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1.4. EL MOVIMIENTO REVOLUCIONARIO TÚPAC AMARU 1.4.1. Antecedentes 1.4.1.1 Las raíces e influencias A fines de la década de los cincuenta, varios militantes de la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA), encabezados por el abogado Luis Felipe de la Puente Uceda, abandonaron sus filas criticando sus posiciones reformistas y fundaron el APRA Rebelde. En 1962, el grupo disidente se autodenominó Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) y asumió como ideología el marxismo-leninismo. El MIR fue el primer partido de la denominada "nueva izquierda". Corriente que se caracterizó por (a) la crítica al Partido Comunista Peruano (PCP) que seguía las directivas del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS); y al APRA, por abandonar sus primigenias tesis insurrecciónales; (b) su vocación para hacer la revolución en el país vía la lucha armada; y (c) su negativa a adscribirse a uno de los "faros de la revolución" de entonces: la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) o la República Popular China y, por ende, someterse al tutelaje de sus respectivos Partidos Comunistas. El 9 de junio de 1965, el MIR inició la guerra de guerrillas en el país, designando los departamentos de Piura, Junín y Cuzco como los escenarios principales de la insurrección. Sin embargo, sus fuerzas sólo entraron en acción en Junín (Frente Túpac Amaru) y Cuzco (Frente Pachacútec), siendo vencidos por el Ejército en tan solo seis meses. Sus principales dirigentes, entre ellos Luis de la Puente Uceda, Guillermo Lobatón y Máximo Velando, fueron eliminados. En los años siguientes, los pocos sobrevivientes del MIR trataron de reconstruir su organización, inspirados en las palabras de De la Puente: "el camino de la revolución es el único camino que le queda a nuestro pueblo". No obstante, en 1967, se produjo una diáspora de los militantes del MIR primigenio, quienes, tiempo después, dieron origen a numerosas organizaciones con las siglas del MIR. Entre ellas se encuentran el MIR El Militante (MIR EM), MIR Voz Rebelde (MIR VR) y MIR IV Etapa (MIR IV). Todos los MIR reconocieron la absoluta vigencia del pensamiento y acción de Luis De la Puente Uceda. En tanto, en 1976 jóvenes radicalizados de la Democracia Cristiana y militares velasquistas1 fundaron el Partido Socialista Revolucionario (PSR), reivindicando el nacionalismo y las reformas del gobierno del general Juan Velasco Alvarado (1968-1975)2. La estructura partidaria del PSR se organizó en dos niveles, uno público y otro clandestino. En el nivel público, militantes destacados y carismáticos realizaban las tareas partidarias encomendadas. Mientras que, en el nivel clandestino, conocido también como la "Orga", otros militantes se encargaban de los trabajos conspirativos y de la conducción del partido. En 1978, las posiciones entre los cuadros "públicos" y los integrantes de la "Orga" se volvieron irreconciliables. Estos últimos, entre los que se encontraban algunos integrantes de la Asamblea Constituyente, abandonaron el PSR acusando a los primeros de privilegiar el trabajo legal y de soslayar el trabajo militar insurreccional del partido. Poco tiempo después esos mismos militantes fundaron el PSR Marxista-Leninista (PSR ML). Tanto el MIR EM como el PSR ML reclamaron ser parte de la corriente proletaria y socialista latinoamericana. Esta corriente tuvo como características principales: su diversidad política e ideológica, su posición socialista y la legitimación del uso de la violencia como el único medio para "conquistar el poder". Asimismo, incorporó a su perspectiva el pensamiento y acción del Che Guevara, el ejemplo de las revoluciones cubana y vietnamita, las diversas experiencias políticas y militares del chileno Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), del uruguayo Movimiento de Liberación Nacional -Tupamaros y de los argentinos: Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), y del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), su brazo armado; así como de los Montoneros. También asimilaron la teoría de la dependencia y otros enfoques del pensamiento social latinoamericano. Muchos de estos aspectos fueron compartidos en buena medida por organizaciones y partidos políticos de la izquierda peruana durante esos años y no sólo por quienes manifestaban ser parte de aquella corriente. Estos últimos, se vieron revitalizados con el triunfo del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) en Nicaragua en julio de 1979. Desde el triunfo de la revolución cubana en 1959 ninguna otra insurrección había triunfado en Latinoamérica. Por el contrario, a mediados de la década de los setenta, el MIR, el PRT ERP, los Montoneros y los Tupamaros3, habían sido derrotados en poco tiempo por los gobiernos militares instalados en sus respectivos países. Por ello, la victoria del FSLN dio un nuevo aliento a la izquierda guerrillera latinoamericana, en particular a la centroamericana, y al uso de la violencia como un medio para acceder al poder. De igual modo, causó un gran impacto en los predios de la izquierda peruana, como recuerda Péter Cárdenas Schulte4 :
En 1975, el general Juan Velasco Alvarado fue relevado de la conducción del gobierno por el general Francisco Morales Bermúdez. Poco tiempo después se desató una crisis económica y social sin precedentes. Las protestas sociales de un conjunto variado de organizaciones sindicales, populares, gremiales y regionales fueron promovidas por la mayoría de los partidos y organizaciones de izquierda. La tensión social se disipó cuando el general Morales Bermudez anunció el retiro de los militares del gobierno (1968 1980) y convocó a elecciones para elegir a una Asamblea Constituyente con la finalidad de redactar una nueva Constitución que regiría los destinos del país en los próximos años. Esta coyuntura planteó un serio dilema a los partidos y organizaciones de la izquierda nacional. Hasta entonces, casi todos planteaban que la lucha armada era el único medio legítimo para acceder al poder y que cualquier "concesión", entendida como participación en el "sistema" mediante las elecciones, era sinónimo de traición a sus postulados ideológicos y políticos. Sin embargo, un sector mayoritario de la izquierda participó en aquellas elecciones, afirmando que su actuación formaba parte de una estrategia revolucionaria mayor. Salvo los militantes de algunas organizaciones maoístas que no participaron en la justa electoral6, todos los demás pensaban, como recuerda Alberto Gálvez Olaechea, "que la lucha electoral, la democracia era un mecanismo táctico para todos, Vanguardia Revolucionaria7, PSR, el MIR, todos pensábamos que la lucha electoral era un mecanismo táctico de acumulación de fuerzas en función del gran objetivo que era la revolución"8. La participación de la izquierda en las elecciones creó las condiciones para que ésta se fuera unificando. Así, se organizaron algunas alianzas políticas electorales9 como la Unidad de Izquierda (UI), el Frente Obrero Campesino Estudiantil y Popular (FOCEP), y la Unidad Democrática Popular (UDP) fundada en enero de 1978. De esta manera, la "nueva izquierda"10 al participar en las elecciones, aceptaba formar parte de la "legalidad burguesa". No obstante, durante esta etapa la izquierda mantuvo sus rasgos característicos, tales como su dogmatismo ideológico, su rigidez política para establecer alianzas más amplias, la aceptación de la lucha armada como un principio de base y la hegemonía en la conducción de las principales organizaciones sindicales y populares. Asimismo, se caracterizó por sus sucesivas rupturas y expulsiones. Posteriormente, varias agrupaciones de izquierda, entre las que se encontraban el MIR EM y el PSR ML, conformaron el Frente Revolucionario Antiimperialista y por el Socialismo (FRAS), cuyo objetivo era "desarrollar y afirmar la tendencia proletaria y socialista. Aparte que se buscaba canalizar también inquietudes de carácter militar" (MRTA 1990:11)11. Para el MIR EM y el PSR ML, la experiencia conjunta en el FRAS les permitió reconocerse como organizaciones con posturas ideológico-políticas y prácticas similares. Así, por ejemplo, ambas organizaciones caracterizaron la situación que vivía el país hacia finales de la década de los setenta, marcada por una intensa movilización social contra el gobierno militar de Morales Bermúdez y el funcionamiento de la Asamblea Constituyente, como una "situación pre-revolucionaria"; es decir, un momento previo a un hipotético desenlace revolucionario. En tanto, otras organizaciones de izquierda no dudaron en catalogar la misma coyuntura como una "situación revolucionaria". Al respecto, Víctor Polay Campos12 sostiene que:
Alberto Gálvez Olaechea agrega que la "construcción de un nuevo estado democrático y popular sobre los escombros del anterior-, eran los lugares comunes de las propuestas programáticas de aquellos años" (2002: 15) de los partidos y organizaciones políticas de izquierda14. Al respecto, aunque la mayoría de organizaciones de izquierda, plantearon a nivel discursivo y programático la necesidad de prepararse para la lucha armada en cualquiera de sus formatos (insurrección o "guerra popular prolongada"), sólo algunas de ellas planificaron y organizaron núcleos de militantes que estuvieran en la capacidad de emprender las "tareas revolucionarias" en el corto plazo. Con miras a las elecciones presidenciales de mayo de 1980, amplios sectores de la izquierda se organizaron en la Alianza Revolucionaria de Izquierda (ARI). Sin embargo, tensiones entre los partidos y organizaciones que la integraban -producto del dogmatismo y afanes electorales de aquel entonces-provocaron su ruptura en febrero de ese año. Para Víctor Polay Campos la experiencia fracasada de ARI mostró "en forma descarnada las tremendas limitaciones de la izquierda y sus desviaciones"15. El 18 de mayo de 1980, fecha en que se realizaron las elecciones presidenciales para elegir a un nuevo gobierno civil, el MIR EM y el PSR ML emitieron un pronunciamiento en el cual sostuvieron que la "situación pre revolucionaria de carácter prolongado ( ) no había cambiado porque sus causas eran estructurales [e] implicaba la preparación para la guerra revolucionaria" (MRTA 1990: 15). Ambas agrupaciones, frente al proceso y los resultados electorales, no tomaron en cuenta que la mayor parte del electorado apostaba por las opciones políticas democráticas y no por las radicales. En junio -semanas después del "Inicio de la Lucha Armada" del PCP-SL16 -, el PSR ML y el MIR EM llevaron a cabo una Conferencia Unitaria, que se denominó "El pueblo de El Salvador Vencerá Héroes del 65". En dicha conferencia, sus dirigentes reconocieron que no estaban en condiciones para el "desencadenamiento de la guerra revolucionaria en la perspectiva de la toma del poder" (MRTA 1990: 27). Sin embargo, sí estaban convencidos de que "la incorporación de la violencia abrirá nuevos caminos en la lucha de las masas y de la izquierda ( ) [y] coadyuvará al desarrollo de su conciencia y organización" (MRTA 1990: 28). En ese sentido, acordaron:
Del mismo modo, se discutieron documentos sobre las tesis políticas, el partido, la posición internacional, el programa, la situación política y las perspectivas. Sin mayores discrepancias en torno a los temas tratados, acordaron unificarse en una sola organización para lo cual se formó una Dirección Ejecutiva y un Secretariado Nacional Unificado, como instancias de conducción. La nueva organización adoptó de manera provisional el nombre de PSR ML MIR EM. En los meses siguientes, trataron de llevar a la práctica sus acuerdos poniendo particular énfasis en su desarrollo político militar. 1.4.1.2 Los contactos iniciales con Izquierda Unida Posteriormente, en septiembre de 1980, se realizó una reunión del Secretariado Nacional Unificado Ampliado con delegados provenientes de diferentes regiones del país, en la que se consideró que el Perú se encontraba en el tránsito de una "situación pre revolucionaria" a una "revolucionaria", por lo que el PSR ML MIR EM se preparaba para ingresar a la lucha armada.
