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18feb18


Jorge Lazarte: "Evo tiene la clave si quiere salvarse a sí mismo, salvar al MAS y al país"


A pocos días de recordarse el segundo año del triunfo del No en el referendo de 2016, Jorge Lazarte, analista político boliviano que goza de reconocimiento internacional, explica que esta fecha ha marcado un hito en la política boliviana, porque ha dado fin a una forma autoritaria de gobernar.

Lazarte, quien también fue vocal de la Corte Nacional Electoral y luego constituyente, considera que la oposición está en condiciones de ganarle al MAS o, al menos, de arrebatarle los dos tercios legislativos.

Vislumbra un escenario de posible violencia, en caso de que Evo Morales no renuncie a su candidatura. En sus manos está la clave de todo, dice.

¿Qué significado tiene el 21F después de dos años de haber ganado el No en las urnas?

El 21 de febrero de 2016 marcó un viraje profundo en la historia política del país de los últimos años, cerró un ciclo político y abrió otro. Llegó a su término una cierta manera de ejercicio del poder, muy autoritario, con fuertes inclinaciones despóticas. Esto a mi juicio se ha venido abajo. Fue una derrota política de magnitud para el MAS que adquirió un relieve especial porque afectó al corazón mismo del sistema de poder que es Evo Morales, que hasta ese entonces se había pensado que era invulnerable. La derrota creó un nuevo escenario político hacia delante con la pretensión del MAS de perpetuarse en el poder a través de Evo Morales y esto ha provocado una resistencia cada vez más consistente de sectores importantes como las clases medias, que en unos casos han roto con el Gobierno y en otros casos se han distanciado.

¿Cree que la ciudadanía ha logrado articularse en torno a una posición conjunta de rechazo al continuismo de Evo Morales?

El viraje es tan consistente que a partir de ese momento todo lo que el Gobierno ha enfrentado hacia delante son derrotas políticas. A eso hay que sumar que los conflictos han cambiado su eje y se están volviendo a reactivar en el oriente. Entonces, la situación del Gobierno en este momento es de un aislamiento cada vez mayor con respecto a la población. A esto se suma el fallo del Tribunal Constitucional que ha sido otro factor más que ha contribuido a la derrota de las elecciones judiciales, cuyos resultados han sido peores que los de 2011. De modo que en el último tiempo, el Gobierno ha ido cosechando derrota tras derrota y retrocediendo contra sus propios hábitos, pues cree que negociar es dar muestras de debilidad porque ha sido un Gobierno que en el ejercicio del poder siempre se ha impuesto. Hay certezas que han desaparecido, la primera es que ya no estamos frente a un Gobierno del que se puede asegurar que gane las elecciones, y estamos frente a una oposición cuya certeza de ser vencido en todas las elecciones también ha desaparecido.

¿Eso quiere decir que podría ser el momento de la oposición?

Sin lugar a dudas, pero lo que viene hacia delante no es un camino llano. Han desaparecido las certezas, pero se han abierto las incertidumbres y eso juega contra la política del Gobierno que hasta ahora ha estado argumentando que es garantía de estabilidad y esa estabilidad está siendo erosionada. Para el Gobierno el 21 de febrero es el todo o la nada porque lo que ha empezado en el nuevo ciclo es un proceso de debilitamiento cada vez mayor y probablemente ya irreversible porque el poder ha encontrado otro poder al frente que lo está frenando y es el poder de buena parte de la población que decidió salir a las calles.

¿Qué lectura tiene de la más reciente encuesta de Página Siete, en la que la opción más visible es la de un candidato desconocido o ninguno?

Es contrario a lo que el Gobierno está repitiendo todo el tiempo, de que si deja de ser Gobierno es el retorno de lo viejo. Según la encuesta, buena parte de la población no quiere retornar al pasado y quiere una cosa distinta. El hecho de preferir un candidato no conocido puede ser arbitrariamente interpretado como que (la gente) no quiere ya lo viejo, ni con este Gobierno ni con los otros, sólo que es una tarea muy complicada porque, si bien la oposición está mejor que antes y tiene una base electoral muy grande con la que puede pensar que es posible vencer, en realidad la oposición no está bien y en Bolivia todavía tenemos la oposición más débil de América Latina porque ha sido destrozada políticamente.

