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30abr18


Secretos, terror y luto: legado que deja el último dictador


A las 13:35 de ayer el cuerpo del general Luis García Meza Tejada llegó a la capilla castrense de Irpavi sin más custodia que la de su familia y los empleados de la funeraria. Un retrato en blanco y negro, su gorra militar y la tricolor sellaron el homenaje íntimo que la familia pidió mantener en reserva por respeto a su dolor.

Para Bolivia, un régimen marcado por el terror y el luto de cientos de asesinados y torturados, además del secreto sobre los restos de Marcelo Quiroga Santa Cruz es el legado del expresidente de facto, quien se constituyó en el último dictador del país (1980-1981). Para quienes compartieron sus últimos años de vida, partió un hombre que fuera de la política era carismático, "amable y bueno".

"La muerte de García Meza es una pérdida lamentable porque con él hemos perdido información muy valiosa para esclarecer los delitos de lesa humanidad y terminar con la impunidad y privilegios que él mismo tuvo", dijo el representante de la Plataforma de Luchadores Sociales Contra la Impunidad, Julio Llanos.

"Mi general ha sido un maestro y mentor. Esperamos el honor que se merece por parte de las Fuerzas Armadas", manifestó Frank Campero, abogado que acompañó al expresidente en los últimos años.

Luis García Meza, nació en La Paz, Bolivia, el 8 de agosto de 1929. Realizó sus estudios primarios y secundarios en el colegio La Salle, en la zona Sur de la sede de Gobierno. Fue en esta institución que conoció a Marcelo Quiroga Santa Cruz de quien en varias entrevistas aseguró que era "un gran amigo", hecho que siempre fue negado por los descendientes de uno de los más importantes líderes de izquierda en el país.

En 1952 egresó del Colegio Militar del Ejército como subteniente de Caballería. Ese año, por su participación en la revolución del 52 y el ascenso a la presidencia del Movimiento Nacionalista Revolucionario fue dado de baja y meses después reincorporado.

Entre 1956 y 1979 -año en el que llegó al grado de comandante del Ejército de Bolivia- se desenvolvió como instructor, comandante de compañía y jefe de Estado Mayor de diferentes divisiones. Durante ese tiempo participó en la toma del Palacio de Gobierno, en el golpe de Estado de René Barrientos a la presidencia de Víctor Paz Estenssoro en 1964.

Un régimen de terror

"Un golpe militar, iniciado en la guarnición amazónica de Trinidad, se consumó ayer en Bolivia. La presidenta Lidia Gueiler y todos los miembros del Gobierno civil fueron detenidos por fuerzas paramilitares que ocuparon el palacio presidencial, en La Paz. La Central Obrera Boliviana, cuyo líder, Juan Lechín, habría sido también detenido, ha lanzado un llamamiento a la huelga general" relata un fragmento del periódico El País del 18 de julio de 1980. El artículo informa que el ganador de las elecciones democráticas, Hernán Siles Zuazo (UDP), pasó a la clandestinidad al igual que los principales dirigentes políticos.

La noche del 17 de julio de 1980 García Meza tomó el poder, con un golpe de Eestado contra la presidenta Lidia Gueiler, a quien obligó a renunciar con la lectura de una carta preparada por él. Esa misma noche un grupo de militares realizaba un asalto a las oficinas de la Central Obrera Boliviana (COB), operación en la que desapareció Quiroga Santa cruz luego de ser disparado por un grupo de paramilitares.

Para las víctimas y sobrevivientes de la dictadura esta etapa llena de terror había sido anunciada con dos hechos que hasta el día de su muerte, el exmandatario negó. No dudan que la explosión de una granada en una marcha de la COB y la muerte del padre Luis Espinal, poco antes de que asuma el poder, fueron parte de su plan.

"De principio a fin su gobierno fue el más cruel y sanguinario de la historia del país. Esa misma noche la mina en Caracoles sufrió una arremetida. Su mismo ministro de gobierno -Luis Arce Gómez, también condenado en Chonchocoro- decía que los que no estén de acuerdo con sus medidas debían andar con el testamento bajo el brazo y así fue", expresó Llanos.

Su régimen de poco más de un año tiene sobre sí una treintena de asesinatos confirmados y un centenar de desapariciones que hasta hoy no han sido esclarecidas. La masacre de la calle Harrington es otro de los episodios nefastos de su gobierno.

"El 15 de enero de 1981, en Sopocachi, fueron torturados y asesinados ocho dirigentes del MIR (Movimiento de la Izquierda Revolucionaria) por un grupo de paramilitares", dijo Llanos. Escondida bajo un catre, esa noche Gloria Ardaya fue la única sobreviviente. Al ser encontrada fue torturada y luego exiliada.

Los pocos meses de gobierno de García Meza no sólo se caracterizó por la violencia y la represión, sino, también por la corrupción y el narcotráfico.

Una división y presión de las fuerzas militares llevó al mandatario a renunciar en favor de Celso Torrelio. El 4 de agosto de 1981, ante las cámaras, daba un discurso en el que entregaba la silla presidencial.

"El general García Meza no es un cobarde y eso lo saben todos. Pero por encima del orgullo y de la vanidad está la patria, es por esas circunstancias que he decidido entregar la presidencia a la junta de comandantes", afirmaba ante decenas de micrófonos.

Cinco años después el entonces Congreso Nacional dio pie a un juicio por la culpabilidad del último dictador y sus colaboradores en los asesinatos y el genocidios cometidos en su gestión, además de otros actos de corrupción. La sentencia de 30 años fue dada el 21 de abril de 1993. Luis García Meza Tejada había huido a Brasil desde donde fue extraditado en 1995. Enmanillado, el expresidente aterrizó en el aeropuerto de El Alto para ser trasladado al penal de Chonchocoro.

Desde entonces cumplió su sentencia entre su celda y una habitación en la Corporación del Seguro Social Militar (COSSMIL). Fue ahí donde el pasado sábado sufrió tres paros respiratorios que los llevaron a terapia intensiva. El cuarto fue fulminante y el general partió de este mundo.

En la plaza Murillo, don Jorge, uno de los lustracalzados más antiguos, recuerda que una vez les dio un bono. "No hablamos de política, siempre de fútbol, fuera de la política era amable".

Sin una escolta militar ni los honores que se rinden a un exmandatario, su velorio transcurrió en medio del dolor de los familiares y sus seres cercanos. Enfermeras y mucamas llegaron para despedir al que dicen fue el último dictador de Bolivia.

[Fuente: Por Leny Chuquimia, Página Siete, La Paz, 30abr18]

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