Una de esas condiciones era lograr la más amplia unidad con otros partidos y organizaciones de izquierda. En ese sentido y con el objetivo de "interesar y comprometer a otras organizaciones, sobre todo a VR [Vanguardia Revolucionaria] y al MIR C [MIR Confluencia]" ingresaron a la UDP19 (MRTA 1990: 16). Unificado. Esta reunificación permitió al MIR Confluencia convertirse en uno de los partidos más importantes de la UDP, junto a Vanguardia Revolucionaria. Este mismo mes, el 11 de septiembre, se fundó el frente político electoral Izquierda Unida (IU)20 con miras a competir en las elecciones municipales de noviembre. El PSR ML -MIR EM, como integrante de la UDP, participó de esta fundación. La IU ganó las elecciones en algunas provincias y varios distritos del país, con lo cual iniciaron una experiencia inédita en su historia21. Según Víctor Polay Campos, el MRTA participó siempre de los esfuerzos unitarios en la izquierda: "hemos sido partícipes de la formación de las principales fuerzas que evolucionaron la izquierda peruana, el caso de ARI [Alianza Revolucionaria de Izquierda], de IU, yo mismo he sido miembro del Consejo Directivo de IU y era miembro del Consejo Ejecutivo Nacional de la UDP"22. La presencia del PSR ML -MIR EM en la UDP, y en consecuencia en IU, se mantuvo hasta 1982, fecha en que se funda el MRTA. Durante ese lapso, desde su incorporación a la UDP hasta 1982, sus dirigentes trataron de convencer a sus pares de Vanguardia Revolucionaria y del MIR Confluencia (MIR-C), de coordinar esfuerzos para "reiniciar la lucha armada" en el más breve plazo ante el "inevitable agravamiento de la situación social, política y económica del país". Sin embargo, los dirigentes del PSR ML -MIR EM, meses después, consideraron que "este trabajo en la UDP y de tratativas unitarias con el MIR Confluencia consumió más de un año de inútiles esfuerzos. Durante ese tiempo se descuidó el trabajo de bases y se hizo poco por la preparación militar" (MRTA 1990: 17). Al respecto, Víctor Polay Campos señala:
La renuencia del MIR-Confluencia, de Vanguardia Revolucionaria y de otras organizaciones integrantes de IU a trabajar conjuntamente con el PSR ML -MIR EM se explica, en parte, porque su participación y trabajo político legal en el Congreso desde julio de 1980, y/ o en los municipios provinciales y distritales, a partir de enero de 1981, los iba alejando paulatinamente de sus postulados revolucionarios e iba atenuando su discurso radical. Por el contrario, aquella reticencia confirmaba al PSR ML -MIR EM la idea de que la ausencia de un "claro proyecto revolucionario" había "teñido fuertemente de reformismo a la izquierda". "Esta línea se ha impuesto en IU y tiene su expresión particular en el PC (U) [Partido Comunista Peruano Unidad] y UNIR". Por lo tanto, "el sector de la izquierda revolucionaria se encuentra sin iniciativa y pugnando, con muchas limitaciones, para dar una salida coherente, revolucionaria al entrampamiento generalizado" (MRTA 1990: 25). En consecuencia, para el PSR ML -MIR EM, la única alternativa para encaminar no sólo a los "reformistas", sino también a los sectores "revolucionarios" de IU por la senda de la "transformación de la sociedad" era diseñar y poner en ejecución un "proyecto revolucionario". Lo anterior supuso: la reorganización de este grupo; la implementación de "nuevos métodos de acción revolucionaria" y, por último, la definición de una amplia y flexible "política de alianzas" (MRTA 1990: 27-29). En un contexto en el que, según el PSR ML -MIR EM, la crisis económica se agudizaría y las tensiones crecientes entre "la burguesía y sus aliados" y el campo popular, representado políticamente por Izquierda Unida, se resolverían mediante un "gobierno dictatorial militar o cívico militar". Esta posibilidad, llevo a sus dirigentes a plantear la conversión de su organización en una organización político militar. 1.4.2. La historia del MRTA 1.4.2.1. Preparación e inicio de las acciones armadas (1982 -1984) El 1 de marzo de 1982, no más de una decena de dirigentes del PSR ML -MIR EM se reunieron en un Comité Central (CC) y después de un balance de la situación internacional y nacional llegaron a la conclusión de que "las condiciones para el reinicio de la violencia revolucionaria" estaban dadas. En esta evaluación se tomó en cuenta la victoria del FSLN en Nicaragua en 1979, la ofensiva guerrillera del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) en El Salvador y de la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG), así como el creciente auge de la lucha armada en Colombia. En tanto, en el ámbito nacional, se consideró, por un lado, "el inicio de la lucha armada" del PCP-SL el 17 de mayo de 1980, su rápido crecimiento y expansión en el país durante los meses siguientes, y la ejecución de acciones mucho más complejas, como el asalto al penal de Huamanga (departamento de Ayacucho) ocurrido el 2 marzo de 198224; acciones que fueron convirtiendo al PCP-SL en un polo de atracción para los militantes izquierdistas25. En consecuencia, los dirigentes del PSR ML -MIR EM acordaron que "la organización en su conjunto asumirá a partir de este CC como tarea central, principal, el desarrollo de la lucha armada, entendiendo este proceso como la estrategia de la guerra revolucionaria y la insurrección de todo el pueblo" (MRTA 1990: 39). Asimismo, se adoptó el nombre de Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA)26, disponiendo guardar "en reserva dicho nombre hasta que la nueva estructura partidaria esté en condiciones de respaldar al MRTA con las armas en la mano" (MRTA 1990: 40). Los dirigentes emerretistas definieron un plan estratégico que contemplaba dos fases: una primera, de acumulación de fuerzas clandestinas que suponía "recuperaciones"27 económicas y de armas, la realización de escuelas de "homogenización político-militar" y el traslado de sus militantes a diversas zonas del país. Y, una segunda fase, de propaganda armada previa a otra propiamente guerrillera (MRTA 1990: 33). La fase de acumulación de fuerzas se inició poco después de celebrado el Comité Central con la realización de una escuela político -militar28, donde se instruyó a los militantes en el manejo de armas y tácticas militares. Con esta preparación militar básica, los emerretistas realizaron algunas "expropiaciones" y desarmes, a la vez que en esos días, atacaron con explosivos el Instituto Británico, manifestando de esa manera su solidaridad con Argentina que se encontraba en guerra con Gran Bretaña por la posesión de las islas conocidas como Las Malvinas. El 31 de mayo de 1982, cinco subversivos del MRTA, entre los que participaban Víctor Polay Campos y Jorge Talledo Feria, asaltaron un banco en el distrito de La Victoria. Cuando dos de los subversivos intentaban inmovilizar al policía que resguardaba el banco, éste disparó su con los brazos cruzados con lo que estaba pasando en el país". CVR. Entrevista en la Base Naval, Callao. 27 de agosto del 2002. metralleta. Una de las balas rebotó en el piso e hirió mortalmente a Talledo Feria29, primer emerretista, miembro del Comité Central, muerto en acción. Su deceso produjo las primeras deserciones en las filas del MRTA. El dinero y las armas conseguidas mediante diversas "recuperaciones", le permitió al MRTA desarrollar una serie de escuelas político militares en la ciudad de Lima y realizar algunas acciones militares como el ataque con explosivos contra la casa de marines norteamericanos en Lima el 16 noviembre de 1983, como protesta contra la invasión norteamericana en Granada30. De otro lado, la dirigencia emerretista acordó iniciar el "trabajo de masas", consistente en "la construcción de un movimiento de masas que se incorpore al proceso de guerra revolucionaria", destinando a siete emerretistas para cumplir dicha tarea en septiembre de 1983 (MRTA 1990: 43- 44). El 13 de noviembre de ese año, se realizaron las elecciones municipales en todo el país, ganando el candidato de IU, Alfonso Barrantes Lingán, la alcaldía de Lima. Su victoria provocó una serie de expectativas no sólo entre sus electores -sobre todo de los sectores populares-, sino también entre las filas de los partidos y organizaciones políticas integrantes de IU. Para el MRTA, la elección de Barrantes, significó, de un lado, "el triunfo de la oposición" (1990: 55), y de otro, el predominio de una posición "reformista" en la izquierda. "Luego de las elecciones, la dirección de IU robustece en los hechos su proyecto reformista. Se profundiza el predominio por privilegiar la lucha legal y es más claro ahora que lo fundamental se circunscribirá a las exigencias parlamentarias y las concejalías ( ) Queda igualmente claro que IU no se forjará como un frente revolucionario. Su contenido es básicamente electoral. Y se ha comprobado que sólo para las elecciones se reactiva" (MRTA 1990: 56). 1.4.2.2. Despliegue y unificación con el MIR Voz Rebelde (1984 -1986) En enero de 1984, se llevó a cabo el I Comité Central del MRTA en Lima. Su análisis de la situación política nacional concluía que el país atravesaba una profunda crisis política, económica y social31; provocada, por la creciente actividad subversiva del PCP-SL y la respuesta contrainsurgente. Esto último, según Polay Campos, los motivo a "levantar una alternativa" frente a "Sendero Luminoso, que estaba imprimiendo un discurso, una propuesta que llevaba a la derrota"32. Hasta entonces el MRTA sólo había registrado acciones en las ciudades de Lima y de Huancayo (capital del departamento de Junín) aunque sin reconocer su autoría. Por tanto, la dirección subversiva acordó, en primer lugar, el desarrollo de "acciones guerrilleras urbanas" en las ciudades más importantes del país y el inicio de la formación de su denominado 'ejército guerrillero' en el campo. En segundo lugar, dispuso iniciar la fase de propaganda armada, con el objetivo de hacer conocido al MRTA. En esta etapa, el MRTA buscó "denunciar la política económica del gobierno" y mostrar al pueblo "la necesidad de emprender la guerra revolucionaria" como "único camino ( ) para la solución de fondo de la explotación y la opresión" (MRTA 1990: 61). De este modo, el 22 de enero de 1984, en Lima, un grupo de emerretistas atacó el puesto policial del distrito de Villa El Salvador señalando que esta acción respondía a "una decidida respuesta militar ante el abuso permanente, la agresión sistemática y los asesinatos que las fuerzas policiales y sus hienas, los Sinchis, cometen a diario contra las demandas populares"33. Los medios periodísticos de la época dieron una amplia cobertura a la "aparición" de un nuevo grupo subversivo. El 26 de marzo, otra acción similar se ejecutó en la casa de Carlos Rodríguez Pastor, Ministro de Economía de aquel entonces. Asimismo, los subversivos tomaron algunas radioemisoras para propalar sus propuestas políticas34. A la par de estas acciones, el trabajo proselitistas se organizó en torno a la realización de una serie de eventos políticos y culturales públicos y el uso de espacios cedidos en El diario de Marka. De esta manera, el MRTA logró expandir su influencia en fábricas y barrios populares de Lima. En tanto, en Junín, su presencia comenzó a sentirse en la Universidad Nacional del Centro del Perú y en algunos barrios de Huancayo y de Jauja. En ese contexto, un grupo importante de militantes del PCP Mayoría ingresó a sus filas. De otro lado, con el fin de iniciar la organización de su primera columna armada, el MRTA eligió al departamento del Cuzco35. Esta elección obedeció a su posición geopolítica, cerca de la frontera, la presencia de un alto porcentaje de campesinos empobrecidos y analfabetos, la tradición de organización y lucha del campesinado cuzqueño y la existencia de importantes sectores de campesinos organizados en la Confederación Nacional Agraria (CNA) y en la Confederación de Campesinos del Perú (CCP), y sobre todo por "su trascendencia histórica", es decir, por "haber sido el centro de la civilización inca y sus connotaciones particulares porque Túpac Amaru procedía de esta zona, y fue también en esta zona, Tinta, donde se alzó en armas contra los españoles" (MRTA 1990: 44). Desde fines de 1983, unos veinte emerretistas habían sido trasladados a la provincia