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29mar11


Estresados y ansiosos, los mafiosos italianos van al psicólogo en secreto


Los mafiosos también van al diván. Y las cosas que conversan con sus terapeutas es un secreto al que tuvo acceso la agencia The Associated Press tras entrevistar a varios médicos que los asisten a los capos italianos.

Para un mafioso encarcelado, “la pérdida” puede ser motivo de preocupación y consulta. Pero no precisamente la pérdida de la libertad o de vidas, sino a la pérdida del cabello. “Es mi pelo, doctor’’, le confesó el jefe del sindicato del crimen de la N’drangheta a su psiquiatra en la prisión. “Tengo miedo de perder mi cabello’’.

“Y mire esas manchas en mi brazo, ¿las ve?’’, le preguntó mientras se enrollaba una manga.

“Pero su pelo está bien, completamente bien, y no tiene nada de manchas’’, respondió el doctor Gabriele Quattrone tratando de darle algo de confianza a su paciente, que estaba abrumado por la ansiedad ante la supuesta caída de cabello y unas manchas imaginarias en sus brazos.

“Es el estrés de ser un fugitivo por 20 años, de pasar por un juicio’’, le dijo al hombre, uno de los principales jefes en Reggio Calabria, en el extremo sur de Italia.

“Sí, claro que estoy estresado, es verdad. Estoy estresado porque soy inocente’’, respondió el mafioso, que volvió a su celda con tranquilizantes.

Quattrone es parte de un pequeño grupo de psicoterapeutas que tratan a jefes del crimen organizado o a sus familiares. Entre los pacientes hay jefes que sufren pesadillas , traidores atormentados después de entregarse a las autoridades, esposas que quedaron frígidas por los duros códigos de lealtad y muchos más.

En una serie exclusiva de entrevistas con la AP, autorizadas bajo condición de no revelar las identidades de los mafiosos, respetando la confidencialidad entre médico y paciente, los doctores ofrecieron una extraña visión del cada vez más ansioso mundo de las organizaciones criminales italianas.

En verdad estos son momentos difíciles para los criminales italianos. Una mayor efectividad de la policía y una rebelión entre empresarios, que se resisten a pagar por protección, han dejado a algunos hijos del crimen organizado dudando de sí mismos, inseguros sobre si están hechos para tomar las riendas en el mundo de la venganza y la sangre.

Pero buscar ayuda puede ser algo riesgoso.

Entre los mafiosos, visitar un psicólogo es un signo de debilidad y en algunos casos hay que pagar con la propia vida. El psiquiatra de Palermo, Girolamo Lo Verso, recordó el caso del hijo de un mafioso que le dijo a otro terapeuta en un hospital de salud pública: “Si mi padre sabe que vine aquí nos va matar’’ .

“Si sos un mafioso y estás ansioso no sos una persona de confiar y tenés que ser eliminado ’’, explicó Lo Verso, según la lógica mafiosa. “Un mafioso siente paranoia por todo” y confían en el código de silencio de la mafia, omerta , más que en el código médico que protege la confidencialidad del paciente.

Quattrone, director de neuropsiquiatría en un hospital de Reggio Calabria, fue convocado una vez a un edificio de departamentos en un barrio lujoso. Un ascensor sin botones con puerta blindada lo llevó del estacionamiento a un departamento con las ventanas cerradas y las cortinas corridas.

En la enorme habitación principal, en la que sobresalía una piscina, estaba acostada la esposa del mafioso severamente deprimida. El doctor y la paciente se vieron a los ojos, la presencia del esposo hacía que la comunicación fuera difícil, pero la mirada de la mujer le dijo todo lo que necesitaba saber a Quattrone.

“Nos entendimos’’, dijo Quattrone. “Ella estaba oprimida dentro de su papel como esposa de un mafioso’’. El diagnóstico: soledad existencial .

Muchos mafiosos se quedan callados cuando Quattrone los visita en la prisión. Otros se quejan de pesadillas, ven imágenes aterradoras, pero no de las personas que han matado. Un mafioso preso solía soñar con su hija de 12 años enferma en estado terminal.

“No puedo dormir porque escucho la voz de mi hija’’, se lamentó el mafioso. “No es justo que no la pueda ver, no lo puedo aceptar’’.

Alberto Cisterna, fiscal en la oficina nacional contra la mafia en Roma. Está fascinado con el creciente campo de los estudios psicológicos de los mafiosos, pues “la psicología ayuda mucho’’ al tratar de convencer a un capo a que suelte información.

En las escarpadas montañas de Calabria, dijo Cisterna, la policía paramilitar sale cada noche en busca de mafiosos fugitivos, la mayoría de las veces en las casas de campo de sus familias. “Vamos a las cuatro de la mañana’’, dijo Cisterna y relató. “Envolvemos a los niños en sábanas y los dejamos en la calle, todo dentro de la casa queda patas para arriba. Después de varias redadas la esposa comenzará a odiar a su esposo, que la hace pasar por eso’’.

[Fuente: Clarin, Bs As, 29mar11]

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