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27dic01


Guatemala: Réquiem por los Acuerdos de Paz?


Acabó el año 2001, el quinto después de la firma de los Acuerdos de Paz. Acabó con la enésima recalendarización y el enésimo incumplimiento de los mismos.

CRÓNICA DE LA RECALENDARIZACIÓN

Una historia antigua: desde el instante mismo de su firma, los Acuerdos de Paz han sido objeto de revisiones, negociaciones y reestructuraciones (signo de incumplimiento) paulatina y sistemáticamente devaluadoras.

El primer capítulo de esta reestructuración fue el Acuerdo de Cronograma. Negociado en la euforia como mala consejera de los días previos al 29 de diciembre de 1996, y en un contexto marcado por el secuestro de Olga de Novella y la desaparición del guerrillero Mincho a manos de un comando antisecuestros del Estado Mayor Presidencial (nunca oficializado ni reconocido), el citado Cronograma desnudó los Acuerdos de muchas de sus buenas intenciones: se centró en la elaboración de un Cronograma de cumplimiento meramente cuantitativo y privilegió lo formal sobre el contenido, "robándose" buena parte del espíritu que condujo a la firma de la paz.

Por poner sólo un ejemplo, el Cronograma redujo la intención de superar la discriminación de las mujeres a la constitución de un Foro de la Mujer que trabajó, se reunió, propuso, pero -carente de acompañamiento institucional- no pudo alcanzar la mayoría de edad política.

Tras el Acuerdo de Cronograma, sucedieron recalendarizaciones más graves:

a) El aplazamiento de la disolución del Estado Mayor Presidencial

b) El incumplimiento de las metas tributarias

c) La postergación de la construcción legal y jurídica de un país pluricultural, multiétnico y plurilingüe (la Consulta Popular, como causa de lo anterior y como consecuencia de la falta de voluntad política).

DETERIORO DE LA PAZ

El gobierno del Frente Republicano Guatemalteco, FRG, continuó similar dinámica. Tardó un año en animarse a esbozar un nuevo calendario de ejecución de los Acuerdos (otra opción, probablemente más deseada pero más impopular, era declararlos oficialmente muertos). Pero tardó menos en incumplir una vez más lo que estaba reprogramando.

Desde la asunción del gobierno del FRG, en enero de 1990, no han existido avances apreciables en la agenda de la paz. Por el contrario, se han dado pasos significativos y peligrosos en el rearme de estructuras ligadas a la represión y a los peores momentos del terrorismo de estado. Asimismo, la percepción generalizada entre la población es que existe retroceso en la vigencia de derechos fundamentales (asesinato de Bárbara Ford, impunidad en la desaparición de Mayra Gutiérrez, amenazas a organizaciones de derechos humanos).

Algunas razones explican el deterioro de la práctica y la filosofía de la paz en este periodo. El partido gobernante, por un lado, se nutre de cuadros formados en la doctrina de la seguridad nacional y del combate frontal al "enemigo" interno, además de una ideología que claramente equipara bienestar a seguridad policíaca.

Por otra parte, el presidente Portillo, carente de apoyos partidarios, de apoyos sociales y carente de un programa de nación coherente y definido, ha buscado respaldo -como la mayoría de antecesores- en la Institución armada, lo que no le garantiza popularidad pero sí un cierto grado de estabilidad. Justifica lo anterior afirmando que es preferible un ejército leal al gobierno popularmente electo que no un ejército situado permanentemente en los límites del golpismo y las alianzas espurias. Pero el precio a pagar por esa estabilidad se antoja demasiado alto: no sólo en términos monetarios -este año se ha incrementado a niveles históricos el presupuesto del Ministerio de Defensa- sino también en términos del secuestro de la voluntad popular por las percepciones de una institución permanentemente partidista, deliberante y poco obediente a los intereses colectivos.

A esto se suma el ascenso económico de grupos ligados al narcotráfico y/o a la economía informal crecida al amparo de estructuras represivas, grupos que cuentan con importantes aliados en el gobierno y el FRG.

Por otra parte, uno de los firmantes de los acuerdos, la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca, no ha superado la crisis de identidad que supone transitar desde una praxis de lucha armada y toma del poder a la actual situación de lucha política. Con excesiva frecuencia, URNG parece decantarse por la negociación cupular en vez de la participación, evidencia ambigüedad y carencia de norte ideológico, y tiende a confundir los principios de la negociación y la concertación con la práctica de las concesiones continuas y el abandono de la movilización y la lucha de los sectores populares. Ello combinado con falta de canales de comunicación y participación social. La desarticulación de esfuerzos de organizaciones populares y sociales deja el escenario libre para la regresión y la represión, la disociación y la carencia de alternativas.

LA ESPIRAL MILITARISTA.

La secuela de los atentados del 11 de septiembre, y la declaratoria universal e indiscriminada de guerra de EEUU, han reforzado tendencias militaristas en la política guatemalteca: en los dos últimos meses, un ex general ha sido nombrado Comisionado antiterrorista y otro ex general ocupa el cargo de Ministro de Gobernación (en sustitución de un ex mayor). En el ámbito centroamericano, se reactivan Consejos de Defensa y Tratados Interamericanos de asistencia Recíproca para la defensa común contra enemigos (así, amplia y ambiguamente definidos) también comunes. El resultado de todo ello es que el poder civil se debilita políticamente.