de Paucartambo (departamento del Cuzco) donde instalaron su campamento principal y establecieron dos lugares de tránsito. Sin embargo, el 27 de noviembre de 1984, nueve de ellos fueron capturados por la policía, decomisándoles fusiles de guerra, gran cantidad de municiones y uniformes. Para el MRTA, ese fue "un durísimo golpe" como consecuencia del "liberalismo, la superficialidad y el desorden con que trabajaban" sus militantes (MRTA 1990: 45). Esta captura no fue dada a conocer por la policía de inmediato, por lo que ante el temor de que los desaparecieran, el MRTA secuestró a Vicky Peláez y a un camarógrafo del noticiero "90 Segundos" el 8 de diciembre en horas de la mañana, a fin de denunciar públicamente la detención de sus militantes, buscando así preservar su integridad. El comunicado leído por un encapuchado Víctor Polay no fue transmitido por Canal 2 debido a la presión del gobierno. Sin embargo, los directivos del canal, ante las amenazas de los subversivos, autorizaron su difusión en horas de la noche. Poco después, la periodista y su camarógrafo fueron liberados. De otro lado, en Lima, desde 1984, el MRTA había dividido a sus militantes en grupos de autodefensa y milicias urbanas, encargando a éstas la ejecución de acciones subversivas en la ciudad. Además se había contemplado la creación de "fuerzas especiales"36 en sus zonas de operaciones como otro elemento importante de su estructura militar. Posteriormente, en febrero de 1985, el MRTA realizó su II Comité Central en el que reafirmó la percepción de encontrarse en un período "pre-revolucionario". Esta visión no concordaba con lo que venía ocurriendo en el país. La IU venía conduciendo la gestión municipal en la alcaldía de Lima y en otras municipalidades provinciales y distritales, lo que iba legitimando el régimen democrático. Asimismo, el Partido Unificado Mariateguista (PUM)37 se había convertido en una de las más importantes organizaciones de IU, con una presencia destacada en los movimientos sindicales, mineros, campesinos y barriales. Y, a pesar de su discurso radical, no tuvieron las intenciones de plegarse a la lucha armada en el corto plazo. Por último, el APRA se perfilaba como el probable ganador de las elecciones generales de 1985 gracias, entre otras razones, a su discurso renovado y al carisma de su candidato, Alan García Pérez quien había encabezado la oposición parlamentaria al gobierno de Fernando Belaunde Terry hasta entonces. Es decir que, mientras la voluntad de cambio de amplios sectores de la población empataba con opciones políticas que, -a pesar de la retórica radical, nacionalista y antiimperialista-, se ajustaban a las reglas y procedimientos democráticos; el MRTA pretendía "madurar" el "periodo pre-revolucionario" hacia una "situación revolucionaria". Hasta ese momento, los dirigentes emerretistas sostenían que con sus acciones políticas y militares habían abierto un nuevo espacio "revolucionario" dentro del "campo popular" y en la escena política nacional. A decir del MRTA, tanto IU como el PCP-SL formaban parte del mismo campo popular, aunque mantenía discrepancias con ambos. El MRTA no se asumía como un proyecto político militar alternativo y excluyente de las organizaciones y partidos políticos de izquierda; por el contrario, siempre afirmó que era imprescindible contar con la más amplia unidad de las fuerzas populares como garantía para el triunfo de la revolución en el país. Estas afirmaciones estaban contenidas desde tiempo atrás en sus documentos iniciales38. En cuanto a la definición de su estrategia denominada "guerra revolucionaria del pueblo", un primer esbozo fue formulada en el documento "El MRTA y la revolución peruana", publicado en mayo de 1985. Para ellos la
El objetivo principal de su estrategia era "la conquista del poder político (...) que se alcanzará en un proceso más o menos prolongado de guerra revolucionaria" (MRTA 1990: 75). Según el MRTA, su estrategia "adquirirá diversas formas de acuerdo a la agudización de la lucha de clases en el país, y a las etapas propias de este tipo de guerra, surgidas acorde a la particular realidad nacional" (1990: 75). De manera general, en los inicios de su guerra pretendían la "acumulación y desarrollo de fuerzas revolucionarias, ideológicas, políticas y militares" y en ese sentido, su trabajo se encontraría enfocado a "la construcción de una organización de vanguardia que sea capaz de fundirse con las masas trabajadoras y orientar sus luchas en la perspectiva general de la lucha por el poder, así como dirigir la lucha armada e ir incorporando a la misma a las masas del pueblo trabajador" (MRTA 1990: 75). En la práctica, el MRTA fracasó en dichos objetivos. Con el fin de alcanzar sus metas y objetivos trazados, el MRTA prestó particular atención a las tareas de prensa y difusión. Al respecto acordaron publicar un vocero con el nombre de "Venceremos" e implementar una radioemisora clandestina de nombre "4 de Noviembre"39. El primer número de su boletín apareció en abril y al mes siguiente, la señal de la radioemisora emerretista salió al aire interfiriendo la transmisión televisiva del Canal 5 en algunos pocos distritos de Lima. Por último, en el contexto electoral de abril de 1985, el MRTA propuso una plataforma de lucha mínima, que se resumió en el rompimiento con el Fondo Monetario Internacional, el aumento del sueldo mínimo vital, la amnistía para todos los "presos políticos" y el cese de los estados de emergencia (MRTA 1990: 71). Asimismo, llamó al electorado a votar viciado en las elecciones presidenciales. Estas propuestas fueron acompañadas de atentados como el ataque a la casa del entonces Ministro de Trabajo, Joaquín Leguía y la colocación de explosivos en los locales de la firma Kentucky Fried Chicken, en marzo de 1985 en Lima. En los meses siguientes, el MRTA efectuó una serie de acciones denominadas "milicianas"40 y "comando"41. Las primeras realizaron atentados contra las empresas prestadoras de servicios de agua y energía eléctrica, además de innumerables repartos de volantes, pintado de lemas subversivos, mítines relámpagos, colocación de banderas y "tomas" de radioemisoras, colegios, mercados y barrios populares. En tanto, los comandos emerretistas ejecutaron la "recuperación" de armas de armerías ubicadas en Lima o los asaltos a camiones repletos de productos de primera necesidad. En el mes de junio de 1985, en conmemoración del inicio de la acción guerrillera del MIR de De la Puente Uceda, el MRTA efectuó varias acciones en la ciudad de Chiclayo (departamento de Lambayeque), Chimbote (departamento de Ancash), Huancayo (departamento de Junín) y Lima. Hasta ese momento, los emerretistas habían logrado consolidar una estructura militar, con un costo mínimo de militantes caídos y una serie de acciones realizadas en Lima y otras ciudades de la costa y sierra central del país. Entonces, consideraron que "la fase de propaganda armada se había cumplido exitosamente" y podían pasar a la "fase de hostigamiento con características más propiamente guerrilleras" (MRTA 1990: 79) [Resaltado nuestro]. Dos acciones realizadas en Lima marcaron el inicio de la "fase de hostigamiento". El 12 de julio, siete puestos policiales, ubicados en diferentes distritos de Lima, fueron atacados en forma simultánea; y el 25 de julio42, un "coche bomba" fue colocado en el Ministerio del Interior, sin ocasionar víctimas mortales. Esta fue la primera vez que se hizo uso de esta modalidad terrorista43. Desde enero de 1984 hasta mediados de 1985, el MRTA afianzó su organización y logró, mediante sus acciones, una mayor presencia en los medios de comunicación, convirtiéndose en un actor más en el conflicto armado interno. En cuanto a los integrantes de sus "comandos" se acordó que éstos se fueran especializando y vivieran en "casas operativas" o "bases"44. De otro lado, su trabajo en los "frentes de masas" estudiantiles, barriales y populares obtenía algunos avances gracias a la influencia alcanzada por el Movimiento Pueblo en Marcha organización política en la que el MRTA había infiltrado militantes-. Así, en las Universidades de San Marcos e Ingeniería ganaban simpatía de algunos sectores estudiantiles45; mientras que en algunos barrios populares de las ciudades de Lima y Huancayo, su labor proselitista se intensificaba. Sin embargo, luego de las elecciones presidenciales de abril de 1985 donde resultó electo Alan García Pérez del APRA, la Dirección del MRTA suspendió las acciones militares contra el gobierno entrante, al considerar que el pueblo había "depositado mayoritariamente su esperanza en el partido aprista de un cambio radical de su situación" y por tal razón "se muestran expectantes por lo que puedan hacer" los apristas en el poder (MRTA 1990: 95). Esta medida sorprendió a propios y extraños. En una concurrida conferencia de prensa46 clandestina, un encapuchado Victor Polay Campos, a nombre del Comité Ejecutivo Nacional, instancia de dirección emerretista, leyó un pronunciamiento donde se señalaban las razones por las cuales tomaban aquella decisión. Interrogado por un periodista acerca de la "virtual tregua al gobierno de Alan García", Polay Campos respondió:
Como recuerda Miguel Rincón Rincón47: "la dirección del MRTA consideró [una decisión] correcta otorgar una tregua al gobierno, era una demostración de flexibilidad y disposición de diálogo para encontrar salidas a nuestra patria y evitar el baño de sangre; la respuesta fue negativa, la guerra sucia continuó y se fue agravando" (2002: 14). Esta medida fue acompañada del pedido de diálogo con el gobierno, previo cumplimiento de un mínimo de condiciones como "la liberación de todos los prisioneros políticos en este país, la conformación de la Comisión de Paz y el establecimiento de [una] base mínima de justicia" (MRTA 1990: 99). Los emerretistas consideraban que habían dado el primer paso para el posible diálogo y esperaban que "sea respondido por una medida concreta: amnistía, la liberación de todos los presos políticos, porque el APRA tiene una gran responsabilidad frente a su pasado" (MRTA 1990: 98). Con la suspensión de acciones militares, la dirigencia emerretista pretendía ganarse las simpatías de la población que votó tanto por el APRA como por IU y de la militancia de ambas organizaciones políticas. Asimismo buscaba diferenciarse en los hechos, del PCP-SL y consolidar su presencia política a nivel nacional, presentándose como una organización alzada en armas que tomaba la iniciativa "en el plano político con una actitud dialogante, de madurez y comprensión política" (MRTA 1990: 81). Sin embargo, en el corto plazo, la ejecución de acciones contra blancos considerados del "imperialismo", las fuerzas del orden y contra las grandes empresas crearon inestabilidad y zozobra al recién instalado gobierno aprista, cancelando con ella la posibilidad de algún diálogo con el gobierno. En tanto, en la militancia del MRTA, esta suspensión unilateral provocó desconcierto, cuestionamiento y el retiro de no pocos de sus militantes. Para algunos dirigentes regionales emerretistas, la medida apareció como una decisión tomada sólo por la dirigencia nacional. "Un día salen y dicen: 'vamos a darle tregua'. ¿Pero cómo?, ¿cuándo hemos hablado?. Además, forjados en una larga historia de anti aprismo, eso nos supo a chicharrón de sebo. Defender lo indefendible, pelearnos, luchar, volver a convencer [a los militantes y simpatizantes] y apelar a la convicción revolucionaria más que al hecho político real"(Mateo48). En Huancayo, algunos emerretistas se pasaron a las filas del PCP-SL, al que veían como más consecuente y con una línea política más definida. La suspensión de acciones permitió al MRTA reiniciar sus exploraciones con el fin de ubicar una zona rural donde asentar una futura columna guerrillera. Asimismo, con la finalidad de que sus militantes adquirieran experiencia, enviaron a fines de 1985 a un grupo de militantes a Colombia49. Este contingente emerretista, junto a los militantes de la organización Alfaro Vive ¡Carajo! del Ecuador y del M 19, formaron el Batallón América en 1986 y participaron en acciones guerrilleras contra las fuerzas del orden colombianas (MRTA 1990: 89-91). Finalmente, en el ámbito nacional, el