Persona, Estado, Poder
Intervención desde la perspectiva de los derechos humanos:
Chile 1973 - 1990

Jaime Soto N., antropólogo
Víctor H. Venegas G., asist.social
Marie C. Berghezan, médico cooperante
Myriam Cabezas B., psicóloga
José Araya C., profesor de Historia

II Congreso de Educación para la Integración Latinoamericana.
Maringa, Brasil, julio de 1994.

I. Introducción

Este trabajo muestra la intervención entre 1989 y 1993 de un equipo de profesionales de una ONG de Derechos Humanos (CODEPU) en dos localidades rurales del sur de Chile (Neltume y Liquiñe), zona violentamente reprimida para el golpe de estado del año 1973 y durante los 16 y medio años posteriores.

La intervención iniciada en el año 1989 tuvo como objetivo la investigación diagnóstica en terreno de las violaciones de los derechos humanos. Una vez conocida la dimensión y las características de la represión en la zona se entrega asistencia social, médico y jurídica; proceso que también apoya e incentiva la participación de los afectados en la reconstrucción de una convivencia democrática (transición a la democracia, marzo 1990). El eje conductor de la intervención fue la búsqueda de Verdad y Justicia acompañada por un proceso «reparador» para el grupo familiar afectado.

La investigación-acción-participativa, la visión de integralidad y la interdisciplinariedad para abordar la problemática de violación de los derechos humanos fueron orientaciones metodológicas fundamentales en la intervención.

Lo que sucedió, lo que descubrimos, lo que la realidad nos mostró, el cómo fuimos cambiando, en cuatro años de trabajo en dos localidades rurales aisladas y cordilleranas del sur de Chile, son algunas de las cuestiones que queremos compartir con ustedes y especialmente la siguiente pregunta:

żLa impunidad es un obstáculo para el desarrollo social de los países latinoamericanos?

A nuestro entender, la impunidad sí es un obstáculo para el desarrollo social de los países latinoamericanos.

A continuación intentaremos dar antecedentes para justificar nuestra respuesta, partiendo del estudio de dos casos (Neltume y Liquiñe).

II. Antecedentes represivos en Neltume y Liquiñe

La localidades de Neltume y Liquiñe se ubican al interior cordillerano de la comuna de Panguipulli, a 170 y 150 kms., respectivamente, de la ciudad de Valdivia, X° Región de Chile. En estas localidades rurales, donde existían organizaciones sindicales y sociales muy activas, la represión desatada en Septiembre de 1973, y durante los 16 y medio años que siguieron, se caracterizó por ser indiscriminada y masiva.

Neltume, zona norte del Complejo Maderero, es el lugar donde la noche del 11 de septiembre un grupo personas intentó asaltar el Retén de Carabineros. Con ese pretexto, al día siguiente se inició una ocupación militar por tierra y aire en toda la región. Ocupación que al parecer estaba previamente preparada. Este primer momento represivo culmina con la detención de varios trabajadores, empleados, obreros, jefes administrativos, dirigentes políticos y campesinos del sector, a quienes luego se les somete a varios consejos de guerra. Producto de estos rápidos procesos se sentencia a 12 de los prisioneros a enfrentar un pelotón de fusilamiento los días 3 y 4 de octubre de 1973, en Valdivia.

En el año 1981, las fuerzas de seguridad vuelven a realizar un gran operativo en la zona con resultado de 7 muertos. Luego de esto, los militares se instalan a vivir en el pueblo y ejercen una constante vigilancia y control sobre la población.

En la localidad de Liquiñe y sus alrededores, la noche del 10 de octubre de 1973 son detenidas 15 personas, quienes jamás regresaron. En las detenciones participan civiles que fueron reconocidos por los familiares, que han tenido que convivir en el mismo pueblo durante todos estos años.

III. Primera etapa: investigación para la denuncia en la zona

Partimos el año 1989 con el objetivo de investigar los casos de violaciones del derecho a la vida en la zona, donde tenía un activo rol el familiar; luego, y en forma paralela, iniciamos un proceso que hemos llamado de acompañamiento, para continuar con la conformación de grupos psicoterapéuticos de familiares afectados. Y actualmente en una de las localidades desarrollamos un programa de salud comunitaria.

Primeramente, procedemos a definir el tema a investigar y delimitar la zona de estudio. Esta quedó definida por el Complejo Forestal y Maderero Panguipulli Ltda.

El trabajo en terreno se transformó en una herramienta primordial para acceder a reconstruir lo sucedido. La metodología participativa de investigación nos permitió convivir con los familiares y amigos y estudiar la represión en esta apartada zona. Tuvimos la oportunidad de conocer sus hogares y de recorrer los lugares que eran cotidianos para ellos. También pudimos conocer cómo han vivido todos estos años los familiares sobrevivientes y percibir cómo, hasta la actualidad, viven en un clima altamente represivo.

