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30mar19


Venezuela ya es una crisis global


Ésta es una columna sobre una cumbre que no existió. Una cumbre que debería estar celebrándose en este mismo momento, con más de 30 ministros de Economía, y que, sin embargo, se canceló con cinco días de antelación. Suena increíble, ¿verdad?

La razón aparente es la crisis política de Venezuela. La razón más profunda es la tensión entre EEUU y China. Y el corolario es que éste es un claro indicador del caótico estado de la cooperación internacional, y una señal de que las cosas sólo van a ir a peor.

Todo se desencadenó el viernes de la semana pasada, cuando el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), que es la mayor agencia internacional de ayuda al desarrollo de Latinoamérica, decidió no celebrar, a falta de cinco días, su asamblea anual. Era una cumbre, ademas, simbólica, porque el BID cumple 60 años en 2019.

La clave es que la cumbre se iba a celebrar en Chengdu, en la República Popular China, un país que reconoce al Gobierno de Nicolás Maduro y, por tanto, se había negado a dar el visado al profesor de la Universidad de Harvard Ricardo Hausmann, al que Juan Guaidó ha nombrado ministro de Economía de Venezuela. El Gobierno de Pekín defendía su negativa amparándose en el principio de no intervención en terceros países, y había propuesto, según el diario Financial Times, no invitar ni a representantes del Gobierno de Guaidó ni del de Maduro. Eso chocaba con la opinión de la inmensa mayoría de los miembros del BID, que han reconocido a Guaidó como presidente de Venezuela.

Pero no es sólo cuestión diplomática. También lo es comercial. Venezuela debe a China 20.000 millones de dólares (17.700 millones de euros), según datos del Ministerio de Comercio de ese país citados por el diario The Wall Street Journal. Además, Pekín es, después de Rusia, el mayor vendedor de armas al régimen de Nicolas Maduro. Y, por último, China tiene inversiones en Venezuela por valor de 3.200 millones de dólares (2.800 millones de euros).

Pero la verdadera clave de la disputa no es diplomática ni económica. Es geoestratégica. Desde que Donald Trump llegó a la Casa Blanca, Washington ha tratado de frenar la creciente influencia china en América Latina. Y a Washington le había sentado como un tiro que El Banco celebrara su Asamblea en Chengdu. Ya en noviembre, David Malpass, el subsecretario del Tesoro para Asuntos Internacionales de EEUU, y actual candidato a la presidencia del Banco Mundial, urgió sin éxito al BID a «reconsiderar» la idea. Al final, para contentar a Estados Unidos, que es, de lejos, su mayor accionista, el BID decidió celebrar una cumbre especial conmemorativa del 60 aniversario en el otoño, en Washington. Así, EEUU y China tendrían, cada uno, su cumbre.

La componenda saltó por los aires el 24 de enero. Ese día, el presidente del BID, el colombiano Luis Alberto Moreno, reconoció a Guaidó minutos después de que EEUU lo hiciera tras la toma de posesión de éste. Moreno anunció su decisión en Twitter, y sin consultar a los órganos de gobierno de una institución de la que forman parte 44 países. Tanto el Fondo Monetario Internacional (FMI) como el Banco Mundial y la ONU siguen reconociendo a Maduro como presidente de Venezuela.

A partir de ahí, la cumbre de Chengdu ha estado en el aire hasta, literalmente, cinco días antes de su presunta inauguración. Al final, el bloqueo entre los dos Gobiernos de Venezuela y, sobre todo, EEUU y China la ha acabado haciendo imposible. Es una señal del desgobierno mundial que nos espera.

[Fuente: Por Pablo Pardo, El Mundo, Madrid, 30mar19]

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