MRTA, buscó intensificar sus relaciones con los partidos y organizaciones de izquierda bajo la perspectiva de sumar esfuerzos a su proyecto. Desde agosto las acciones militares del MRTA continuaron contra blancos "imperialistas" y las fuerzas del orden que habían "agredido al pueblo". Así durante noviembre, una serie de acciones de propaganda, conmemorando un aniversario más del levantamiento de Túpac Amaru, se efectuaron en las ciudades de Lima50, Huancayo, Chiclayo, Chimbote y Cuzco. Por último, en diciembre, los emerretistas organizaron "repartos populares" en algunos barrios populares en Lima, distribuyendo productos de primera necesidad robados de camiones repartidores de importantes firmas comerciales. Entre el 9 y 14 de febrero de 1986, el MRTA realizó su III Comité Central en Lima, con el fin de evaluar el cumplimiento de sus metas y objetivos durante 1985. Se reunieron los integrantes del Comité Ejecutivo Nacional, el Comité Central y los responsables de las diversas estructuras políticas y militares emerretistas. Su balance fue positivo, al considerar que habían "conquistado un espacio político importante en la escena nacional y aún internacional". Sin embargo, hasta ese momento, pese a su visible presencia en los medios masivos de comunicación, el MRTA no había logrado influir de manera significativa ni mucho menos conducir importantes movimientos sindicales, campesinos, barriales, estudiantiles o populares (los que se encontraban hegemonizados por los partidos de la izquierda legal, agrupados en IU). En el III Comité Central, los dirigentes emerretistas señalaron también algunos de sus errores, como la campaña para que el electorado anulara su voto en las elecciones presidenciales; en esta ocasión consideraron que lo correcto hubiera sido pedir que se votase por la oposición representada por IU. Por otro lado, se señaló que muchos responsables de sus instancias organizativas carecían de una adecuada formación política e ideológica y de la experiencia necesaria para ejercer tales responsabilidades, generándoles una serie de problemas. Para subsanar esta deficiencia, los dirigentes emerretistas acordaron prestar particular atención a la formación de sus militantes51. Los dirigentes subversivos hicieron también un balance del desempeño del gobierno de Alan García hasta ese momento. Según su perspectiva, García no había dado muestras palpables de llevar a la práctica sus ofrecimientos electorales, ni mucho menos luchar frontalmente contra "los monopolios", ni acabar con la violación de los derechos humanos. Por el contrario, consideraban que el gobierno aprista se deslizaba por una "pendiente atravesada por múltiples concesiones al imperialismo, a las clases dominantes nativas y a las FF. AA. [Fuerzas Armadas]. dando la preocupante impresión que el gobierno no es capaz de avanzar por las sendas del cambio, a pesar del amplio respaldo de las masas populares" (MRTA 1990: 102). En una situación como esta, el MRTA pretendió convocar a todas las fuerzas que para ellos conformaban el campo popular (organizaciones sindicales, gremiales, asociativas de los sectores populares, IU y al PCP-SL) y a los sectores "consecuentemente populares" del APRA y las FF. AA. e incluso de la Iglesia Católica, para exigir al gobierno de García que optase entre los "monopolios" y el pueblo. Su pedido, hecho público en febrero de 1986, no causó mayor impacto en la opinión pública, ni en los sectores convocados para tal emplazamiento al gobierno aprista. Posterior a la realización de su III Comité, el MRTA continuó con sus acciones especialmente en las ciudades de Lima, Huancayo y Chiclayo. El 21 de abril de 1986 en solidaridad con Libia, que había sido bombardeada por Estados Unidos, colocaron un coche bomba en la residencia del embajador norteamericano. Y, en homenaje al inicio de las guerrillas del MIR en 1965, realizaron dos acciones importantes en Lima, la primera llevada a cabo el 9 de junio en la plaza de Villa María del Perpetuo Socorro (ubicada en la margen izquierda del río Rímac), donde los emerretistas convocaron un mitin y repartieron alimentos robados a dos camiones distribuidores. La segunda acción, consistió en el incendio de uno de los ambientes del Casino de Policía en el centro de Lima, realizado por un comando subversivo. Cuando se retiraban se enfrentaron con los policías, muriendo uno de ellos. Pocos días después, el 18 y el 19 de junio, los militantes del PCP-SL se amotinaron en tres penales: El Frontón, Lurigancho y Santa Mónica aprovechando la cobertura de los medios de comunicación al congreso de la Internacional Socialista que se realizaba en Lima. El gobierno de García encargó el debelamiento del motín a las Fuerzas Armadas con un saldo de 244 personas muertas52. Casi de inmediato, comandos emerretistas tomaron las agencias ANSA, France Press, Reuters y DPA y propalaron un comunicado condenando estos sucesos. El 7 de agosto, la Dirección Nacional del MRTA realizó una segunda conferencia de prensa en Lima. Víctor Polay Campos encapuchado, en su calidad de Secretario General, anunciaba a los periodistas reunidos el fin de la suspensión de acciones político -militares contra el gobierno aprista. Las razones formuladas para sustentar aquella decisión fueron varias. Entre ellas, la inconsecuencia a la hora de pagar la deuda externa53; los beneficios concedidos a la empresa petrolera OXY, la importación excesiva de productos agrícolas que perjudicaba al agro nacional; el clientelismo político encarnado en el Programa de Ayuda al Ingreso Temporal (PAIT), cuyos trabajadores eran utilizados para enfrentar las movilizaciones sindicales; la flexibilización de la estabilidad laboral en el sector privado y la aplicación de un programa económico que creaba la ilusión de un crecimiento económico, pero sin un sustento real en la producción; por último, la creciente violación de los derechos humanos, graficado en el debelamiento del motín de los presos del PCP-SL, el descubrimiento de varias fosas comunes, y la impunidad de los que cometían tales violaciones (MRTA 1990: 86). Durante la conferencia de prensa, un periodista preguntó al vocero del MRTA: "¿ en qué queda la tregua que habían Uds. formulado formalmente hace un año con respecto al gobierno aprista? ¿Qué pasa con la relación entre el MRTA y el APRA de aquí en adelante?", interrogantes que fueron respondidos de la siguiente manera por Polay:
El "inicio de las hostilidades" iba acompañado con el planteamiento de la formación de un "frente por la democracia, la justicia y la paz"54 que convocara a "demócratas, patriotas, progresistas, sectores populares del APRA, de IU, de las organizaciones alzadas en armas" con el objetivo de enfrentar y derrotar a la "militarización" del régimen (MRTA 1990: 107), entendida ésta como la presencia cada vez más importante de las Fuerzas Armadas en la lucha contrainsurgente y en la vida política nacional. Un acto simbólico que anunciaba el inicio de las acciones militares contra el gobierno aprista fue el lanzamiento de una granada contra uno de los balcones de Palacio de Gobierno, donde Alan García de manera habitual hacía sus apariciones públicas para anunciar alguna medida gubernamental. Al mes siguiente, el 6 y 7 de setiembre de 1986, se realizó el II Encuentro preparatorio de la Asamblea Nacional Popular (ANP) en Chiclayo. Casi todos los partidos políticos de izquierda agrupados en IU y otros fuera de ella, como la Unidad Democrática Popular55 y el Movimiento Pueblo en Marcha, además de las más importantes organizaciones gremiales y sindicales del país impulsaban la conformación de la ANP como parte de una difusa estrategia política de largo plazo tendiente a la construcción del "poder popular". Tanto el I Encuentro preparatorio, realizado en Lima, como el II Encuentro preparatorio, organizado en Chiclayo, fueron escenarios en los cuales el MRTA, mediante las organizaciones en las que tenía influencia, mostró sus avances y relaciones con otras fuerzas del "campo popular". Las conversaciones reiniciadas con los dirigentes del MIR Voz Rebelde (MIR VR) a mediados de56. Así, los primeros días de diciembre se organizó el I Comité Central Unitario y el 9 de diciembre de 1986, fecha en que se conmemoraba un aniversario más de la batalla de Ayacucho, anunciaron su unidad.
El MIR VR aportaba al MRTA su trabajo político en la zona norte del país, en los departamentos de San Martín, Lambayeque, Ancash y La Libertad; además de una vasta experiencia política y una inicial experiencia militar con los Comandos Revolucionarios del Pueblo (CRP) que, desde 1985, desarrollaba acciones de propaganda armada en Lima y en algunas ciudades del norte del país. De acuerdo a Simon, ambas fuerzas subversivas se complementaban: "mientras que el MRTA tenía un mayor desarrollo político-militar, el MIR poseía una mayor fuerza política. Esta complementación, no sin contradicciones58, fue importante dentro de la acumulación de fuerzas integral ideológicas, políticas, sociales y militares-que plantean los tupacamarus" (1988: 113). La perspectiva de Alberto Gálvez Olaechea es similar: "el MRTA era un núcleo más pequeño pero compacto y dinámico, con un mayor desarrollo militar; el MIR (VR), por su lado, tenía una mayor presencia nacional y una mayor inserción social. Éramos de cierta forma complementarios, los espacios en que nos movíamos eran los mismos, nuestras raíces las mismas y nuestras perspectivas convergentes" (2003: 26). Las contradicciones de esta reunión estuvieron referidas al nombre de la nueva organización y a la designación del dirigente máximo del movimiento. Finalmente, los dirigentes del MIR VR aceptaron que el nombre fuera el del MRTA y el cargo de Secretario General lo asumiera Víctor Polay Campos. "Este fue un 'sapo difícil de tragar' en el MIR, y de hecho provocó distanciamientos y rupturas" entre sus propias filas, puntualiza Gálvez Olaechea (2003: 32). 1.4.2.3. Acciones armadas y contraataque militar (Juanjui y Molinos) (1986 -1989) En la búsqueda de una zona donde asentar su fuerza militar: el autodenominado Ejército Popular Tupacamarista (EPT), el MRTA había explorado el distrito de Pariahuanca (provincia de Huancayo, departamento de Junín), realizando acciones de proselitismo entre los pobladores; creando así su base social. Este trabajo fue impulsado inicialmente por seis emerretistas. La otra zona probable, se ubicaba en Tocache (provincia de Tocache, departamento de San Martín), donde desde mediados de 1986, un núcleo pequeño de militantes del MRTA inició su trabajo proselitista realizando escuelas político militares. En ambos distritos, el accionar del MRTA se vio reforzado con la incorporación de los emerretistas que fueron regresando de Colombia. En Tocache, también actuaba el PCP-SL. En tanto, el trabajo desplegado por los emerretistas les había permitido organizar a los pobladores en el Frente de Defensa de los Intereses del Pueblo (FEDIP) y en rondas campesinas. Cuando se llevaba a cabo una reunión del FEDIP, fueron atacados por los senderistas, siendo repelidos por el MRTA. Asimismo, en los días previos, los militantes del PCP-SL habían detenido a algunos subversivos del MRTA a quienes les habían quitado las armas que portaban. Para evitar que los enfrentamientos cobraran víctimas, los emerretistas buscaron dialogar con los mandos del PCP-SL de la zona. Francisco59 recuerda que les dijeron a los mandos del PCP-SL: "estamos en el mismo camino. Ustedes están por acá, nosotros por acá, pero al final vamos conociéndonos ( ) seguramente en el proceso de la guerra, en el transcurso de los años, tendremos que unirnos, eso va a depender de nuestros dirigentes". Sin embargo, los militantes del PCP-SL señalaron a los emerretistas que aquella unidad no se produciría y que la única posibilidad de que luchen por la revolución era incorporándose a sus filas. A pesar de sus diferencias, los militantes del PCP-SL acordaron que no atacarían a los emerretistas y que respetarían el territorio en el cual cada organización actuaba. Así, de Tocache a Tarapoto (provincia de San Martín) quedaba bajo la influencia del MRTA y de Tocache a Tingo María quedaba en manos del PCP-SL. Días después de este acuerdo, un grupo de militantes del PCP-SL asesinó a un