Como ya dijimos, los contactos y visitas a la localidad datan del año 1989, es decir más de 5 años estableciendo relaciones y ganando la confianza de las familias afectadas directamente con la desaparición o ejecución de un miembro de su familia. También se establecen contactos con ex-presos políticos y retornados del exilio. Este proceso inicial de establecer contactos y obtener la confianza de la población es largo y lento, por las características que tuvo la represión y por la vigilancia militar que existió en la zona hasta el año 1989.

Luego de un año (a partir de julio de 1991), se inicia la sistematización de nuestros viajes a las localidades indicadas para establecer un contacto más continuo con las familias afectadas y con las organizaciones locales: Junta de Vecinos, Sindicato Forestal Pirihueico y de la Fábrica de Neltume. Ello se complementaba con las visitas de algunas de las familias y/o dirigentes de organizaciones locales a las oficinas de CODEPU en Valdivia.

La modalidad de trabajo descrita nos permitió involucrarnos en una perspectiva socio-antropológica de la realidad local, y tener una visión más amplia de la cotidianeidad de las familias y de cómo incide la situación represiva en la solución de problemas actuales y en la inserción en la comunidad local y extra local.

En las comunidades de Neltume y Liquiñe pudimos constatar que «la confianza, básica para una sana comunicación, se ha transformado en una multifacética y permanente desconfianza. El miedo en todas sus modalidades de existencia se convirtió en nexo de las relaciones sociales. Por tanto, nos encontramos en un ambiente altamente patógeno y que ejerce sus efectos, no ya a través de la represión más brutal, sino a través de la cotidianeidad».

La desconfianza y el miedo lo vivenciamos en nuestro trabajo de campo. En muchas oportunidades inicialmente no nos recibían, nos pedían que tuviésemos cuidado porque cuando una persona de afuera los visitaba después nos podían perseguir y detener o les iban a allanar la casa a ellos.

Con el tiempo se fue logrando niveles crecientes de confianza y las familias empezaron «de vez en cuando» a visitar nuestras oficinas en la ciudad de Valdivia, donde se sentían más libres para relatarnos sus angustias y temores, como también sus ideas y proyecciones para lograr una organización o sistema de información que les permitiera conocer los programas del gobierno y de las ONGs que apoyaban a los familiares de personas afectadas por la represión política.

Luego de esta etapa de sistematización, realizamos visitas a sus hogares donde «acogimos sus relatos y orientamos sus interrogantes de acuerdo a nuestras capacidades», para posteriormente realizar actividades que tendieran a establecer relaciones de solidaridad entre ellos mismos. Por ejemplo, cuando visitábamos la casa de una familia, le contábamos que veníamos del hogar de otra familia, y de cómo se encontraban ellos. Con esto pretendíamos llamar la atención respecto a las redes de comunicación que mantenían en la actualidad. «... El intento de protegerse los lleva a perder los vínculos afectivos y sociales, como el sentido de pertenencia al grupo y a la sociedad. Este encapsulamiento psicosocial lleva a la parálisis en el accionar, a la imposibilidad de modificar las causas que generan el problema, en pocas palabras al «acorralamiento vital», que se agrega a la desconfianza en los demás, la pérdida del espacio social, de los referentes culturales, lo cual conlleva a una situación de aislamiento social». En este contexto realizamos una actividad en Valdivia, donde logramos reunir a un número importante de familiares, lo que permitió un mayor acercamiento entre ellos (Lanzamiento del libro, «Chile Recuerdos de la Guerra: Valdivia, Liquiñe y Chihuío»).

IV. Segunda etapa: luego del lanzamiento del libro «Chile: recuerdos de la guerra»

En enero de 1992, por primera vez en la comunidad de Neltume deciden reunirse todos los familiares en la misma localidad, en la casa de una de las señoras, esto lo registramos como un importante paso adelante en la dinámica comunitaria. El encontrarse, conversar y tratar de coordinarse para enfrentar las actividades y trámites que implica acceder a los beneficios que el gobierno de transición democrática está ofreciendo, muestra que se puede profundizar y fomentar las conductas democráticas y solidarias. Este protagonismo e identificación de una problemática común que con el estímulo externo, logra coordinar a un grupo de personas y vencer en alguna medida la desconfianza y el miedo de tantos años, podría parecer desde alguna perspectiva no muy trascendente. Sin embargo, por las características represivas, socioculturales y de aislamiento geográfico de la localidad asoma lo importante de los avances indicados para recuperar confianzas perdidas y tender a una convivencia más solidaria y democrática.