EL PAÍS DE LA ETERNA CRISIS ECONÓMICA.

A este panorama negativo hay que añadir la crisis económica, a la que el gobierno-partido FRG no ponen freno. Desde la toma de posesión, el FRG se ha abocado a luchas con el sector empresarial que -si bien responden a la lógica de debilitar y dividir poderes que han hecho de Guatemala uno de los países de más desigual distribución de la riqueza del mundo, PNUD- no parecen buscar la mejoría de la situación económica, sino ocupar espacios de poder. Con ello, la citada lógica de pobres contra ricos, que alimentó fervores y esperanzas durante la campaña electoral de 1999 , se convierte en populismo retórico.

Incluso el Pacto Fiscal, piedra angular de los olvidados Acuerdos de Paz (concretamente del Acuerdo sobre Aspectos Socioeconómicos y Situación Agraria) se convirtió en escenario contradictorio, incoherente y absurdo de peleas de cúpulas, donde al final ganaron quienes pretenden que todo siga más o menos igual.

En el plano económico, la frustración por las recalendarizaciones y los incumplimientos se traduce en cifras: aumenta la pobreza, el gasto en educación y salud es el menor de toda Centroamérica. En este marco, el hambre extrema que se visibilizó este año en Jocotán y Camotán -dos de los más de 100 municipios en situación de máxima vulnerabilidad-, es la cara visible y débil de una sociedad que no ha convertido el momento histórico de la paz en espacio de fortalecimiento.

UN PAÍS SIN ESTADO.

El militarismo, la crisis económica, la falta de proyectos de nación, la falta de soluciones políticas dibujan un cuadro de crisis profunda que alimenta la más perniciosa característica de la sociedad guatemalteca hoy: la pasividad y falta de acción, hijas de la desesperanza

Tampoco el Estado funciona como elemento aglutinador ni como eje impulsor de un desarrollo incluyente (como, por cierto, lo diseñaban los Acuerdos de Paz). El Estado guatemalteco, tradicionalmente botín de grupos económicos, contemporáneamente eje de las políticas de represión masiva, recientemente subastado y vendido al mejor postor en aras de la eficiencia del mercado y de un concepto poco probado de goteo de riqueza; en fin, el Estado identificado en el imaginario eferregista con el Partido, se encuentra sin herramientas ni capacidad para ofrecer soluciones a la crisis.

La consecuencia de todo ello es un país que no avanza, que a sí mismo se repite hasta el hastío. Un país que, carente por otro año más de la ilusión por participar en un mundial de fútbol, se mira en su espejo y se pregunta angustiadamente si existe otro más feo que él en el concierto de las naciones latinoamericanas. Haití es la respuesta que salva, todavía y siempre Haití.

RÉQUIEM POR LOS ACUERDOS?

No cabe duda de que el contenido de los Acuerdos, en su literalidad, esboza un país diferente y mejor del existente hasta la fecha: en la necesaria reformulación del estado hacia un carácter multicultural e incluyente; en la necesidad de disminuir o anular las diferencias económicas; en el rescate del estado como motor del desarrollo, en el fortalecimiento del poder civil con énfasis en formas nuevas de participación y representación, y otros. Los grandes objetivos de los Acuerdos, aunque sea por incumplidos y a pesar de sus grandes vacíos, permanecen todavía vigentes. No obstante, la exigencia del cumplimiento de los Acuerdos resulta hoy tan políticamente correcta como escasamente eficaz.

Aquí, un obstáculo a salvar reside en la metodología de cumplimiento y verificación de los Acuerdos, hasta la fecha inocua. Salvar los Acuerdos como agenda mínima para empezar a transformar el país podría comenzar por superar el esquema de las partes signatarias (gobierno-URNG, escasamente representativas de la totalidad de la sociedad) y de la verificación a través de MINUGUA (que se ha inclinado más por la conciliación y las negociaciones restringidas que por la exigencia de cumplimiento). Se trataría entonces de elaborar un nuevo esquema donde -sin desdeñar algunas de las características del actual- se ampliara la participación política y social y se establecieran nuevas exigencias de cumplimiento. Un esquema que también permitiera rediscutir temáticas estratégicas que los Acuerdos marginaron (por ejemplo, la autonomía o el carácter federal del Estado; la redistribución de la tierra y la riqueza).

Este proceso no es fácil pero es inaplazable para superar el más que simbólico retorno al pasado que supone el gobierno del FRG (es alarmante la cantidad de funcionarios civiles y militares participantes en la Tierra Arrasada que ocupan puestos de poder) y para recuperar la oportunidad que los Acuerdos de Paz y el fin del conflicto deberían haber brindado: la oportunidad -que hoy parece escurrirse entre los dedos- de refundar el Estado y reconfigurar la sociedad guatemalteca.

Andres Cabanas de Memorial por Guatemala.

27 de Diciembre de 2001

DDHH en Guatemala

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