emerretista; en respuesta, el MRTA atacó a "Vampiro", un narcotraficante que apoyaba al PCP-SL en la zona. Por último, cuando los emerretistas pretendían "tomar" Tocache fueron emboscado por los integrantes del PCP-SL. Posteriormente, en marzo de 1987, la Dirección Nacional del MRTA publicó un documento en el cual se señaló que la crisis social, política y económica se agudizaba y que el país marchaba a una "guerra civil" (MRTA 1987: 5). Bajo este diagnóstico, decidieron incrementar sus esfuerzos por formar su fuerza militar e invocar a sectores radicales de IU para "construir un Movimiento Político Revolucionario (MPR)" que permitiese "convocar al pueblo y conducirlo" (MRTA 1987: 9). Por último, los dirigentes emerretistas se ratificaban en la creación de "un frente por la justicia social, la democracia popular, la soberanía nacional y la paz". "Esta es nuestra tarea política central en el período. Es la respuesta a la política aprista y a sus intentos de aislar y destruir a las organizaciones alzadas en armas" (MRTA 1987: 8). En cuanto a la izquierda, se percibía las primeras señales de la radicalización de algunos sectores de militantes del PCP-Patria Roja60, del PCP Unidad61 y del PUM, partidos integrantes de IU. A la vez que se articulaban esfuerzos para organizar el I Congreso de la Asamblea Nacional Popular como una instancia de centralización y coordinación de un abanico amplio de fuerzas sociales y políticas populares. Mientras tanto, los miembros del PCP-SL se mantenían al margen de aquella experiencia y no dudaban en atacar a sus principales promotores. Para entonces habían logrado incrementar de manera evidente su presencia a nivel nacional. Por su parte, el MRTA, desde mediados de 1987, había incrementado sus acciones en la ciudad de Lima. En respuesta, la policía les produjo numerosas caídas de sus militantes entre capturados, heridos y muertos. Así el 7 de agosto, Alberto Gálvez Olaechea, integrante del Comité Ejecutivo Nacional y periodista del semanario Cambio, fue detenido por la Dirección Contra el Terrorismo (DIRCOTE) en la capital, mientras que el 23 de octubre fue capturada Lucero Cumpa Miranda, responsable del trabajo metropolitano y miembro del Comité Central emerretista. La captura de Cumpa y de otros militantes más, golpeó seriamente al MRTA y prácticamente desarticuló su organización en numerosas zonas de Lima. En tanto, la dirección emerretista había elegido a San Martín como el escenario para abrir su primer frente guerrillero, descartando momentáneamente Tocache y Pariahuanca. Se eligió este departamento por el trabajo desplegado previamente por el MIR VR62 y por la Unidad Democrático Popular (UDP), frente cercano a esas posiciones. Este frente, conocido desde entonces como Nororiental, contó inicialmente con un contingente formado por 60 hombres, 30 del MIR VR y 30 del MRTA. El grueso del grupo del MRTA estuvo formado por los militantes que operaban en Tocache y en Junín. Mientras que la mayoría de militantes del MIR VR era del mismo departamento. Estos destacamentos se fueron concentrando en San Martín, instalándose en un campamento 63 en la zona del Pongo de Caynarachi Shanusi (provincia de Lamas) donde durante los meses de julio, agosto y septiembre realizaron numerosas escuelas político militares64. La responsabilidad del Frente Nororiental fue asumida por Víctor Polay Campos, en tanto que el MIR VR no tuvo mayor responsabilidad, lo que generó las primeras discrepancias entre ambas organizaciones. A fines de setiembre, la Dirección Nacional emerretista consideró que estaban en la capacidad de iniciar acciones militares (MRTA 1990: 123). Así, el 8 de octubre, una parte del destacamento subversivo uniformados y armados con fusiles de guerra-tomaron la ciudad de Tabalosos (provincia de Lamas) sin producir bajas. Esta acción marcó el inicio de la campaña político-militar "El Che vive". El 18 de octubre, otra unidad emerretista tomó Soritor (provincia de Moyobamba), atacando el puesto policial. Un efectivo murió y los que quedaron heridos fueron atendidos por los subversivos (MRTA 1990: 123). En ambas tomas, el MRTA convocó a la población para explicarle los motivos de su insurgencia, evaluar la gestión de las autoridades locales (alcaldes y gobernadores) e invitar a los pobladores a que se integren a sus filas. A pesar del "éxito" que lograron con las tomas de Tabalosos y Soritor, sus acciones no trascendieron al resto del país, siendo sólo conocidas en San Martín. Esta situación motivó a la dirección emerretista a que planificaran una acción de mayor envergadura que repercutiera no sólo en el departamento, sino también en el país. Entonces, se proyectó la realización de la campaña político militar "Túpac Amaru libertador", llevada a cabo el 6 de noviembre, cuando la columna emerretista, integrada por 60 hombres, tomó la ciudad de Juanjui (provincia de Mariscal Cáceres). Las fuerzas subversivas atacaron de manera simultánea los puestos de la Policía de Investigaciones, de la Guardia Civil y de la Guardia Republicana; asimismo tomaron el pequeño aeropuerto de la ciudad. Durante el ataque al puesto policial murió Jorge Cieza, teniente de la Guardia Civil. En tanto, los demás policías huyeron y solo tres se rindieron, quienes fueron conducidos a la Plaza de Armas. En horas de la mañana, abandonaron Juanjui y se dirigieron a la ciudad de San José de Sisa (provincia El Dorado) a donde arribaron el 7 de noviembre a las 4 p. m. Ingresaron a la ciudad sin ningún tipo de resistencia de las fuerzas policiales quienes enterados de lo sucedido en Juanjui habían abandonado poco antes el lugar. En esta acción Alejandro Guerrero, reportero de Canal 5, logró entrevistar a Víctor Polay. Dos días después, incursionaron en Senami. El 19 tomaron el distrito de Chazuta (provincia de San Martín). Finalmente, las fuerzas subversivas se replegaron al Alto Sisa, lugar donde estuvieron concentrados previo al ataque a Juanjui. Poco después de la toma de Juanjui, el gobierno decretó el estado de emergencia en San Martín, desplegando de inmediato a gran cantidad de militares para ubicar y neutralizar al destacamento emerretista. El cerco tendido por el Ejército abarcaba una extensión importante del valle del Sisa y sus efectivos seguían muy de cerca a los subversivos. En esas circunstancias, tres emerretistas, que formaban parte de una grupo de reconocimiento, se enfrentaron con efectivos del Ejército resultando muertos. Mientras tanto, el contingente subversivo continuó su repliegue hacia Alto Porotongo, logrando burlar el cerco militar65. El 9 de diciembre de 1987 los dirigentes nacionales emerretistas dieron por concluida la campaña "Túpac Amaru libertador" y de inmediato acordaron la desconcentración de sus fuerzas (MRTA 1990: 125). Un grupo de militantes fue enviado a la Región Oriente y otro a la Región Central. Los 37 emerretistas restantes se quedaron en San Martín bajo la responsabilidad de los integrantes de la Dirección Regional. Según relata Sístero García Torres, Ricardo66, éstos últimos se dividieron en tres pelotones:
La desconcentración de las fuerzas subversivas continuó, pero con muchas dificultades por la pérdida de armamento y la detección de sus movimientos por parte del Ejército68. En las semanas siguientes, la ofensiva militar ocasionó que el destacamento subversivo colapsara69. A pesar de estos reveses, la Dirección Nacional del MRTA evaluó la acción de su destacamento como muy positiva. Las dos campañas político-militares: "El Che vive" y "Túpac Amaru libertador" significaron para los subversivos el "momento estelar, el pico más alto de la lucha armada en estos años. Esta campaña es un salto, un avance indiscutible con respecto a la guerrilla del 6570" (MRTA 1990: 136). Y, según su perspectiva, confirmaba con sus acciones su conversión en una "opción de poder" real. Esta imagen sobreestimaba sus pequeñas fuerzas militares y subestimaba la presencia y el peso político adquirido por el PCP-SL hasta entonces en el país. Para Gálvez Olaechea, las campañas del destacamento emerretista durante octubre y noviembre le permitió al MRTA "un protagonismo coyuntural" y motivar "el entusiasmo entre los jóvenes de la región" (2003: 35). La reconstitución del Frente Nororiental se produjo lentamente durante 1989 y recién en los primeros meses de 1990 los emerretistas estuvieron en condiciones de realizar acciones militares de envergadura 71. En tanto, en Lima en noviembre de 1987, se realizó el I Congreso de la Asamblea Nacional Popular (ANP) en el distrito de Villa El Salvador. Participaron los sectores radicales de IU, como el -UNIR, el PUM y el FOCEP-, el PCP Unidad y la UDP72. A través de delegados que eran del MRTA o cercanos a sus posiciones, dicha organización se sentía parte del esfuerzo de centralización de las más importantes agrupaciones sociales y políticas del espectro izquierdista, aunque con ciertas diferencias. Como lo expresa Miguel Rincón:
En ese sentido, los emerretistas trataron de articular la organización y movilización de los sectores populares, representados en la ANP, con su lucha armada. Sin embargo, sin un vigoroso movimiento de masas tras sus postulados y las dirigencias de los más importantes gremios y organizaciones sociales de base del país bajo la influencia de la mayoría de los partidos integrantes de IU (la misma que participaba bajo las reglas democráticas desde 1980); los intentos del MRTA fracasaron. A mediados de 1988, el panorama social y político se encontraba agitado por la crisis económica. En efecto, los sectores populares protestaban por el incremento de los precios de los productos de primera necesidad y los movimientos sindicales se movilizaban solicitando el aumento de sus sueldos y salarios. Además el intento de estatización de la banca había generado una inusitada respuesta en los sectores altos y medios de la sociedad, representados políticamente por Acción Popular (AP), el Partido Popular Cristiano (PPC) y el Movimiento Libertad (ML), este último encabezado por el novelista Mario Vargas Llosa. En esos meses, estos partidos AP, el PPC y el ML se unieron y dieron origen al Frente Democrático (FREDEMO). Hasta entonces, el MRTA consideraba que el desgaste del gobierno aprista, la recomposición de la "derecha" y su renovada iniciativa política gracias a la actuación del FREDEMO, la crisis en el Comité Directivo Nacional de IU, y el rol cada vez más protagónico de las Fuerzas Armadas en la lucha contrainsurgente, eran los elementos centrales de la situación política nacional por lo que, según su perspectiva, era previsible un golpe militar si ganaba Izquierda Unida en las elecciones de 1990. Entonces, ante tal posibilidad, el MRTA "debía acentuar su preparación política y militar" (MRTA 1990: 127). En agosto, se llevo a cabo el II Comité Central del MRTA73, donde los dirigentes emerretistas, confirmaban el tránsito hacia una mayor militarización y polarización de la sociedad peruana. Como cuenta Víctor Polay, concluyeron que:
