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16may17


Turba somete a escarnio público y lincha a un hombre acusado de asesinato en San Julián


Una turba enardecida acabó ayer con la vida de un hombre acusado de haber sido partícipe del crimen de Wilfredo Alejandro Gómez, un adolescente de 17 años, al que encontraron sin vida el 13 de abril a 23 kilómetros de San Julián, población en la que el muchacho trabajaba como mototaxista.

Una vez más este municipio, ubicado al noreste del departamento, volvió a ser el escenario de la violencia que vivió con otros ajusticiamientos que datan de octubre de 2006 y marzo de 2008. El hecho más reciente de la forma con la que algunos de sus vivientes cobran los hechos de sangre, se vivió en mayo de 2012, cuando acabaron con la vida de Sixto González Pacheco, acusado de matar con varias puñaladas a Ángel Montaño Fuentes.

Ayer la historia de intolerancia, desborde de violencia, falta de autoridad y nulo auxilio estatal para el acusado de un crimen, se volvió a escenificar en la plaza principal de este pueblo, que tiene poco más de 14 policías que en la pasada jornada trataron de contener a más de 500 personas, que solo se calmaron cuando dejaron colgado y sin vida a Johnny Pizarro Miranda, un hombre de 38 años, que la mañana del domingo había sido detenido junto a otras tres personas, sindicadas de asesinar a Gómez.

Rodearon la comisaría

Desde ayer temprano una muchedumbre tomó la Policía de San Julián y sacó de la celda a los cuatro sospechosos de un asesinato para castigarlos públicamente.

Los juzgados eran Pizarro, Alex Alejo Bolívar (24), Isaías Estrada Sejas y Wilson Trujillo Enríquez, estos últimos detenidos en Montero. Todos habían sido apresados como consecuencia de una investigación policial, que el Ministerio Público llevaba adelante para esclarecer la muerte del adolescente.

Sin embargo, la turba comenzó a tejer sus propias conclusiones de lo que había sucedido y luego de escucharlos decidieron golpearlos y tomar justicia por mano propia, pese a que la autoridades ya estaban a cargo del hecho.

Pizarro y Bolívar fueron brutalmente golpeados, al extremo de que al segundo lo dejaron gravemente herido y gracias a que su familia evitó lo peor, ahora es atendido en un centro de salud de la ciudad.

Trujillo y Estrada lograron ser retirados del lugar por los policías y los llevaron a un sitio seguro, de acuerdo con la información brindada por el fiscal Renzo Estévez, encargado de las pesquisas del caso que motivó la revuelta de la gente en San Julián y que no pudo evitar el crimen de Pizarro.

Incluso el representante del Ministerio Público, accediendo a las presiones de la turba, presentó en una audiencia de medidas cautelares atípica a los cuatro sospechosos, que por orden de un juez fueron enviados al penal de Palmasola con detención preventiva.

El dictamen judicial no calmó a la gente y al cabo de la audiencia de los procesados se abalanzó contra ellos, ante los vanos intentos de las autoridades (policías y el fiscal Estévez) para evitar el crimen.

El fiscal Estévez manifestó que el diálogo no tenía cabida y los que lideraban la multitud amenazaron con linchar a todo el que vieran sujetando en lo alto un celular para graficar la macabra escena. "Tenemos que matarlos porque si no nos van a delatar", se le escuchó decir a uno. Los medios de prensa también tomaron distancia para evitar agresiones.

El sacerdote Ruperto Rodríguez, que fue párroco de San Julián, consultado por EL DEBER recordó que en 2007 no logró salvar la vida de un joven que fue acusado de robar una motocicleta y luego de ser torturado, murió en la misma plaza donde ayer Pizarro acabó colgado. "Nunca me sentí tan impotente e incapaz, por no poder defender la vida de una persona. Aquella noche del crimen tuve miedo, confíe mi vida a Dios", recordó el religioso.

Sin autoridad en el pueblo

Pasada la violencia y cuando la noche cubrió el pueblo, desde Santa Cruz el comandante departamental de la Policía, Rubén Suárez, ordenó que los policías se replieguen hasta el municipio de Cuatro Cañadas.