El interés y preocupación por el tema trascendió la esfera de los afectados directos y algunas organizaciones locales solidarizaron con estas familias, ofreciendo los espacios físicos con que ellos cuentan para realizar reuniones y actividades. El presidente de la Junta de Vecinos posteriormente se contacta con CODEPU para ofrecer su apoyo a las actividades realizadas en la localidad.

Otra organización local con la cual también se mantiene contacto fluido es el Sindicato Forestal Pirihueico, de la fábrica de Neltume. Con esta organización hemos realizado tareas de asesoría y elaboración de proyectos con la finalidad de mejorar las condiciones de infraestructura de la sede del sindicato.

En la comunidad de Liquiñe las dinámicas relaciónales generadas por el hecho represivo se reeditan periódicamente, porque las familias afectadas y los victimarios conviven en el mismo lugar. Esta situación ha dificultado el logro de espacios solidarios y democráticos en el ámbito local en el actual proceso de transición hacia la democracia; por ende, también se ha visto obstaculizado el conocimiento de la verdad. En esta localidad, dada las condiciones, se mantuvieron las visitas a los hogares de cada familia sin forzar la reunión o coordinación de ellos en la misma comunidad.

En junio de 1992 se solicita el apoyo de CODEPU para la inserción en la localidad del trabajo psicoterapéutico del Programa de Reparación y Asistencia Integral en Salud (PRAIS). Esto significó un respaldo a nuestro trabajo al fortalecer la confianza y disminuir el miedo; la presencia de un vehículo con distintivo fiscal, que apoya y visita a los familiares afectados, facilitó la constitución de un grupo de trabajo en la misma localidad.

V. Proceso de acompañamiento

Una de las modalidades de actividad consistió en el desplazamiento de miembros del equipo a las localidades, urbanas y rurales en las que habitan las familias y las personas a los cuales hemos dirigido nuestras acciones, realizando visitas a los hogares. La metodología empleada incluye entrevistas estructuradas y no estructuradas, las que nos han permitido conocer los problemas, inquietudes y frustraciones y, a través del diálogo, buscar soluciones a las demandas explicitadas.

La historia de las familias se pierde en el pasado en una trama trans" generacional cargada de experiencias positivas y negativas que cada uno conoció en su familia de origen. Estas experiencias se cristalizan de una manera singular en la organización, funcionamiento y representación (identidad familiar) de la familia que se enfrentó con la represión directa y que aún ahora se manifiesta bajo la forma de la impunidad. La vida anterior de ellos muchas veces estuvo tocada por experiencias traumáticas de inseguridad e insatisfacción de sus necesidades vitales, como resultado de la pobreza. La relación entre estas experiencias y el impacto causado por la represión agudiza, cronifica y complejiza los daños o alteraciones.

El sentimiento de pérdida, de abandono, el cúmulo de problemas del diario vivir, el aislamiento, el encierro en sí mismo o al interior de la familia desestructurada, los condujeron a una «reclusión», aludiendo a un modo particular de funcionamiento social, por las amenazas externas; junto a ello, el miedo y la inseguridad que resulta de sentirse sin derechos, de sentir que todo es arbitrario.

En los familiares se constata lo vivido de los recuerdos de los hechos represivos, la intensa emoción, la angustia de entonces. En algunos casos quizás guarde relación con ciertas condiciones locales ya que ellos no se mudaron del sitio en que fueron victimizados, y por tanto, durante todos estos años han seguido conviviendo con los mismos que en algún momento fueron los victimarios, tanto uniformados como civiles; para los otros, los que se vieron obligados a emigrar
de sus hogares, fue el deambular, el desarraigo, la pérdida de referente, el verse forzados a reordenar sus vidas en otros contextos.

Ciertos acontecimientos en el devenir político han abierto expectativas de Verdad y Justicia, como por ejemplo, la publicación del Informe de la «Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación», el que hemos ido valorando junto a los familiares como un acto reparador, en donde la verdad dejó de ser una verdad privada de los directamente afectados y adquirió una resonancia social. Ello resultó indudablemente muy significativo para todos ellos y fue vivido con intensidad en el momento de brindar sus testimonios para entregar y compartir su verdad. Aún así no deja de ser insuficiente.

En el período reciente, ha estado presente la entrega de compensaciones monetarias por parte del Estado a los familiares que fueron reconocidos como beneficiarios de la Ley de Reparación. Se han reactivado viejas heridas, el dolor y el daño infringido y la esperanza de reparación y justicia se mezclan. La pena y la alegría se entrecruzan, pues se han desencadenado nuevos cambios al interior de las familias, con ambivalencias y conflictos. Sin embargo, en el desarrollo de estos procesos hemos constatado también a familiares que han ido desde el dolor fortaleciéndose y activándose en un proceso de rearticulación personal y/o social, manifestándose bajo diversas formas: participando activamente en la Agrupación de Familiares, interlocutando, reconociéndose a sí mismos, volcándose con un sentido positivo a su vida familiar, apropiándose con más decisión de sus roles o manifestando de algún modo no requerir apoyo.