En tal sentido, el MRTA se planteó como tarea principal la reestruccturación del Frente Nororiental y la apertura de dos Frentes más: el Oriental (su ámbito de acción abarcaría a los departamentos de Ucayali, Pasco y Huánuco) y el Central (Junín y la selva de Pasco)75 para lo cual era indispensable la consolidación de su organización y el afianzamiento de su trabajo proselitista y organizativo. Asimismo, se trazaron como objetivos "reestructurar el trabajo urbano" y, por último, a fin de financiar sus "gastos de guerra", optaron por el secuestro de importantes empresarios nacionales76, bajo el criterio de que "los costos de la guerra" los paguen "los grandes burgueses y [el] imperialismo" (DESCO 1989: 244). Estos secuestros se iniciaron en septiembre de 198777 y fueron realizados en Lima por las llamadas Fuerzas Especiales. Los emerretistas canjeaban la libertad de sus rehenes a cambio de importantes sumas de dinero. Sin embargo, dos de los empresarios secuestrados fueron ultimados por el MRTA78. Durante su cautiverio, los empresarios permanecían ocultos en las llamadas "cárceles del pueblo" -espacios de reducidas dimensiones e insalubres-siendo vigilados constantemente. De otro lado, durante el primer semestre de 1988 se produjo el primer "ajuste de cuentas"79 por parte del MRTA a ex militantes, en el ámbito del Frente Nororiental. En esta zona, militantes provenientes del MIR VR quedaron disconformes con la unificación entre su agrupación y el MRTA; por lo que aunque formalmente aceptaron la unidad, durante los meses siguientes trabajaron por crear un proyecto político militar propio. Ese fue el caso de Pedro Ojeda Zavala, "Darío", quien encabezó a los futuros disidentes. Cuando creyó que las condiciones le eran favorables pretendió organizar una columna guerrillera y desligarse del MRTA. Sin embargo, su intento no tuvo la repercusión esperada80, aunque sus acciones provocaron la desarticulación del destacamento de Shanusi (MRTA 1990: 128). Ante ello, el "tribunal revolucionario" del MRTA consideró a Pedro Ojeda y a sus seguidores como "traidores". "Dario" fue ubicado por sus ex compañeros y fusilado el 30 de octubre de 1988. Así se puso punto final al primer intento de cisma en el Frente Nororiental. Otras ejecuciones a ex militantes fueron la de los hermanos Cusquén Cabrera. Según los emerretistas, los hermanos Leoncio César y Augusto Manuel Cusquén Cabrera, ex militantes del Partido Comunista del Perú -Puka Llacta81, habían cometido graves crímenes "contrarrevolucionarios" como el asesinato de dos de sus dirigentes (Miguel Angel Medina y William Pérrigo) y un combatiente (Luis Alfredo Samamé Zatta)82. Por tal razón fueron ejecutados en Chiclayo (capital del departamento de Lambayeque); mientras que Rosa Cusquén Cabrera, acusada de traidora y de confidente de la policía, fue asesinada en el interior del Hospital Arzobispo Loayza el 1 de junio de 1988, en la ciudad de Lima, cuando se recuperaba de las heridas producto de un fallido primer intento de "ajusticiamiento" el 2 de abril de 1988. Continuando con el objetivo de abrir nuevos frentes guerrilleros -lo que suponía la extensión de la guerra subversiva a otros ámbitos territoriales-, el Frente Oriental inició sus acciones. El grupo de militantes provenientes de la experiencia del Frente Nororiental conformaron el primer núcleo del autodenominado Ejército Popular Tupacamarista y se asentaron en Ucayali. Sin un apropiado conocimiento del territorio donde se desenvolverían, ni de la cantidad de efectivos de las fuerzas del orden que había en la región y sin contar con un adecuado trabajo proselitista y organizativo previo empezaron sus acciones. Así, el 8 de diciembre de 1988, un contingente emerretista tomó la localidad de Puerto Inca, impactando entre los pobladores por ser la primera vez que ocurría una acción de este tipo en el departamento y por ser también el anuncio de la presencia político militar del MRTA en la región83. A fines de 1989, con el asesinato del líder Asháninka Alejandro Calderón y la destrucción de un campamento emerretista se inició el tramo final del Frente Oriental. El 8 de diciembre un destacamento emerretista "ajustició" a Alejandro Calderón, presidente de la ANAP (Apatywaka-Nampitsi- Ashaninka del Pichis) bajo la acusación de que había sido él cuando niño-quien había entregado a Máximo Velando, dirigente del MIR, a las fuerzas del orden en 1965. Para un sector de la dirigencia del MRTA, el asesinato de Calderón fue visto como "un acto de justicia histórica" (Mateo). En cambio, para la mayoría de la Dirección Nacional fue un "error"84 que motivó el inmediato "levantamiento Asháninka" para expulsarlos de su territorio. Por propia decisión, el MRTA replegó sus fuerzas sin presentar combate al denominado "Ejército Asháninka". Sin embargo, los nativos les ocasionaron algunas bajas85. El otro hecho ocurrió el 17 de diciembre de 1989, cuando con motivo de la realización de una escuela de formación político militar, varios militantes emerretistas fueron concentrados en un campamento en la selva central. Patrullas militares ubicaron y atacaron el campamento ocasionándoles varias bajas a los subversivos. Poco después, el Ejército informó a los medios de comunicación que habían muerto 48 emerretistas y un efectivo militar durante el enfrentamiento sostenido en un paraje del distrito de Iscozacín, ubicado en la provincia de Oxapampa (departamento de Pasco). La evaluación emerretista de lo sucedido apuntaba a señalar las responsabilidades del mando subversivo quien "ante las evidencias del enemigo merodeando por la zona no solamente no reforzó la vigilancia, sino que la descuidó, y ni siquiera elaboró un plan de defensa y/ o retirada" (MRTA 1990: 166). La imposibilidad de reponer sus bajas, sobre todo las de sus dirigentes, la ofensiva de los Asháninkas y la acción de las fuerzas del orden fueron desarticulando, en poco más de tres años, al Frente Oriental. "Para 1991 ya no había Oriente, ya no había nadie, ya no había gente, o sea, desapareció. Así como apareció, desapareció rapidísimo" (Lucas86 ). Sus disminuidas fuerzas fueron concentradas en el Frente Central. La Región Central, por una serie de consideraciones de orden económico, social y político, había sido considerada como uno de los escenarios más importantes dentro de la estrategia emerretista. En septiembre de 1988, poco después de realizado el II Comité Central, se retomaron las exploraciones en el distrito de Pariahuanca (provincia de Huancayo). Hasta ese entonces, grupos emerretistas habían estado ejecutando acciones de propaganda armada en las ciudades de Jauja, Concepción y Huancayo, y habían continuado con su trabajo proselitista entre los pobladores de algunas zonas de la sierra y selva de Junín. La formación del destacamento emerretista en el Frente Central tomó unos cuatro meses, aproximadamente entre octubre de 1988 y enero de 1989. En ese lapso de tiempo se produjeron algunos enfrentamientos con las fuerzas del PCP-SL, que operaban en la cuenca del río Tulumayo (provincia de Concepción) y en el distrito de Pariahuanca, ocasionándoles algunas bajas87. Para febrero de 1989, dos destacamentos empezaron a operar tanto en la sierra (Pariahuanca) como en la selva (provincia de Chanchamayo) de Junín. En marzo, se produjeron las primeras acciones armadas de los destacamentos. El 13 de marzo de 1989, el destacamento de la selva "tomó" Pichanaqui (provincia de Chanchamayo) y el 21 del mismo mes, en una acción simultánea, los emerretistas atacaron los puestos policiales de Sapallanga y San Agustín de Cajas, ambos ubicados en la provincia de Huancayo, produciéndose dos muertes entre los efectivos policiales. Hasta ese entonces, con la intención de ganar mayor presencia en la escena nacional y demostrar su capacidad militar, pero sobre todo de presentarse como una alternativa real frente al PCP-SL y las Fuerzas Armadas, la Dirección Nacional emerretista planificó una campaña político militar nacional denominada "Con el Amauta a luchar hasta vencer" que se desarrolló durante abril88. La acción más importante se realizaría en el Frente Central con la toma de la ciudad de Tarma, capital de la provincia del mismo nombre, con lo cual los emerretistas esperaban causar el mismo impacto o quizás mayor al que tuvieron en noviembre de 1987 cuando aparecieron sus destacamentos uniformados y armados en San Martín. El contingente que tomaría Tarma estuvo formado por la casi totalidad de integrantes de los destacamentos de la sierra y la selva del llamado Frente Central, sumando un total de 67 subversivos. El encuentro de ambas columnas para integrarse y formar un solo destacamento sufrió algunos percances que retrasó la ejecución de la acción tal y como se tenía planificado. En tanto, en diversos puntos del país como Cajamarca (departamento de Cajamarca), Chimbote (departamento de Ancash), Trujillo y Chepén (departamento de La Libertad), Contamana (departamento de Loreto), San José de Sisa (departamento de San Martín), Huacho y Lima (departamento de Lima) empezaron las acciones de propaganda armada y algunos ataques realizados por el MRTA como parte de la campaña nacional planificada. Sin embargo, los días transcurrían y la acción principal no se realizaba. La madrugada del 28 de abril, en un paraje limítrofe entre los distritos de Huertas y Molinos (provincia de Jauja, departamento de Junín), cuando el destacamento emerretista se desplazaba en dos camiones con destino a la ciudad de Tarma, chocó con soldados de las fuerzas especiales del Ejército, produciéndose un cruento enfrentamiento donde murieron 58 emerretistas mientras nueve de ellos lograron escapar. Según la información proporcionada por el Ejército murieron seis de sus efectivos. Además, siete pobladores, que residían en lugares aledaños al lugar del enfrentamiento, fueron detenidos desparecidos, en tanto, tres pobladores que habían sido detenidos por el Ejército aparecieron muertos, lo que hace presumir que fueron ejecutados extrajudicialmente89. El golpe sufrido por el MRTA en Molinos desbarató el trabajo subversivo en la región Central. Sin embargo, la dirigencia emerretista no calibró bien el impacto de lo sucedido. "No tuvimos una idea cabal de cuan profundo había sido el golpe, incluso, a nivel organizativo. Pensamos que era reversible rápidamente, esto se podía revertir con algunas acciones, con algún tipo de campañas que se podían hacer ( ) creo que eso no fue real, lo concreto es que el golpe había sido tan grande que nos privó de muchas cosas" (Mateo). Para Alberto Gálvez Olaechea, lo sucedido en Molinos mostraba una tendencia en el interior del MRTA, que "priorizaba el protagonismo coyuntural sobre el trabajo más consistente y a más largo plazo" (2003: 36). En Molinos, los emerretistas perdieron a casi la totalidad de los integrantes de sus dos destacamentos, entre los que figuraban experimentados dirigentes con una larga trayectoria política y organizativa, como el dirigente campesino Antonio Meza Bravo. Por último, como consecuencia de lo sucedido, aparecieron como un proyecto político militar "perdedor" ante los sectores de la población en los que habían ganado alguna influencia. Como respuesta a lo acontecido en Molinos, el 5 de mayo de 1989, un comando subversivo hizo explotar un coche bomba en el cuartel San Martín, ubicado en el distrito de Miraflores (Lima). Luego, el 29 de mayo otro comando emerretista colocó un coche bomba en el cuartel de Jauja (Junín). Sin embargo, la acción más extrema la constituyó el asesinato del general (r) Enrique López Albújar Trint, ex Ministro de Defensa del gobierno de Alan García, el 9 de enero de 1990. El General fue emboscado por tres emerretistas, quienes lo acribillaron cuando manejaba su auto sin los miembros de su seguridad personal. Tal acción mereció la condena unánime de amplios y diversos sectores sociales y políticos del país90. Al respecto, Víctor Polay Campos sostuvo que: "en el caso de la ejecución del general López, fue acuerdo y decisión de un tribunal revolucionario como respuesta al asesinato de prisioneros y repase de heridos y combatientes del MRTA en Los Molinos [sic]" (1990: 19). A fines de 1989, grupos pequeños de subversivos, provenientes del trabajo urbano, retomaron las labores políticas y militares tanto en la sierra como en la selva de Junín, en un contexto desfavorable debido al levantamiento campesino contra las fuerzas del PCP-SL en los primeros meses de 199091 y la presencia creciente del Ejército92. En 1990, la presencia emerretista en la región Central se circunscribió a la realización de acciones de propaganda armada, y al ataque al puesto policial de Chupaca (provincia de Huancayo) el 26 de abril de 1990. A fines de año, los emerretistas habían logrado formar algunos destacamentos en el campo que empezaron a operar en los primeros meses de 1991 con lo cual una nueva etapa se iniciaba en la historia del Frente Central. 