El fiscal departamental, Fredy Larrea, pidió que su colega Renzo Estévez vuelva a la capital, por lo que hoy San Julián amaneció sin autoridades policiales, ni judiciales, en espera de que la justicia identifique a los autores de un nuevo asesinato por mano propia.

Una larga agonía

Detenido
Pasó la noche preso

Johnny Pizarro Miranda, junto a Alex Alejo Bolívar, Isaías Estrada Sejas y Wilson Trujillo Enríquez, pasaron la noche del domingo en las celdas de la comisaría de San Julián. Están acusados de la muerte del adolescente Wilfredo Alejandro Gómez, al que habrían asesinado por robarle su motocicleta, que fue encontrada en Montero.

Turba
Primera confesión

Por la mañana la gente comenzó a llegar hasta las puertas de la comisaría policial, donde estaba detenido Pizarro y los otros tres sindicados. Con el pasar de las horas la cantidad de gente fue creciendo hasta llegar a cientos de pobladores, que exigían escuchar el testimonio de los detenidos. La presión fue tanta que los cuatro sujetos fueron sacados hasta el frontis policial, donde la gente los escuchó acusarse mutuamente.

Paseo
Golpeados por todos

Luego de escucharlos, poco antes del mediodía llevan a Pizarro junto a los otros detenidos por diferentes calles del pueblo, mientras la gente los golpea a su paso. Sin embargo, al hombre que terminaron matando, lo hacen llegar hasta su casa y allí, delante de su familia, lo golpean ya que para ese momento la multitud estaba segura de que él era el hombre que robó la moto del adolescente y luego lo mató. Para ese momento ya había pasado el mediodía y las autoridades, presionadas por la multitud habían aceptado llevar una audiencia cautelar, pese a que los procesados no tenían un abogado defensor de oficio.

Detención
Indicios en su contra

La acusación provisional que hizo el fiscal Renzo Estévez, en una audiencia atípica realizada en la plaza principal de San Julián, hizo que una juzgadora ordene la detención preventiva de los cuatro acusados y se ordene su encarcelamiento en el penal de Palmasola. Todas las autoridades esperaban que luego de esta determinación, la turba se calme y dejen que la justicia siga el caso, situación que al final no ocurrió.

Golpes
Amenazas y agresiones

Cuando los policías se disponían a dejar en las celdas de la comisaría a los acusados, que ya tenían orden de detención preventiva de la justicia, para que luego sean trasladados hasta la capital, la turba se los quitó de las manos en varias oportunidades. Los golpearon, los hicieron correr, incluso agredieron al comandante policial de San Julián, Víctor Benavídez, que había solicitado apoyo de sus camaradas al ver lo que podía ocurrir. Un equipo de prensa de Unitel fue encerrado y amenazado de muerte por la turba, que para ese momento, poco después de las 15:00, ya no entendía ningún tipo de razonamiento.

Salvados
Evitaron lo peor

La familia de Alex Alejo Bolívar, que llegó al lugar donde estaban golpeando a su ser querido, evitó que lo maten y ahora se recupera en un centro médico. En cambio a Pizarro nadie lo defendió, ya que antes de matarlo la gente le prendió fuego y fueron los policías que evitaron que muera quemado.

El final
Rogó por su vida

Luego del intento de quemar a Pizarro, el hombre fue escondido en el dormitorio del jefe policial de San Julián. Pese a esto la turba lo quería muerto y lo sacó de allí, para hacerlo correr por los alrededores de la plaza, dejándolo exhausto y pidiendo a quien se tropezaba con él, piedad y que lo ayuden a acabar con la tortura a la que estaba siendo sometido. Sin embargo, nadie pudo hacer nada y poco después de las 17:30, la turba lo colgó en la plaza, para luego huir del lugar y no ver el crimen cometido.

[Fuente: Por G. Arancibia, B. Vaca y N. Lovera, El Deber, Santa Cruz de la Sierra, 16may17]

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