Sin embargo, permanecen y se alimentan frustraciones, expectativas no resueltas, heridas que no curan en individuos y familias, las que no han sido superadas pese a las acciones generadas por el Estado. El no advenimiento de la justicia y la persistencia de la impunidad explicarían estas situaciones.

VI. Trabajo psicoterapéutico grupal

Del total de familias con las que se tomó contacto, hubo personas que aceptaron participar en la actividad de grupo que consideramos de índole terapéutica.

Este trabajo ha permitido observar más detenidamente los trastornos provocados en la salud mental, tanto por la experiencia represiva como por la prolongada impunidad.

Sus características socio-culturales, su escolaridad, una vida deprivada materialmente y de perfil campesino y cordillerano hizo de las dinámicas grupales una experiencia particular.

Hemos de mencionar también que las características geográficas de la zona, que obliga a muchos a recorrer largas distancias para llegar a las sesiones, ha afectado el número de participantes y la regularidad en la asistencia.

Al comienzo, la actividad grupal constituyó para ellos una experiencia nueva y con cierto grado de dificultad por tener que revivir experiencias dolorosas que muchos han querido olvidar, y también por tener que hablar ante personas que no conocían pero con quienes compartían una historia represiva.

Han participado personas con diferentes grados de traumatización y de elaboración de sus duelos. Es así que se ha observado en algunos una gran necesidad de contar sus experiencias represivas cargadas de intensos sentimientos angustiosos, con la certeza de la muerte de algún familiar. Mientras que en otros la contención y el encapsulamiento de las experiencias dolorosas acompañan la negación de la muerte de sus familiares y conocidos.

En el trabajo concreto se fue comprobando que la participación social de la mayoría de estas personas, que conservaron durante los años de dictadura, fue a nivel de la Iglesia. Fue el refugio y el consuelo que encontraron a su desamparo y dolor. Sin embargo, a pesar de haber constituido estos grupos religiosos un gran apoyo, no eran espacios donde pudieran exteriorizar sus antecedentes de represión política, por no existir durante ese período las condiciones sociales y políticas de seguridad y confianza. Además el refugio en las creencias religiosas favoreció en algunas de estas personas actitudes resignadas y pasivas en el ejercicio de sus derechos.

La experiencia terapéutica grupal, en este sentido, ha permitido la expresión de sentimientos reprimidos por largo tiempo, la evocación de recuerdos y la identificación de estrategias de sobrevivencia y superación de dificultades, a pesar de lo adverso del medio que les rodeó.

Predominó la actitud reservada y cautelosa al principio y la espontaneidad, la confianza y apertura al transcurrir las sesiones.

Hemos comprobado que para algunos la dinámica grupal ha significado una amenaza a su frágil reorganización emocional sostenida por mecanismos anormales de negación, idealización y aislamiento; ello explica la deserción de algunos participantes; para otros, el trabajo participativo ha sido un valioso estímulo de expresiones emocionales catárticas que han servido de elaboración o superación de estados emocionales depresivos.

Aquellos participantes que han permanecido en los grupos han ido experimentando paulatinamente el agrado y la satisfacción por la interacción social que se ha generalizado hasta la participación comunitaria.

VII. Trabajo comunitario en Neltume

En 1993 el CODEPU realiza su propio diagnóstico de la comunidad, tomando como elemento, entre otros, el Plan de Desarrollo del Municipio. Este diagnóstico refleja las principales preocupaciones de los familiares de las víctimas y las organizaciones locales en relación a su comunidad.

Con esta información se elaboró un plan de trabajo entre cuyos objetivos iniciales se planteó la reconstrucción de la identidad de los familiares de las víctimas (por ser el grupo más afectado y discriminado), estableciendo formas de participación plena en la comunidad; colaborar en el desarrollo de las instancias organizativas para la reconstrucción del nuevo pueblo de Neltume, y facilitar y desarrollar lazos de cooperación entre las instituciones y servicios estatales y la comunidad.

Para el desarrollo de este trabajo se determinó abordar los temas que más preocupan a la comunidad y de los cuales podíamos hacernos responsables con profesionales y medios disponibles: la protección del medio ambiente y la salud de la comunidad.

Ambos temas se trabajan con los grupos de interés, comenzando con un grupo ecológico en una escuela, las personas que iban a la posta local, y el apoyo a la junta de vecinos. Desde hace un año CODEPU trabaja en la comunidad con las dos escuelas, la posta, un grupo de mujeres y la junta de vecinos.


Editado electrónicamente por el Equipo Nizkor- Derechos Human Rights el 05abr02
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