1.4.2.4. Recomposición de la Dirección Central y crecimiento de la "línea de masas". En busca del diálogo (1989 -1992) El 3 de febrero de 1989, Víctor Polay, Secretario General del MRTA, fue apresado en la ciudad de Huancayo93. La caída de Polay causó serios problemas a la dirección subversiva. "Con esta captura la conducción se debilitaba sensiblemente pues con Rolando [Víctor Polay] preso eran varios los dirigentes que se encontraban detenidos" (MRTA 1990: 155)94. Los problemas en la dirigencia subversiva se agravaron cuando el 16 de abril de 1989, Miguel Rincón Rincón, otro dirigente emerretista, fue detenido en Lima. La mayoría de los detenidos emerretistas iban siendo recluidos en el penal "Miguel Castro Castro", ubicado en Lima. En esas circunstancias, Néstor Cerpa Cartolini asumió la conducción del MRTA. Con la intención de liberar a sus militantes detenidos, el MRTA planificó la construcción de un túnel, el que empezó en 198795. En los primeros meses de 1990, un contingente emerretista, de las autodenominadas Fuerzas Especiales Urbanas, aceleró la culminación del túnel, concluyendo la obra los primeros días de julio de 1990. Durante tres años, los subversivos habían cavado un túnel de 332 metros de longitud. El 9 de julio, 47 emerretistas, entre dirigentes y militantes96, fugaron a través de él97. El impacto del escape los colocó una vez más en la escena pública nacional y despertó simpatías en los lugares donde venían operando, como San Martín y Junín. La operación se había realizado exitosamente y ninguno de los subversivos fue capturado en los días siguientes a la fuga. Ello posibilitó el reforzamiento de su organización. Para Gálvez Olaechea, la fuga "permitió al MRTA, protagonismo político y su robustecimiento orgánico, al inyectar un conjunto de cuadros y dirigentes a la estructura partidaria y potenció los planes de desarrollo; pero también generó un reacomodo de fuerzas internas que desencadenó una crisis que erosionó al MRTA, haciéndolo frágil y vulnerable ante lo que vendría después" (2003: 39). En tanto, realizadas las elecciones presidenciales en abril de 1990 y ante la sorpresiva victoria de Alberto Fujimori, Víctor Polay habría sopesado la posibilidad de empezar una negociación con el gobierno entrante que apuntase a una salida política ya que durante la campaña Fujimori había propuesto dialogar con los subversivos si era necesario. Una propuesta de esa naturaleza solo podía ser formulada y discutida durante el III Comité Central emerretista. Una vez que la Dirección Nacional había sido recompuesta98 con la reintegración de Víctor Polay y Alberto Gálvez se realizó el III Comité Central de Unidad en setiembre de 1990. El desarrollo del evento fue accidentado. No sólo por las discusiones en torno a la situación política nacional e internacional y la viabilidad de la lucha armada en el país, sino también por la elección del Comité Ejecutivo Nacional (CEN) y la asunción de responsabilidades de conducción en los diferentes frentes subversivos. Y por último, por la abstención de Víctor Polay de plantear "su propuesta política de solución política, vía la apertura de un proceso de diálogo y negociación con el gobierno entrante", según refiere Gálvez Olaechea99. Los dirigentes y militantes provenientes del MIR VR, a partir de lo sucedido en el contexto internacional (caída del Muro de Berlín, procesos de negociación y firma de sendos acuerdos de paz en Centroamérica y la derrota del Frente Sandinista en las elecciones presidenciales en Nicaragua) sostuvieron que la corriente socialista atravesaba una crisis profunda y un retroceso de sus posiciones en el mundo con lo cual la "retaguardia internacional" se resquebrajaba irremediablemente100. En cuanto a la situación nacional y la viabilidad de la lucha armada, los militantes provenientes del MIR VR sostuvieron, de un lado, que las acciones del PCP-SL habían terminado desprestigiando la "violencia revolucionaria" y la población se encontraba hastiada y saturada con tanta violencia y su rechazo público a la misma era creciente y masiva; y, por otro, que la victoria de Ricardo Belmont Casinelli en las elecciones municipales de noviembre de 1989 y después la de Alberto Fujimori en las elecciones presidenciales de abril de 1990, mostraba "el desprestigio de los partidos y los políticos tradicionales, y un pueblo desideologizado y pragmático, desconfiado" (Gálvez 2003: 39). Todo ello condicionaba al MRTA a que transitara hacia otra etapa en su desarrollo político partidario optando por una salida política. Estas discrepancias se tornaron mayores cuando se produjo la elección del nuevo CEN emerretista. De los seis integrantes, cuatro provenían del MRTA originario (entre los cuales se encontraban Víctor Polay Campos y Néstor Cerpa Cartolini) y dos del MIR VR (Alberto Gálvez Olaechea y Rodolfo Klein Samanez). En la práctica, se rompía un acuerdo entre ambas organizaciones referido a la composición del CEN en partes iguales. Por último, tanto las responsabilidades regionales como la de los frentes subversivos fueron asumidas por militantes del MRTA y no por los militantes del MIR (VR). Así, la conducción del Frente Nororiental fue asumida por Néstor Cerpa, quien desplazó a Sístero García Torres, comandante "Ricardo", militante del MIR (VR). Del mismo modo, la responsabilidad de la conducción de los autodenominados Frente Sur y Frente Central fue asumida por militantes del MRTA. Las evaluaciones contrapuestas acerca de las perspectivas del MRTA y de la lucha armada y la distribución no equitativa de responsabilidades en la conducción de los diversos frentes subversivos fueron socavando la unidad entre el MIR VR y el MRTA. Para Alberto Gálvez Olaechea el III Comité Central significó "la consolidación de la hegemonía de Polay y sus seguidores, pero al precio de abrir un conflicto interno que culminó con una serie de fracturas que desgastaron a la organización y la desordenaron, precisamente cuando la coyuntura política se tornaba cada vez más desfavorable" (2003: 39). En cambio para Víctor Polay Campos fue el inicio de una "discusión interna" con los militantes provenientes del MIR VR y que continuó hasta los primeros meses de 1992.
Del mismo modo, como recuerda Polay: "en este evento [el III Comité Central] vemos las necesidades de empujar el accionar político militar en la perspectiva de buscar una fuerza que permita dialogar, imponer un diálogo con el gobierno, convertirnos en una fuerza dialogante, beligerante. Hacer ver a la opinión pública que el MRTA había logrado tal desarrollo que era necesario que se siente a una mesa de diálogo con el gobierno"102. En tal sentido, Polay Campos aceptaba la idea de una solución negociada al conflicto armado interno, pero no en esa coyuntura, sino cuando el MRTA se convirtiera en una "fuerza beligerante" y fuera reconocido como tal por el gobierno de Alberto Fujimori. Sin embargo, sin el respaldo mayoritario de los sectores populares a quienes decía representar, el MRTA emprendió acciones militares cada vez más extremas, lo que le trajo consecuencias políticas que no esperaban103. En tal sentido, uno de los principales acuerdos del III Comité Central fue el reforzamiento del Frente Nororiental, el del Oriente y el Central; y la apertura de los Frentes Norte y Sur104, a fin de "avanzar en cuanto a constitución de fuerzas militares más regulares que permitieran dar golpes más contundentes ( ) para que sea inevitable conversar con el MRTA" (Víctor Polay105). Con este objetivo varios de los emerretistas fugados del penal "Castro Castro" fueron destacados a distintas zonas del país. Numerosos simpatizantes fueron incorporados a sus estructuras militares. En tanto, los emerretistas iniciaron una campaña de promoción de sus militantes de sus estructuras políticas o "frentes de masas" a las militares. En el corto plazo, la incorporación de nuevos combatientes y la promoción de sus militantes, permitieron que la presencia emerretista se consolidara en los Frentes Nororiental y Central. Con un renovado contingente de integrantes, las acciones del MRTA se incrementaron rápidamente en cada una de las regiones del país donde operaban sus fuerzas en los meses siguientes. Así, como parte de la campaña político militar "Fernando Valladares con tu ejemplo venceremos", el 10 de mayo de 1991, en el Frente Nororiental, los emerretistas atacaron de manera simultánea Saposoa, Rioja106 y Moyobamba. En el Frente Central, el 1 de abril de 1991, atacaron el Puesto de Vigilancia del Cuartel militar "9 de Diciembre" en Huancayo, una Base Contrasubversiva en el distrito de Pichanaqui (provincia de Chanchamayo) y el puesto policial del distrito de Villarrica (provincia de Oxapampa, departamento de Pasco). En el Frente Sur, el 29 de abril de 1991, atacaron el puesto policial de San Juan del Oro (provincia de Sandia, departamento de Puno). Las acciones subversivas continuaron, atacando principalmente puestos policiales107 y ocasionando bajas a la policía. Los ataques culminaron el 24 de diciembre cuando unos 200 militantes emerretistas tomaron Juanjui. Durante la refriega murieron seis policías, un civil y 15 subversivos108. De acuerdo a los dirigentes emerretistas, en ese momento en cada uno de los escenarios donde actuaban, sobre todo rurales, la población atendía sus propuestas; de tal manera que la solicitud de incorporación a sus filas superaba sus expectativas y les acarreaba problemas no sólo de tipo logístico. Como relata Francisco:
Al respecto, la carencia de "cuadros" que realizara el trabajo político con los nuevos militantes llevó a que éstos últimos asumieran cargos de responsabilidad -en sus estructuras políticas y militares-sin un mínimo de nociones políticas e ideológicas. Ello favoreció situaciones, en particular en el campo, tales como el cobro de cupos a los narcotraficantes en San Martín109. Simultáneamente, en el contexto nacional, en 1991 el PCP-SL había iniciado el tránsito hacia el equilibrio estratégico, segunda fase de su "guerra popular"110. A partir de entonces, sus militantes ejecutaron un número considerable de acciones y por lo mismo elevaron el nivel de confrontación con las fuerzas del orden, buscando modificar la correlación de fuerzas en el país. Así, mientras el PCP-SL había conseguido jaquear al país y marcar el ritmo de la confrontación armada 111, instalando en la población el temor de que sus militantes tomen la ciudad de Lima; el MRTA, a pesar del incremento de sus acciones y su expansión territorial, no había logrado incidir en la vida política nacional y en el conflicto armado interno. Por ello, las decisiones y el comportamiento de los otros actores (principalmente del PCP-SL y de las Fuerzas Armadas) marcaban de manera determinante su accionar. De acuerdo a Gálvez Olaechea, el MRTA se vio envuelto en esa dinámica "que no dependía de nosotros"112. En esa coyuntura, en junio de 1991, un contingente de emerretistas, entre los que se encontraban Orestes Dávila Torres -' Germán'-, y Andrés Sosa Chanamé, se retiró del MRTA y fundó una organización autodenominada Fuerzas Guerrilleras Populares (FGP). Hasta julio de 1990, Dávila Torres había sido el brazo derecho de Néstor Cerpa Cartolini, en aquel tiempo, máximo dirigente del MRTA. Cuando se produjo la recomposición de la dirección emerretista, en setiembre de ese año, fue ubicado en un segundo plano con la responsabilidad del trabajo político y militar del MRTA en el "norte chico": Huaura y Huaral (provincias de Lima). El desplazamiento del que fue objeto, entre otras razones de carácter político113, motivaron la renuncia de Orestes Dávila. La respuesta de la dirección emerretista fue inmediata. A través de un comunicado anunciaron su expulsión y la de sus hermanos, acusándolos de haberse robado "material del partido" (armas y pertrechos militares). En julio, "Germán" fue entrevistado por una revista de circulación114. En ella, criticó duramente a Víctor Polay Campos y precisó las razones de su alejamiento del MRTA. El 22 de agosto de 1991, un grupo emerretista lo asesinó. Meses después, el 25 de enero de 1992, Andrés Sosa Chanamé, ex dirigente del PCP Unidad, ex integrante del Frente Patriótico de Liberación (FPL) y ex militante emerretista también fue asesinado115 en el distrito de Villa El Salvador. Según Víctor Polay, Andrés Sosa empezó a "hacer un trabajo de saca de información, de topo ( ) [y por tal razón] se determinó, mediante un tribunal, su ejecución"116. Hacia principios de 1992, según Polay Campos, la imagen de que en el MRTA "se están matando" fue consecuencia de la utilización de los medios de comunicación por los servicios de inteligencia; y de las declaraciones de ex militantes de su organización magnificadas por la prensa, pero que, según su punto de vista, no guardaban correspondencia con la realidad.