¿Más que Venezuela?

Por lo menos en Venezuela, aunque los resultados ya se conocen, la oposición estuvo en las calles durante mucho tiempo; aquí la oposición no moviliza a nadie, por eso es que aparecieron otros grupos intentando ocupar este vacío.

Según la encuesta, ¿se podría entender que la gente tampoco acepta la posible unión de todos los opositores? Es decir, si no los quiere por separado, por qué los iría a querer a todos juntos.

Podríamos leer la encuesta como lo deseable para buena parte de la población, pero también es cierto que si no apareciera ese candidato, pero hubiera uno que fuera el de la unidad de los partidos más importantes, al final, como suele pasar en la política, se tapan las narices y votan porque para esa gente lo más importante no es en este momento la oposición, es el Gobierno.

¿Sería un voto contra el Gobierno y no a favor de la oposición?

Exactamente, y el problema de la oposición es que tiene que darle razones (a la población) para que vote positivamente.

¿Cómo se puede lograr una articulación de la gran cantidad de movimientos ciudadanos que existen en una sola alternativa?

La aparición de una multiplicidad de plataformas ciudadanas es un sentimiento colectivo de la población que necesita romper su silencio y actuar. En el pasado había estructuras de la sociedad que eran las que canalizaban el descontento, como los sindicatos, que han dejado un vacío de representación. Como la población está empezando a fastidiarse por lo que está ocurriendo, entonces ya hay una fuerte corriente antipartido en el país, no solamente ahora, pero nunca como ahora.

Estas agrupaciones expresan el descontento generalizado de la población, pero de manera tan dispersa, tan fragmentada, que en lo único que están de acuerdo es en señalar al adversario común. Son movimientos de rechazo, pero no son capaces de hacer propuestas. El descontento es protesta más que propuesta.

¿Eso es una virtud o es un defecto?

Ambas cosas. Una virtud porque son movimientos espontáneos y ahí está su fuerza; pero son movimientos no inherentemente políticos pero que tienen acciones con efecto político.

¿O sea pueden determinar una derrota electoral pero no pueden crear una nueva opción?

No, entonces pueden facilitar la derrota electoral. El despertar del descontento de la población se ha materializado en la aparición de estos grupos ciudadanos que hacen política sin decirlo para no confundirse con los partidos, pero que después encuentran y ahora están encontrando sus propios límites, es decir, cómo resolver ya no sólo problemas de movilización sino problemas de poder.

¿Todos quieren ser candidatos o qué está pasando?

Sí, hay una diversidad tan grande de intereses, hay mucho personalismo, mucho fraccionalismo, muchos grupos efímeros que nacen y mueren. Cuando empiezan a discutir problemas ya estrictamente políticos del poder se dan cuenta de que han avanzado casi nada o aparecen divergencias y se dan cuenta de que no están de acuerdo y entonces se dividen.

¿En ese estado están ahora?

Estamos en ese estado, de ahí es que ha aparecido Conade, han reaparecido los comités cívicos. Cuando se reúnen, por ejemplo en La Paz, les resulta difícil ponerse de acuerdo en un texto o en la lista de los oradores porque todos quieren hablar y el problema de la política no pasa necesariamente por ser buen orador. Hacer política es proponerle algo al país, ese nivel de la elaboración de ideas es el que no se ha producido hasta ahora. Y no es fácil de hacer porque muchos de ellos en su momento han apoyado al MAS y creen que el MAS está traicionando y por tanto tendrían que repetir el discurso; mientras que los otros que se han opuesto desde un principio, sólo se han opuesto, que es el gran problema que tiene la oposición, que vive de los ataques y las impugnaciones al MAS porque a veces no tiene propuestas alternativas. Hay un desierto de ideas, entonces lo único que queda es la acción, que sirve para erosionar, para debilitar, para protestar, pero no sirve para construir e imaginarse un país distinto.

Pero algo tiene que pasar para que surja un candidato. ¿Podrían unirse partidos y movimientos ciudadanos o podría surgir un outsider?

La oposición en todo caso está mejor ahora que en el pasado, está en condiciones de tener un candidato cualquiera que sea y ganarle al MAS o impedir que el MAS continúe con los dos tercios.

