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18ago09


El pensamiento de Galán en el escenario actual


La historia nos enseña que los momentos críticos de las sociedades suelen ser fecundos para el surgimiento de liderazgos políticos creativos.

Han transcurrido dos decenios desde el asesinato de Luis Carlos Galán. Me inclino a pensar que su irrupción al escenario político nacional, latinoamericano y mundial, no fue fruto del azar sino de la correlación de factores internacionales y nacionales que se conjugaron en el intervalo 1943-1989, facilitando que, una combinación de componentes de las dominaciones carismática, tradicional y legal, acompañadas de su gran voluntad de poder y vocación de servicio público, se concretaran en un original liderazgo.

La comprensión adecuada de la personalidad de Galán implica entender su tiempo histórico. En el intervalo de sus 46 fecundos años se presentaron procesos cuyo estudio facilitará entender el amplio ámbito dentro del cual desarrolló su gestión política. Quisiera enfatizar que es en estos últimos decenios donde se ha dado una socialización internacional excepcional, el fenómeno socio-histórico de la globalización y el más grande avance científico tecnológico de todos los tiempos, gracias al desarrollo acumulativo de la ciencia.

A medida que gradualmente fue conociendo el país y se comprometió con la solución de sus problemas significativos, Galán deseó abiertamente ser un educador político de la juventud y de los sectores mayoritarios colombianos. Estudió y practicó la política como arte y ciencia, y tenía un conocimiento apropiado para su tiempo. Su constante e inteligente consagración al trabajo; eticidad; inquebrantable vocación democrática; autenticidad; capacidad comunicativa y pasión por Colombia, lo constituyen en un paradigma para las nuevas generaciones de líderes. Como un politécnico bien informado, que tenía y sentía el peso de la historia, sabía que había que transformar las instituciones y particularmente las públicas, para concretar y desarrollar la democracia participativa.

Galán fue un colombiano excepcional que consagró los mejores años de su existencia a la reivindicación de la política, habiéndose convertido en uno de los grandes líderes del siglo XX en Colombia y América Latina. Fue el mejor político de su generación, y su pensamiento y coherencia son significativos en el presente siglo. La revisión contextual de su vida y liderazgo, así como el análisis de sus realizaciones, especialmente de su papel como educador político, nos permite visualizar cómo la política debe seguir siendo la más bella de las vocaciones, cuando se ejerce con responsabilidad y sentido histórico. Ahora, se me presenta indispensable releer analíticamente su pensamiento y difundirlo, para enfrentar los graves atrasos colombianos y desarrollar institucionalmente los presupuestos sustantivos de la democracia participativa, consagrados en la Constitución de 1991.

El estudio de la presente complejidad nacional, la especificidad del proceso electoral en 2009 y la actual crisis mundial, nos muestran la utilidad que puede tener para Colombia, el que especialmente, desde el interior de la formulación, implementación y evaluación de las políticas públicas educativas, se propicien cambios estructurales que faciliten el surgimiento de nuevos ciudadanos y de líderes políticos capaces de construir una sociedad justa (con estructuras que organicen la equidad ante el poder); pacífica (con ausencia de violencia abierta y estructural); libre (sin sometimiento a potencia mundial alguna e interrelacionada con todas las naciones); y con capacidad de institucionalizar un proceso de desarrollo sostenible.

Pensando en el futuro, ¿qué entreveo para los próximos decenios como un legado magnífico para nuestra juventud? Su autenticidad; la coherencia entre sus ideales y sus prácticas, y su proceso progresivo de compromiso con los preceptos de la democracia y de la integración latinoamericana. Mas también: una cualidad muy importante frente a ciertos arribismos, pragmatismos y ascensos fáciles: la perseverancia acompañada de la elaboración de grandes proyectos (políticos, económicos, culturales, sociales, ecológicos e internacionales) que imaginaron alternativas de progreso y justicia social, y que en gran medida están pendientes de realización.

Una larga lista de mártires

Además de Luis Carlos Galán, la ofensiva del narcotráfico en los años 80 dejó una larga lista de mártires: el ministro de Justicia Rodrigo Lara Bonilla (abril de 1984), el juez Tulio Manuel Castro (julio de 1985), el magistrado Gustavo Zuluaga Serna (octubre de 1986), el coronel Jaime Ramírez Gómez (noviembre de 1986), el director de El Espectador Guillermo Cano Isaza (diciembre de 1986), el procurador Carlos Mauro Hoyos (enero de 1988), la jueza María Helena Díaz (julio de 1989), el magistrado Carlos Valencia García (agosto de 1989), el coronel Valdemar Franklin Quintero (agosto de 1989), Jorge Enrique Pulido (octubre de 1989), entre otros.

[Fuente: Por Hernando Roa Suárez, El Espectador, Bogotá, 18ago09. Hernando Roa Suárez es Doctor en derecho y socioeconomía. Académico Universidad Pedagógica.]

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