrás todo su patrimonio.

[Fuente: Por Rosalía Sánchez, ABC, Madrid, 03abr17]

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