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05jul21


En tres comunidades la gente que usa barbijos es hostigada


“¿Por qué usas barbijo? ¿Estás enfermo?”. Cada fin de semana que se presenta en la comunidad de Patacamaya, de donde es dirigente, don Felipe T. G. es hostigado por usar barbijo. El uso lo convierte en sospechoso de portar el coronavirus.

Los de la comunidad siempre están seguros de que en su pueblo ninguno está infectado, por lo que –para ellos– no tiene sentido que alguien use barbijo. Pero la situación se agrava cuando presionan a los que los usan para que dejen de hacerlo.

Don Felipe T. G. vive en el Distrito 8 de la ciudad de El Alto junto a su familia. Ese distrito es el más rebelde de El Alto en cuanto a las medidas de bioseguridad. Allí, casi nadie utiliza barbijos.

Él cuenta que los comunarios de Patacamaya le piden no ir a la ciudad de El Alto porque allí están los contagiados. “Si vienes (de El Alto) nos vas a contagiar”, le suelen reprochar.

Don Felipe, de 65 años y con ocho hijos, viaja a esa comunidad todos los fines de semana porque debe asistir a las reuniones que se realizan para tratar temas como el riego, avasallamientos y otros asuntos de interés de la comunidad.

“Bozal”

Pero este no es el único caso que muestra la fuerte presión que existe en las comunidades contra las personas que utilizan barbijos. El periodista Arturo Choque publica en su muro de Facebook el testimonio de una mujer a la que llama Martha, quien le cuenta de manera espontánea las penurias que debe pasar en los Yungas -donde se dedica al cultivo de la coca- porque utiliza barbijo.

“¿Dónde estás yendo con tu bozal?”, es la frase con la que la increpan, según recuerda Arturo del diálogo que tuvo con ella aquella fría noche de la última semana de junio en el atrio del Hospital del Tórax de La Paz, adonde ambos fueron por una ficha para una consulta externa.

“Le critican por usar el barbijo. ‘¿Dónde estás yendo con tu bozal?’, le dicen. Según Martha, en su comunidad casi nadie utiliza el barbijo. Sólo ella, su familia y alguna persona más”, cuenta Arturo a Página Siete.

Aparentemente Martha fue líder en su comunidad, según pudo deducir el periodista después de la charla sostenida con ella. “Era dirigente y es muy rebelde”, agrega Choque.

Y en su comunidad no sólo la presión es contra la utilización de los barbijos, sino también contra las vacunas. “Martha me habla de que la ‘orden’ de la Subcentral Campesina de su comunidad es que nadie se haga vacunar, ha sido una decisión tomada en un ampliado, bajo la presión de los dirigentes que entremezclan argumentos religiosos y conspiranoicos: dicen que te van a poner la marca de la bestia, que han vacunado primero a los viejos porque no aportan en nada y quieren deshacerse de esa carga...”, relata Arturo en su muro.

“Martha asistió al ampliado, pero se quedó callada. Esa tarde, en su casa tomó una determinación: nadie decidiría nunca más por ella. Menos en temas de salud. Recordó con rabia las veces que le criticaron por ser ‘mujer sola’, las burlas que le hacen por el ‘bozal’ que lleva en solitario desde que comenzó la pandemia... A la mañana siguiente fue al centro de salud y se vacunó ‘de ocultas’”, prosigue Choque.

Un tercer caso tiene que ver con un profesional que fue contratado en la Alcaldía de Ancoraimes, en la provincia Omasuyos del departamento de La Paz, donde no pudo estar más de un mes debido a la fuerte presión que había de parte de los comunarios porque él usaba barbijo.

Teorías conspirativas

Hay muchas teorías conspirativas contra los barbijos, pero principalmente contra las vacunas. Una de ellas se refiere al temor en torno a la vacuna porque podría cambiar el ADN de quien la recibe. Los científicos descartaron esa posibilidad.

Otra teoría afirma que esta pandemia es un plan encubierto para implantar en la gente microchips y que Bill Gates está detrás de este macabro plan.

Una tercera teoría dice que las vacunas contienen el tejido pulmonar de un feto abortado.

En el país también hay de estas teorías, como la que indica que quien reciba una vacuna, se convertirá en hombre lobo.

Página Siete entrevistó a un profesional que fue contratado para trabajar en Ancoraimes, donde apenas estuvo un mes porque no pudo soportar la presión para que no use el barbijo.

¿Qué le pasó en Ancoraimes?

Me hicieron la propuesta de ir a trabajar en el municipio de Ancoraimes. Un contacto me habló de esa posibilidad. Hay muchos profesionales que van a trabajar en ese municipio. Una vez allí, nos entrevistamos con el alcalde y el hermano del alcalde.

En esa reunión nos explicaron el tipo de trabajo que debíamos realizar en la gestión municipal. Me enteré que el 85% había ingresado por razones políticas, no eran profesionales.

Los profesionales que ya estaban trabajando me dijeron que había mucha deficiencia en cuanto a los cuidados contra la Covid-19. El cuidado prácticamente consiste en que un funcionario municipal agarra su botellita de alcohol y va de mano en mano a desinfectar. Eso es todo.

Además, se reúnen en cuartos pequeños todos para compartir comida y bebidas alcohólicas sin protección. En esas reuniones, cuando te ven con barbijo y quieres guardar distancia te dicen que no confías en ellos. No había cómo decir que no a estas invitaciones, porque el mismo alcalde es el que convoca.

¿Pero cómo se da la presión?

En el trabajo que se realiza hay reuniones con distintos sectores que no usan barbijo. Y si tú usas, te presionan para que dejes de usar. Si hablas con barbijo, te repiten que no se te entiende. Al final, te pide que te saques el barbijo. Es fuerte la presión. Te dicen que todos estamos sanos, que el virus no está circulando en la comunidad, y que por eso no es necesario el barbijo.

¿Influyó para que deje de trabajar?

Duré un mes en el trabajo. Es que yo ya pasé por esa enfermedad y prioricé mi salud. Así que tuve que dejar el trabajo. Había presión para que deje el barbijo.

[Fuente: Por Alcides Flores M., Página Siete, La Paz, 05jul21]

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