Eso puede lograr la oposición con uno nuevo o con uno viejo, que sería la primera derrota política al MAS; puede haber una segunda derrota que es obligar al candidato del MAS, es decir, a Evo Morales, a la segunda vuelta; y la tercera que sería histórica, sería ganar en las elecciones (la Presidencia), sólo que si eso le ocurre al MAS la oposición va a enfrentar un desafío histórico para lo que hasta ahora no se ha preparado, que es convencer al país de que puede gobernar y la oposición en este momento está muy lejos todavía de eso, pero puede lograr las dos primeras victorias.

¿Cree que Evo Morales debería retirarse y dar paso a un nuevo liderazgo, considerando que su imagen está desgastada?

La peor decisión política que pudo haber asumido Evo Morales es quedarse en el poder porque está poniendo en riesgo su herencia política, está poniendo en juego su lugar en la historia y lo que pueda legar al país. La persistencia en continuar está creando turbulencias en Bolivia que pueden acabar mal. El problema de la reelección, que debió ser tratado en el ámbito jurídico, va a tener una solución política y solución política en Bolivia quiere decir solución en las calles.

¿Cree que esto puede derivar en violencia a medida que se acerquen las elecciones?

Se abre el camino. De por sí la calle no es la violencia, pero puede ocurrir, de manera que la clave de todo esto la tiene Evo Morales y si quiere salvarse a sí mismo, salvar al MAS, salvar al país. Hay una salida buena, porque las otras son malas, y es que él mismo renuncie a la reelección. Aunque, el MAS todavía tiene cartas que jugar hacia delante como la probabilidad de cantar victoria con el fallo de La Haya, pero que probablemente no va a ser como el Gobierno está esperando, sino va a ser muy matizado.

¿Qué papel puede jugar el Tribunal Electoral en el freno a la candidatura de Evo?

Lo que ha hecho el Tribunal ante el Senado es demasiado importante porque ha declarado que la decisión del 21 de febrero es obligatoria y vinculante, quiere decir que potencialmente puede presentarse un conflicto de poderes hacia delante. (Una parte de) la calle podría expresarse a favor del Tribunal Constitucional, diciendo que sus fallos se cumplen; y otra parte a favor del Tribunal Electoral, diciendo que el referendo es vinculante y por tanto hay que cumplirlo. Ese puede ser otro escenario de enfrentamiento.

¿Cree que hay muchos conflictos internos en el Gobierno e incluso corrientes contra Evo?

Sí, y eso es un fenómeno muy conocido. Cuando la presión desde afuera es muy grande eso crea tensiones internas y se producen enfrentamientos. El Presidente ha intentado desmentir fricciones entre él y García Linera, entre la línea dura y la línea más pragmática que no es la de Evo Morales, sino la del Ministro de Gobierno. Otro hecho dentro del MAS es que hay un proceso interno de descomposición, que puede enfrentar a los que están arriba, pero también enfrentar a los niveles intermedios por disputas de poder vinculadas con el uso de recursos.

¿Qué opina del TCP, que ha citado el fallo de la reelección cuando éste aún no existía?

Las vías jurídicas (para frenar la reelección) yo creo que están descartadas porque el Tribunal, en última instancia, argumentará que sus fallos son de cumplimiento obligatorio. Lo oficial puede ser recurrir a tribunales internacionales, pero en muchos casos están equivocando el camino, no se puede recurrir directamente a la Corte Interamericana.

¿Cómo sería el procedimiento?

Eso tendrían que hacerlo los Estados.

¿En el caso de Bolivia tendría que ser el Gobierno?

Claro y no lo va a hacer. O convencer a algunos de los gobiernos antibolivarianos que asuman la causa boliviana. Por otra parte, eso puede tardar pues los trámites son larguísimos. En cambio, las resoluciones de la comisión no son vinculantes, solamente son recomendaciones. Entonces, lo único que queda, de manera realista, son las soluciones políticas y entre las opciones que se han mencionado hasta ahora ninguna ha señalado la posibilidad de que se lo obligue al Presidente a renunciar a su re postulación, que es lo que puede salvar todo el mundo.

[Fuente: Página Siete, La Paz, 18feb18]

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