Sin embargo, las muertes de Orestes Dávila y Andrés Sosa comprueban que hubo "ajusticiamientos" motivados por diferencias al interior de su movimiento. Desde el caso de los hermanos Cusquén, el MRTA recurrió a "tribunales revolucionarios" para sancionar, generalmente con la muerte, a algunos de sus miembros que actuaban contra su organización. Si bien se conocen pocos casos de "ajusticiamientos" -hechos públicos-por parte del MRTA, debe anotarse que no existen indicios de una práctica similar dentro del PCP-SL. En el caso del MRTA, la inexistencia tanto de una dirección centralizada indiscutible expresada en una jefatura, como de una estructura rígida que reprodujese la cadena de mando político y militar en todas las instancias como ocurría en el PCP-SL, dejaban un amplio espacio para la discrepancia y pocos mecanismos para concluirla sin disidencias. Asimismo, la opción del MRTA por construir una fuerza guerrillera que privilegiara la acción por sobre la teoría y que dependiese de una permanente obtención de recursos financieros, mantenía a sus cuadros dentro de una lógica militar e ilegal que facilitaba que se recurriese a las armas para resolver diferencias internas. Para entonces, las desavenencias entre los militantes y dirigentes del MIR VR y el MRTA se agudizaron. Los primeros recriminaron a los segundos que la proyección e impacto político del MRTA se diluía en acciones militares que carecían de un norte político definido, situación que ponía de manifiesto la primacía de la lógica de la guerra en la actuación emerretista y motivó, en el corto plazo, su separación del MRTA. Dirigentes y militantes del MIR VR fueron abandonando las filas emerretistas a fines de 1991. Para Francisco, este retiro se produjo como consecuencia del "hecho de no tener las responsabilidades que ellos pedían, exigían y por [su] análisis político que señalaba que ya no cabía la guerra y que estábamos destinados al fracaso". En enero de 1992, Alberto Gálvez Olaechea, dirigente emerretista, renunció al MRTA. En tanto en el Frente Nororiental, Sístero García Torres, anunciaba públicamente su ruptura con el MRTA junto a unos 120 combatientes el 22 de enero de 1992; y Lucas Cachay, según declaraciones de Sístero García, también militante del MIR VR, abandonaba asimismo sus filas. Las sucesivas renuncias de militantes y personas vinculadas al MRTA, repercutieron sobre todo en el Frente Nororiental, donde el MIR VR tenía presencia y ascendencia entre los integrantes de dicho frente subversivo. Ante la renuncia de Sístero García, la Dirección Nacional emerretista ordenó su captura. Un numeroso contingente emerretista fue a su encuentro. Durante su búsqueda se produjeron algunos combates entre ambos grupos ocasionándose varias bajas. El Ejército logró rescatar a Sístero García, enfrentándose con los militantes del MRTA, a quienes les ocasionaron una gran cantidad de bajas. Se estima que durante estos enfrentamientos entre los disidentes y militares, el MRTA habría perdido una parte importante del total de su fuerza militar, calculada en 400 hombres119. Como consecuencia de estas acciones, el MRTA perdió el control militar que había logrado alcanzar en algunas zonas de San Martín120. Con el retiro de los militantes del MIR VR, la carencia de militantes trató de ser compensada con la incorporación de militantes que desenvolvían actividades en el "frente político de masas" cercano a ese movimiento, léase UDP. Cuando a esos militantes se les planteó la posibilidad de integrarse al trabajo militar emerretista, muchos de ellos renunciaron al MRTA. Al respecto Francisco refiere que cuando se acuerda que "el frente de masas asuma un papel más activo en la guerra, allí se salieron muchísimos cuadros, muchísimos dirigentes, se perdió una buena parte [de dirigentes], claro que quedaron bases, pero los que dirigían eran los que faltaban". En esas circunstancias, la policía detuvo a varios militantes de la UDP, del Bloque Popular Revolucionario y del Movimiento Patria Libre121, acusándolos de pertenecer al MRTA. Estas detenciones se incrementaron después del autogolpe del 5 de abril de 1992, cuando acogidos a la Ley de Arrepentimiento, muchos emerretistas (sobre todo en el Frente Nororiental en 1992 y 1993), denunciaron a otros militantes y simpatizantes del MRTA. El autogolpe del 5 de abril motivó una discusión entre los dirigentes emerretistas que los llevó a considerar una serie de alternativas para remontar su crisis. Una de ellas contemplaba el cese de la guerra debido al descrédito de la "violencia revolucionaria" ocasionado por las acciones del PCP-SL. Como refiere Esteban122: "hay varios dirigentes nacionales que tienen opiniones en el sentido de no continuar la guerra, puesto que nos veíamos envueltos en todo el desprestigio que ya tenía la revolución peruana ( ). De tal manera que eso perjudicaba mucho, no podíamos avanzar, no podíamos tener una posibilidad de triunfo". Otra alternativa, que fue tomada en cuenta, fue el repliegue de sus fuerzas a la Región Central. Según Miguel Rincón, uno de los máximos dirigentes de la organización en ese momento, ese "repliegue debía ser paulatino, dando golpes en profundidad para demostrar al país y al mundo que la lucha persistía ( ) Lanzar una campaña político militar que dé respuesta a la magnitud de la envergadura ofensiva de la dictadura, también que nos permitiera [revertir] en algo los golpes políticos que habíamos recibido, que permitiera demostrar que la dictadura no estaba avanzando con las manos libres, y a partir de eso organizar el repliegue propiamente dicho"123. En seguida y buscando consolidarse, el MRTA continuó con sus ataques a los puestos policiales en sus frentes124. Asimismo, el 1 de mayo de 1992, el destacamento subversivo del Frente Central atacó una Base Contrasubversiva en Villarrica (provincia de Oxapampa, departamento de Pasco), la misma que, según los emerretistas fue completamente destruida, muriendo aproximadamente los 60 militares, entre oficiales y soldados que la ocupaban, en tanto que los subversivos habrían sufrido dos bajas125. Esta acción marcó el inicio de una nueva etapa en el Frente Central caracterizada por enfrentamientos armados frecuentes con las fuerzas del orden126. En tanto, el 9 de junio de 1992, en un poblado ubicado en el distrito de Limbani (provincia de Sandia), el Ejército atacó por sorpresa al grueso del destacamento subversivo del Frente Sur, integrado por 25 emerretistas. En el ataque varios subversivos lograron huir, seis murieron y algunos más fueron detenidos. De esta manera, el autodenominado Frente Sur quedó desarticulado. Hasta entonces, el MRTA había perdido el Frente Sur, en el Frente Nororiental un número significativo de dirigentes y combatientes127 abandonaban sus filas y en el Frente Norte, enfrentaba serios problemas logísticos y de escasa incorporación de combatientes, lo que poco después hizo que colapsara. Para intentar revertir la situación del Frente Nororiental, Lucero Cumpa, a fines de 1992, fue designada por la dirigencia emerretista como Comandante General. Sin embargo, los problemas para los emerretistas se complicaron cuando Dany Cumapa Fasabi, responsable de logística y comunicaciones de dicho frente fue capturada por el Ejército los primeros días de 1993. Ella proporcionó información que facilitó la captura de varios de sus compañeros128. A pesar de las detenciones, los emerretistas incursionaron en Moyabamba, capital de San Martín, el 10 de enero de 1993. Durante el enfrentamiento se registraron algunas bajas entre los subversivos y las fuerzas del orden. De inmediato, el Ejército emprendió una ofensiva que consistió en patrullajes intensivos y el "rocketeo"129 de zonas donde se presumía la presencia de los subversivos130. Los golpes sufridos a manos de las fuerzas del orden que se traducía en la captura o muerte de sus dirigentes de diferentes rangos y de militantes, la desorganización de su trabajo político público, el intentó de seguir el mismo ritmo impuesto por el PCP-SL en el conflicto armado interno y alcanzar un impacto similar al logrado por aquel, y la pérdida creciente del apoyo logrado en algunas zonas del país donde actuaban131, fueron creando las condiciones para que el derrotero del MRTA fuese guiado cada vez más por una lógica militar. Como recuerda Mateo, el planteamiento inicial de la "revolución" emerretista no se restringía al exclusivo enfrentamiento en el terreno militar, sino que se planteaba como una guerra política. "Tú no vas a hacer la revolución para enfrentar al Ejército exclusivamente, sino tú vas a hacer la revolución para quitarle [al Estado]: espacio y poder. Porque si tú quieres hacerle guerra al Ejército mira-, no necesitas ni siquiera levantar ninguna bandera política". Para Alberto Gálvez esto último tiene relación con el ritmo que iba adquiriendo la acción del MRTA en esos años. Así, los esfuerzos emerretistas por asentarse en el campo, fueron hechos de:
En el trasfondo de esta situación se encontraba un problema político central que el MRTA no pudo resolver: su ubicación entre IU y el PCP-SL:
1.4.2.5. Capturas de líderes y acciones en el Frente Central (1992 -1998) A los problemas organizativos y de imagen del MRTA, se sumó la detención de algunos de sus dirigentes principales (integrantes del CEN y del Comité Central) en Lima por grupos especiales de la DINCOTE, lo cual debilitó enormemente la conducción del MRTA. Así el 9 de abril de 1992, Peter Cárdenas Schulte fue capturado por la Brigada Especial de Detectives (BREDET). Dos meses después, el 9 de junio de 1992, ocurría lo mismo con Víctor Polay quien fue recapturado por la policía en el distrito de San Borja (Lima). A mediados de 1992, solo dos integrantes del CEN se encontraban en libertad: Néstor Cerpa y Miguel Rincón. El primero de ellos, asumió la conducción del MRTA en reemplazo de Víctor Polay. A diferencia del PCP-SL, la caída de importantes dirigentes nacionales emerretistas fue una de las constantes en la trayectoria del MRTA durante los ochenta. Y, a principios de la década de los noventa, con la Ley de Arrepentimiento, estas capturas se acrecentaron. La pérdida de estos dirigentes133 y la carencia de un reemplazo inmediato de los mismos, supuso una disminución considerable de la capacidad de conducción, planificación y ejecución del MRTA, lo que a la postre, supuso su colapso. A la par de estos sucesos, la dirección emerretista dispuso que sus fuerzas se fueran concentrando en el Frente Central e hicieran todo lo posible para mantener el Frente Nororiental operativo. Sin embargo, el 1 de mayo de 1993, Lucero Cumpa fue detenida junto a otros emerretistas en la ciudad de Tarapoto (provincia de San Martín). Su detención fue seguida por el arrepentimiento de los últimos responsables de los destacamentos que operaban en San Martín con lo cual el Frente Nororiental desapareció por completo. Con ello, las acciones subversivas del MRTA se concentraron en el Frente Central a la par que disminuían en la ciudad de Lima134. El reordenamiento del trabajo militar del MRTA en el Frente Central135, le permitió mayor flexibilidad y capacidad de movimiento. En 1992, su fuerza militar se estimaba en 150 militantes completamente armados y uniformados |